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Martes, 18 julio 2017
Ecología

Nacras, joyas mediterráneas al borde de la extinción

La nacra es un molusco que recuerda a un mejillón gigante. En la antigüedad se utilizaba para elaborar tejidos muy delicados. Hasta ahora el hombre era su principal amenaza; sin embargo, ha sido un parásito el que ha hecho desaparecer de forma fulminante las poblaciones baleares, levantinas y andaluzas en apenas unos meses. En el Museo Nacional de Ciencias Naturales (CSIC) (España) se conservan y exhiben ejemplares de este molusco que está al borde de la extinción.

 

Es una especie endémica del mar Mediterráneo que apareció al final del Mioceno, hace unos cinco millones de años. Los egipcios ya la explotaban comercialmente: con los largos y sedosos filamentos del biso, que las nacras utilizan para adherirse a las rocas del fondo marino, confeccionaban un tejido muy fino, liviano y cálido, conocido como seda del mar, que se menciona en la Piedra de Rosetta (196 a. C.).

 

Tanto los egipcios como los romanos manufacturaron tejidos de este delicado material, que sólo era accesible para las clases pudientes como indica Plinio el Viejo en su Historia Naturalis. La seda o lana de mar fue muy apreciada también en las culturas árabe y china. Además del biso, también se comercializaban otras partes de su cuerpo. Por ejemplo, la concha se usaba para hacer floreros, pantallas de lámparas, etc.; el nácar para hacer botones, joyas o mangos de cuchillo; las perlas se utilizaban como objeto de decoración.

 

Son muchos los científicos que se han sentido atraídos por la nacra (Pinna nobilis), el molusco bivalvo más grande del Mediterráneo y uno de los más grandes del mundo, con una longitud de hasta 120 cm. Las nacras pueden vivir en aguas someras, aunque en lugares protegidos ya que no resisten las turbulencias de una costa con fuerte oleaje, llegando hasta los 60 m de profundidad. Son comunes en las praderas de fanerógamas marinas, como Posidonia oceanica, donde viven semienterradas.

 

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Nacra. (Foto: Maite Vázquez)

 

Su ecología es muy interesante ya que filtra grandes cantidades de detritos, por lo que resulta un excelente indicador del estado del ecosistema litoral y de la calidad de sus aguas. También aporta un sustrato duro que puede ser colonizado por otras especies vegetales y animales del fondo marino, incrementando así la diversidad. Se ha estimado la presencia de más de 80 especies asociadas a sus valvas; además, otras dos especies de crustáceos decápodos viven en su interior como simbiontes: Pontonia pinnophylax y Nepinnotheres pinnotheres.

 

Sin embargo, el hecho de ser una especie emblemática del mar Mediterráneo no ha impedido el declive de sus poblaciones debido a múltiples factores como son el deterioro del hábitat litoral, el anclaje de barcos, el arrastre y la extracción ilegal y la contaminación. Actualmente, la nacra es una especie en peligro de extinción, protegida por la legislación europea y por la legislación local en todos los países mediterráneos de la Unión Europea.

 

En la última década se han puesto en marcha diferentes proyectos centrados en la especie. Por ejemplo, el Proyecto Nacra en la Reserva Marina de la Isla de Tabarca (Alicante) o el Proyecto Pinna en el Parque Nacional de Cabrera (Baleares). Los resultados de ambos proyectos permitían albergar esperanzas sobre su futuro, al encontrar buenas densidades de población. Sin embargo, la situación cambió radicalmente a partir de septiembre de 2016 cuando en Almería, Murcia y Formentera se detectó un parásito que ataca exclusivamente a Pinna nobilis. En junio de 2017 se confirmaba la mortalidad de prácticamente el cien por cien de las nacras en Andalucía, Murcia, Comunidad Valenciana y Baleares. La Reserva Marina de las islas Columbretes (Castellón) y las poblaciones de Cataluña (Delta del Ebro, islas Medes y costas de Tarragona), de momento, no parecen estar afectadas.

 

El causante de esta mortalidad sin precedentes es un protozoo parásito del grupo de los haplosporidios, cuya esporulación -reproducción asexual mediante esporas- en la glándula digestiva de la nacra impide la digestión, provocándole la muerte por inanición. Se desconoce la especie concreta que lo causa y su origen, aunque se piensa que puede proceder de las aguas de lastre de los buques.

 

Si se encontrase algún ejemplar vivo en las zonas infectadas por el parásito, se podría plantear la repoblación a partir de las segundas y terceras generaciones de individuos resistentes criados en cautividad. Esta actuación fue la que se llevó a cabo en Estados Unidos con la ostra americana (Crassostrea virginica), que también estuvo a punto de desaparecer por la infección del parásito Haplosporidium nelsoni. (Fuente: MNCN/DICYT)

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