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Jueves, 6 julio 2017
Geología

La formación de un iceberg gigante

Todas las miradas están puestas en la barrera de hielo Larsen C de la Antártida, donde una profunda grieta continúa abriéndose paso y deja un enorme bloque a punto de desprenderse. Cuando finalmente lo haga, quedará a la deriva uno de los mayores icebergs jamás registrados. Pero incluso antes de que ocurra lo inevitable, la misión CryoSat de la ESA ya puede revelar algunos de los datos clave del futuro iceberg.

 

La grieta, monitorizada por los dos radares de Sentinel-1 de la constelación Copernicus, presenta en estos momentos unos 200 km de longitud, por lo que apenas quedan 5 km entre su final y el océano.

 

Mientras esperamos a que Sentinel-1 nos confirme el parto de este iceberg de 6.600 km2, CryoSat puede revelarnos cuáles serán sus dimensiones.

 

Este satélite de exploración de la Tierra transporta un altímetro radar que mide la altura de la superficie del hielo. En general, esta información se emplea para estudiar cómo cambia el grosor del hielo marino y terrestre, así como la forma en que el clima afecta al volumen del hielo de nuestro planeta.

 

Como explica Noel Gourmelen, de la Universidad de Edimburgo: “Gracias a los datos de CryoSat, hemos elaborado un mapa de la elevación del hielo por encima del océano y hemos calculado que el iceberg tendrá unos 190 m de espesor y contendrá unos 1.155 km3 de hielo”.

 

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(Foto: ESA/AOES Medialab)

 

“También creemos que su profundidad llegará a los 210 m por debajo del nivel del mar”.

 

En la Antártida se desprenden icebergs continuamente, pero esta vez se trata de un bloque especialmente grande, por lo que su recorrido por el océano deberá vigilarse, ya que podría suponer un peligro para el tráfico marítimo.

 

Una vez más, Sentinel-1 y CryoSat tendrán un papel fundamental en el seguimiento del iceberg y a la hora de vigilar sus cambios.

 

Como confirma el doctor Gourmelen: “Seguiremos usando CryoSat para monitorizar cómo el bloque cambia a medida que se aleja de la barrera de hielo”.

 

Un iceberg de tamaño parecido se desprendió de la banquisa de Brunt en diciembre de 2015 y provocó la alarma entre quienes se encontraban estacionados en la base Halley, situada sobre la sección flotante de la banquisa.

 

“Las medidas de CryoSat muestran que el iceberg de Brunt tenía unos 390 m, por lo que era demasiado grueso para acercarse a la ‘orilla’, dada la poca profundidad del mar en esa zona”, señala Anna Hogg, de la Universidad de Leeds.

 

“En cuanto a este iceberg de Larsen C, no estamos seguros de lo que va a pasar —reconoce—. De hecho, podrían desprenderse varios bloques o dividirse poco después del parto. Entero o en fragmentos, las corrientes oceánicas podrían arrastrarlo hacia el norte, llegando incluso hasta las islas Malvinas. Así, podría poner en riesgo el paso de los barcos por el Pasaje de Drake”.

 

“Lo que sí que está claro es que seguiremos utilizando a CryoSat para comprobar su progresión”.

 

Mark Drinkwater, de la ESA, añade: “Nuestro historial de seguimiento de grandes icebergs muestra que aquellos procedentes del oeste del mar de Wedell llegan hasta la corriente Circumpolar Antártica o el Atlántico Sur”.

 

“Parece que solo los bloques procedentes de la barrera de hielo de Ross permanecen en la corriente costera occidental y se acercan a la propia banquisa de Brunt”.

 

El objetivo principal de CryoSat es proporcionar información para entender cómo cambia el hielo y así mejorar la comprensión de nuestro planeta. El valor de contar con satélites diseñados al servicio de la ciencia y de misiones como Sentinel-1, con una aplicación en el día a día, es enorme.

 

En este caso, las misiones de la ESA Sentinel-1 de Copernicus y CryoSat de exploración de la Tierra se complementan mutuamente y brindan una potente herramienta para vigilar los cambios en las capas de hielo. (Fuente: ESA)

 

 

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