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Jueves, 3 agosto 2017
Geología

¿La pérdida de hielo provoca inestabilidad?

Gracias a los satélites, recientemente hemos podido asistir al nacimiento de uno de los mayores icebergs de la historia. Además de ocupar las portadas de los medios por su espectacularidad, la escisión de la barrera Larsen C en la Antártida brindó a los científicos una oportunidad única para saber más sobre la estabilidad de la plataforma.

 

El 12 de julio, las imágenes suministradas por la misión Sentinel-1 de Copernicus mostraron cómo un fragmento con un tamaño que duplicaba al de Luxemburgo se había desprendido de la península Antártica.

 

Desde entonces, este enorme iceberg tubular, denominado A68, se ha ido alejando unos 5 km de la barrera. Las imágenes de Sentinel-1 también muestran la formación de un grupo de más de 11 icebergs menores, el mayor de ellos con una longitud de poco más de 13 km, procedentes tanto del iceberg gigante como de la propia plataforma.

 

“Nuestra capacidad de monitorizar fenómenos en rápida evolución, como este, ha experimentado un gran avance en los últimos años gracias a la inversión europea en los satélites Copernicus”, comenta Anna Hogg, de la Universidad de Leeds, Reino Unido.

 

Como la Antártida se encuentra en los meses de oscuridad invernal, las imágenes por radar resultan indispensables, dado que pueden llegar a los lugares más recónditos independientemente de la luminosidad y del mal tiempo.

 

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Crecimiento de la grieta. (Foto: Copernicus Sentinel data (2017), BAS–A. Fleming)

 

La Dra. Hogg reconoce que “la capacidad de Sentinel-1 de proporcionar imágenes en cualquier estación y condición meteorológica, combinada con sus frecuentes visitas, hace que sea un recurso valiosísimo”.

 

Aunque resulta atractivo aventurar la evolución futura y posible desaparición de A68, quizá sea más importante comprender cómo la propia barrera de hielo responderá a una reducción del 10 % de su tamaño.

 

En un artículo publicado esta semana en Nature Climate Change, el Dr. Hilmar Gudmundsson, del British Antarctic Survey, y la Dra. Hogg examinan los antecedentes del parto y discuten cómo estos acontecimientos afectan a la estabilidad de las plataformas de hielo antárticas.

 

“Las imágenes por satélite revelan numerosa actividad continua en la barrera de hielo Larsen C.  Podemos ver que el resto de grietas continúan creciendo hacia una formación denominada Elevación de Bawden, que proporciona un importante apoyo estructural para lo que queda de la barrera de hielo”, continúa la Dra. Hogg.

 

“Si una barrera de hielo pierde el contacto con la elevación, ya sea por el continuo adelgazamiento o por un parto, puede provocar una aceleración significativa en la velocidad del hielo y posiblemente una mayor desestabilización. Parece que la historia de Larsen C podría no haber acabado aún”.

 

Como explica el Dr. Gudmundsson: “Aunque las barreras de hielo a la deriva tienen un impacto moderado en el aumento del nivel del mar, el hielo procedente del interior de la Antártida puede terminar en el océano al derrumbarse”.

 

“Así, veremos cómo la subida global del nivel del mar se ve incrementada por la aportación de las barreras de hielo”.

 

“Con este enorme parto y gracias a la disponibilidad de las tecnologías por satélite, tenemos una oportunidad fantástica de ver cómo este experimento natural progresa ante nuestros propios ojos”.

 

“Esperamos aprender mucho sobre cómo se fragmentan las plataformas de hielo y cómo la pérdida de una sección afecta al flujo de las partes restantes”.

 

El retroceso de las plataformas de hielo en la península Antártica lleva observándose desde el advenimiento de los satélites, hace unos 50 años. Grandes secciones de las barreras de hielo Larsen A y Larsen B, así como la barrera Wilkins, se derrumbaron en cuestión de días en 1995, 2002 y 2008, respectivamente.

 

Gracias al sistema de monitorización de Copernicus, hoy somos capaces no solo de observar fenómenos en lugares remotos como la Antártida sino, lo que es más importante, también de convertir los conocimientos teóricos sobre procesos complejos en ciencia con aplicación práctica. (Foto: ESA)

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