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Jueves, 22 junio 2017
Psicología

Tres de cada cuatro adolescentes ha sufrido malas experiencias en redes sociales, pero no influyen en su percepción del riesgo

Según datos del Instituto Nacional de Estadística (INE), en España, el 93’6 por ciento de los niños de entre 10 y 15 años utiliza Internet y el 90’9 por ciento dispone de teléfono móvil, un porcentaje que se eleva hasta el 98’3 por ciento a partir de los 16 años. En este contexto, el acceso a las redes sociales es una de sus actividades preferidas. A medida que los niños entran en la adolescencia, la faceta social toma mayor relevancia y las redes sociales juegan un papel importante en la construcción de su identidad, su estilo de vida y la relación con sus iguales.

 

Esta rápida incorporación a Internet y las redes sociales produce al mismo tiempo una desconfianza y preocupación entre padres, educadores y la sociedad en general. Entre los principales riesgos a los que se enfrentan los jóvenes se encuentra el uso abusivo de la web, el contacto con personas desconocidas, el acoso (cyberbullying) o el acceso a contenidos de carácter violento, racista o sexual. Además, se observa que algunas prácticas y conductas no apropiadas, como la agresión verbal repetida, un uso no adecuado de información personal, la suplantación de identidad, la difusión de fotos sin autorización, el acoso sexual o los daños a la reputación, están normalizadas en los grupos de adolescentes en redes sociales.

 

Así lo apuntan las investigadoras de la Facultad de Ciencias Sociales, Jurídicas y de la Comunicación de la Universidad de Valladolid (UVa) en el Campus de Segovia Belinda de Frutos Torres y Mercedes Marcos Santos, quienes han realizado un estudio con el fin de determinar la relación entre las experiencias vividas en las redes sociales y la percepción de riesgo en este entorno e identificar el perfil de las conductas de riesgo.

 

Para ello, aplicaron un cuestionario a una muestra de 370 alumnos de tercero y cuarto de Educación Secundaria Obligatoria (ESO) procedentes de cuatro centros de Segovia seleccionados al azar, dos centros públicos y dos centros privados-concertados. De ellos, tan solo el 4’3 por ciento indicó carecer de cuentas en redes sociales. Entre los que sí disponían de cuentas, el 49’2 por ciento aseguró estar presente en entre dos y tres redes sociales, e incluso el 18’9 por ciento declaró estar suscrito a cinco o más.

 

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Jóvenes utilizando las nuevas tecnologías. (Foto: USACH)

 

El 66’1 por ciento afirmó mantener una práctica segura, como es mantener el perfil privado para que sólo puedan verlo sus amigos. En cambio, un 16’4 por ciento dijo tenerlo abierto a cualquier persona. Además, el 7’3 por ciento tenía visible su dirección, el 17’8 por ciento el número de teléfono y el 51’1 por ciento el centro de estudios. Asimismo, la opinión sobre el control de los contenidos que suben a las redes fue bastante optimista: su valoración media se situó en 3,82 puntos sobre una escala de cinco.

 

Por otro lado, la encuesta apunta que los jóvenes se enfrentan a diario con situaciones desagradables. Tres de cada cuatro adolescentes ha sufrido algún tipo de experiencia negativa en redes sociales. Sin embargo, los menores no las perciben como sitios con riesgo.

 

En cuanto al perfil asociado a prácticas de riesgo en redes sociales, un estilo de navegación exploratorio, el número de cuentas abiertas y la gratificación social recibida a través de las redes sociales son las variables relacionadas con una mayor probabilidad de incurrir en este tipo de conductas.

 

“Por una parte, se constata que los menores están viviendo experiencias negativas en las redes sociales. Es una especie de agresividad de perfil bajo, no son incidentes que podrían constituir delito, pero están presentes de forma constante”, detalla en declaraciones a DiCYT Belinda de Frutos, quien subraya que lo que ocurre con estas agresiones de perfil bajo “es que se están normalizando, es decir, se considera lo normal en la actividad de las redes sociales”.

 

Por otra parte, añade, esperaban que los menores que han sufrido más incidentes de este tipo “tuvieran un comportamiento algo distinto en las redes sociales, es decir, que la experiencia hubiera servido de aprendizaje sobre todo en su percepción de las redes sociales como un elemento de riesgo”. Sin embargo, encontraron “que no había relación, la percepción de riesgo era independiente de las experiencias sufridas”. Por ello, plantean que las gratificaciones inmediatas que reciben de las redes sociales “son las que constituyen un refuerzo a su comportamiento, al margen de las experiencias negativas”.

 

En este marco, las investigadoras proponen una serie de acciones preventivas. “La prevención sobre los riesgos no tiene mucho sentido que se haga a través de las fuerzas de seguridad del estado hablando de los delitos que se cometen en las redes sociales, ya que este mensaje esta fuera de su esfera de influencia. Creemos que sería más fructífero que se trabajara sobre la normalización de las agresiones en los grupos de redes sociales, estableciendo una discusión entre iguales sobre lo que les parece mal en las redes sociales, sobre estos incidentes, de modo que no se dé por hecho como algo normal”, concluye.

 

El trabajo formaba parte de un proyecto de investigación más amplio centrado en la importancia de las habilidades críticas en el uso de Internet y de los medios interactivos en general. Además, Mercedes Marcos está ultimando su tesis doctoral en torno al papel que tienen las marcas comerciales en la configuración de la identidad de los menores en las redes sociales. (Fuente: Cristina G. Pedraz/DICYT)

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