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Lunes, 27 marzo 2017
Ecología

Los incendios pueden favorecer la diversidad de fauna y flora

Los incendios podrían utilizarse para promover la biodiversidad. Según un estudio publicado en Science, la aparición de fuegos naturales variados –grandes y pequeños, de copa y de sotobosque, que afectan a especies más adaptadas o menos adaptadas al fuego– en algunos ecosistemas permite que se creen hábitats únicos y diversos, que de otra manera no aparecerían. Estos nuevos hábitats permiten que viva una variedad de especies mayor de la que había originariamente antes del fuego.

 

Para los autores Lluís Broton, investigador del CSIC en el CREAF y el CTFC (España), y Luke T. Kelly, investigador de la Universidad de Melbourne en el CREAF y el CTFC, hay de hecho casos muy específicos, como el pico ártico (Picoides articus), que depende de las zonas post-incendio para vivir. Pero, a pesar de que una parte de la fauna y flora de una zona pueda resultar beneficiada por la aparición de fuegos de diferentes tipos, también necesita un tiempo mínimo para recuperarse.

 

"Todo parece indicar que los hábitats más heterogéneos favorecen la coexistencia de un mayor número de especies. Los fuegos potencian esta heterogeneidad, pero no quiere decir que haya siempre una relación directa entre más incendios y más biodiversidad", aclara Brotons. Y advierte que "hay que conocer las características de cada zona. Por ejemplo, si un pinar de pino carrasco y de pino silvestre convive con fuegos demasiado frecuentes, acabará desapareciendo, así como una parte importante de su fauna y flora asociada, porque los nuevos pinos no tienen tiempo para madurar y reproducirse".

 

"Una de las cosas más importantes que queremos transmitir es que el fuego no es necesariamente malo. De hecho, hace tiempo que conocemos que hay algunas plantas y animales que lo necesitan para vivir", explica Kelly, coautor del artículo. "Lo que es nuevo y excitante es que estamos aprendiendo suficiente sobre cómo responde la biodiversidad a los incendios para poderlo aplicar en la gestión de los hábitats. Podremos ayudar a los gestores a decidir cuándo y dónde hacer quemas controladas", añade.

 

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Quema controlada en Albacete, España. (Foto: Carla Vilarasau / Pau Costa Foundation)

 

Los autores destacan que los programas de gestión forestal deberían tener en cuenta la respuesta de animales y plantas a los incendios y que habría que integrar esta información en los modelos de predicción de cómo se espera que cambie la biodiversidad a lo largo del tiempo.

 

Cuando los expertos planifiquen una serie de fuegos controlados o estrategias de supresión de los incendios, donde la biodiversidad pueda resultar favorecida, los autores recomiendan tener en cuenta tres factores: el ciclo de vida de la vegetación que quemará, cómo afecta el cambio climático en esa zona concreta y qué efecto tienen los fuegos conducidos directamente o indirectamente por humanos.

 

Según Brotons "el fuego es parte de nuestros ecosistemas y lo seguirá siendo. Tenemos dos opciones: podemos utilizar estos nuevos conocimientos que estamos generando desde el mundo de la ecología y reforzar los aspectos positivos del fuego, o podemos esperar y responder a un ciclo de incendios impetuoso con impactos que pueden ser catastróficos".

 

El cambio climático reduce el intervalo entre los incendios y pone en peligro a muchas especies que tienen los períodos de recuperación largos. "En el escenario que nos encontramos, muchas especies no podrán seguir este ritmo tan rápido de afectación por el fuego y se acabará alterando toda la estructura del ecosistema. Esto se acentúa en regiones de clima seco y en hábitats que están afectados por otras actividades humanas, como es el caso del Mediterráneo", alerta el investigador catalán.

 

Por otra parte, los científicos recuerdan que el cambio climático es solo uno de los factores que afectan el ciclo natural de incendios, y que el cambio de usos del suelo o la fragmentación de los hábitats también ayudan a modificar este ciclo. La deforestación que sufren Asia y América del Sur o el abandono de los campos en la región Mediterránea son dos ejemplos de estas alteraciones en el régimen de incendios y, de rebote, en la biodiversidad de la zona. (Fuente: CREAF)

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