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Lunes, 31 julio 2017
Paleontología

Caracoles del Cretácico se esconden en monumentos de Madrid

Los turistas que se acerquen al Museo del Prado pueden aprovechar para ver fósiles de caracoles que convivieron con los dinosaurios hace millones de años. Están en la piedra de las cuatro pequeñas fuentes situadas junto a la pinacoteca, que fueron proyectadas por el arquitecto Ventura Rodriguez en el siglo XVIII.

 

Ahora investigadores del Instituto de Geociencias (IGEO, centro mixto CSIC-UCM) (España) han localizado las antiguas canteras donde se extrajo la roca para esculpir estas fuentes y otros monumentos de Madrid. El estudio lo publican en la revista AIMS Geosciencies.

 

“Estas canteras, perdidas hace más de un siglo, se encuentran en la localidad madrileña de Redueña”, según señala a Sinc uno de los autores, David M. Freire-Lista: “Aquí la dolomía (una roca sedimentaria parecida a la caliza) de una formación geológica llamada Castrojimeno presenta rasgos característicos, como un nivel con fósiles que no aparecen en otras zonas”.

 

En concreto, en la piedra de las fuentes se han identificado numerosos fósiles de gasterópodos (de hasta 2,5 cm de largo) de la especie Trochactaeon lamarcki, que vivió en el Cretácico superior hace aproximadamente 85 millones de años, lo que ha resultado clave para datar y localizar la procedencia de las rocas.

 

Después, mediante documentos históricos y observación directa, los investigadores han confirmado que son las mismas canteras que proporcionaron la piedra con la que se construyeron las jambas, dinteles y repisas del Palacio de las Cortes, donde se aloja el Congreso de los Diputados.

 

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En la piedra de la fuente de Apolo (en la imagen) y las cuatro fuentes situadas frente al Museo del Prado se observan fácilmente los fósiles de Trochactaeon lamarcki, una especie de gasterópodo que vivió hace unos 85 millones de años. (Foto: D.M. Freire-Lista /IGEO)

 

El mismo material se empleó también para levantar la fuente de Apolo, situada en el Paseo del Prado entre las más famosas de Neptuno y Cibeles, cuyo terrazo también fue de Redueña –según los planos originales de Ventura Rodríguez–, aunque con el tiempo fue sustituido por otro.

 

 

“La dolomía de Redueña con gasterópodos ha sido muy utilizada en monumentos del siglo XVIII debido a su color claro, a la facilidad de labra, y a la cercanía a Madrid”, apunta Freire-Lista. “Sus características petrográficas y petrofísicas, entre las que destacan una baja solubilidad y porosidad, le otorgan una calidad y durabilidad excelente para ser usada en lugares con presencia de agua, como estas fuentes”, añade.

 

Aun así, los investigadores advierten de que el paso del tiempo afecta hasta a las piedras más resistentes, y consideran necesario llevar a cabo estudios petrofísicos, con técnicas no destructivas, para determinar el grado de deterioro de los monumentos y tomar medidas para su correcta conservación.

 

 

En otro estudio, publicado en la revista Ge-conservación, los mismos autores han analizado el material con el que se levantó el Convento de las Trinitarias Descalzas de Madrid, donde reposan los restos de Miguel de Cervantes, y también han encontrado dolomía cretácica (en este caso del tipo Tamajón-Redueña, sin gasterópodos) en los escudos y bajorrelieves de la fachada de la iglesia.

 

“Este convento está construido con las cuatro piedras de construcción tradicional más representativas de la capital: sílex, granito, dolomía cretácica y caliza miocena; y la presencia de las cuatro en su fachada, lo convierte en un escaparate de los últimos 200 millones de años de la historia geológica de la Comunidad de Madrid”, concluye el investigador. (Fuente: SINC)

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