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Miércoles, 9 agosto 2017
Astronáutica

Las naves Voyager prosiguen su misión tras 40 años de viaje espacial

Las sondas más duraderas y más alejadas de la humanidad, las Voyager 1 y 2, alcanzan los 40 años de operación en agosto y septiembre. A pesar de la enorme distancia, continúan comunicándose con la NASA diariamente, informando de lo que observan en su travesía cósmica.

 

Su historia no solo ha despertado vocaciones en personas que han acabado o acabarán siendo ingenieros o científicos de especialidades relacionadas con la exploración del universo, sino también a la cultura de la Tierra, incluyendo el cine, la literatura, la pintura y la música. Además, cada nave transporta un disco con sonidos, imágenes y mensajes de la Tierra, con miras a su posible recepción por inteligencias extraterrestres en un futuro muy lejano. Dado que los vehículos podrían durar miles de millones de años, estas cápsulas del tiempo podrían algún día ser los únicos vestigios de la civilización humana.

 

Las Voyager han establecido numerosos récords en sus viajes. En 2012, la Voyager 1, que despegó el 5 de septiembre de 1977, se convirtió en la única nave espacial que ha alcanzado el espacio interestelar. La Voyager 2, lanzada el 20 de agosto del mismo año, es la única que ha sobrevolado los cuatro planetas exteriores (Júpiter, Saturno, Urano y Neptuno). Sus numerosos hallazgos en los encuentros planetarios incluyeron el descubrimiento de los primeros volcanes activos fuera de la Tierra (concretamente en la luna Ío de Júpiter), los primeros indicios de la existencia de un océano subterráneo en la luna Europa de Júpiter, la atmósfera en nuestro sistema solar más parecida en densidad a la de la Tierra (en la luna Titán de Saturno), la intrincada y enigmática geología de la luna Miranda de Urano, y los géiseres helados de la luna Tritón de Neptuno.

 

Aunque las sondas han dejado los planetas muy atrás, y ninguna de ellas se acercará a otra estrella durante 40.000 años, las dos naves siguen enviando observaciones sobre las condiciones existentes en su entorno, cerca de la frontera entre el espacio interestelar y la zona en la que la influencia del Sol todavía domina.

 

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Ilustración de una de las sondas gemelas Voyager. (Imagen: NASA)

 

La Voyager 1, situada ahora a casi 21.000 millones de kilómetros de la Tierra, viaja a través del espacio interestelar en dirección norte, fuera del plano orbital que siguen los planetas. La sonda ha informado a los investigadores que los rayos cósmicos (núcleos atómicos acelerados a casi la velocidad de la luz) son hasta cuatro veces más abundantes en esta región que en las cercanías de la Tierra. Esto significa que la heliosfera, la región con aspecto de burbuja que contiene los planetas y en la que domina el viento solar del sistema solar, actúa de forma efectiva como un escudo de radiación para los planetas.

 

La Voyager 2, ahora a unos 17.000 millones de kilómetros de la Tierra, viaja hacia el sur y se espera que alcance el espacio interestelar en los próximos años. Las diferentes ubicaciones de las dos Voyager permiten a los científicos comparar ahora mismo las dos regiones de espacio donde la heliosfera interactúa con el medio interestelar circundante, usando instrumentos que miden las partículas cargadas, los campos magnéticos, las ondas de radio de baja frecuencia y el plasma del viento solar. Una vez la Voyager 2 ingrese en el medio interestelar, también podrán examinar dicho medio desde dos lugares diferentes de forma simultánea.

 

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