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Lunes, 24 octubre 2011
Reportaje

Nuevos horizontes en el tratamiento del tinnitus, la enfermedad que hace escuchar un ruido constante

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Escuchar a todas horas un zumbido incesante y molesto, que nadie más del entorno percibe. Un ruido fantasma instalado en el cerebro y que agobia a la persona desde que se levanta de la cama hasta que se acuesta de nuevo, y que ni siquiera le deja dormir debidamente. Éste es el día a día de las personas que sufren la forma más severa de tinnitus.

Bastante gente padece, en mayor o menor grado, de tinnitus, una enfermedad crónica, para la que no hay una cura clara, y que consiste en la percepción de un pitido o zumbido constante, a menudo agudo, y que puede ser muy molesto e incluso enloquecedor. En países como por ejemplo Estados Unidos, el 10 por ciento de la población sufre, con mayor o menor intensidad, esta percepción constante de un fenómeno que, en su versión breve y ocasional, casi todas las personas hemos experimentado (en forma de un zumbido suave que dura unos pocos minutos).

El tinnitus se suele presentar mayormente cuando hay una pérdida de audición. Los sonidos fuertes y frecuentes, como al trabajar cada día con maquinaria muy ruidosa, o acostumbrarse a escuchar música a un volumen muy alto, pueden dañar las células ciliadas del oído interno que detectan los sonidos.

Como cada célula ciliada está ajustada a una frecuencia diferente de sonido, las células dañadas o perdidas acaban dejando un vacío en ciertas bandas de frecuencias sonoras.

En los casos en los que ese zumbido es fuerte e incesante, las personas afectadas no pueden trabajar, ni hacer vida normal ni tan siquiera conciliar el sueño con normalidad. Su vida se resquebraja, y esta situación de desesperación ante el tinnitus es una causa importante de suicidio.

Los experimentos de los últimos años hacen pensar que el zumbido no se origina en el oído interno, sino en ciertas regiones del cerebro, incluyendo la corteza auditiva, que recibe las señales procedentes de los oídos.

Hallazgos recientes, realizados por un grupo de neurocientíficos de la Universidad de California en Berkeley, sugieren varios enfoques nuevos de tratamiento, incluidos el reentrenamiento del cerebro, y vías alternativas para el desarrollo de fármacos que supriman el zumbido.

En experimentos llevados a cabo por el equipo de Shaowen Bao (Instituto Helen Wills de Neurociencia, dependiente de la Universidad de California en Berkeley) en ratas con pérdida auditiva, se ha logrado encontrar una posible explicación de por qué las neuronas en la corteza auditiva podrían generar estas percepciones fantasma. Las neuronas que han perdido el suministro de información sensorial que antes les llegaba desde el oído, se tornan cada vez más excitables y emiten impulsos de manera espontánea.

Así pues, según los resultados en esta línea de investigación, con la pérdida de audición aparecen sonidos fantasma. En este aspecto, el tinnitus se asemeja al dolor fantasma que muchas personas con extremidades amputadas perciben como procedente de esos miembros que ya no poseen.

[Img #4874]El tema le toca de cerca a Bao, ya que él mismo padece de tinnitus.

Una estrategia de tratamiento es reentrenar a los pacientes para que estas células cerebrales vuelvan a recibir señales, lo que debería reducir la activación espontánea e indebida de las neuronas. Esto se puede intentar mediante la mejora de la respuesta a las frecuencias cercanas a aquellas para las que se perdió la capacidad de captarlas. Diversos experimentos en los últimos 30 años han demostrado que el cerebro tiene la plasticidad necesaria para reorganizarse cuando pierde vías de entrada de información sensorial. Cuando un dedo es amputado, por ejemplo, la región del cerebro que recibía la información de ese dedo puede empezar a gestionar las señales provenientes de los dedos vecinos.

Se ha probado a reentrenar el oído con anterioridad, pero el éxito ha sido limitado. Además, la mayoría de estos intentos han sido en pacientes con audición residual, en tanto que para los pacientes con pérdida auditiva profunda esta táctica no resultaría.

Bao y sus colaboradores creen que la reorganización del mapa de frecuencias en la corteza auditiva del cerebro debe ser el objetivo principal a lograr, de modo que se consiga que los nervios reciban alguna información con la que puedan estar ocupados, y así detengan su actividad de tinnitus. No conviene pues dejar a estas células sin recibir señales sensoriales.

Otra estrategia de tratamiento que merece ser explorada es la búsqueda de fármacos que inhiban la activación espontánea de las neuronas inactivas en la corteza auditiva. La pérdida de audición provoca cambios en las uniones entre las neuronas, conexiones conocidas como sinapsis, que pueden promover y también inhibir la emisión de impulsos neuronales.

Los experimentos conducidos por Bao indican que el tinnitus se correlaciona con niveles más bajos del neurotransmisor inhibitorio GABA, pero no con los cambios en los neurotransmisores excitatorios.

Bao ha demostrado que dos fármacos que aumentan el nivel de GABA son capaces de eliminar el tinnitus en ratas. Por desgracia, estos fármacos tienen efectos secundarios graves y no se pueden utilizar en los seres humanos. El equipo de Bao planea ahora buscar fármacos, sin efectos secundarios tan fuertes, que sean capaces de mejorar la funcionalidad del receptor de GABA, aumentar la síntesis de GABA, demorar la reabsorción del mismo alrededor de las neuronas, o demorar la degradación enzimática que experimenta.


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