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Viernes, 11 agosto 2017
Psicología

La identificación étnica mitiga el malestar de las personas inmigrantes que sufren racismo

Una investigación llevada a cabo en colaboración entre la Universidad del País Vasco/Euskal Herriko Unibertsitatea (España) y la Universidad de Utrecht (Holanda) ha estudiado las estrategias de protección del bienestar que utilizan las personas inmigrantes voluntarias y las refugiadas, poblaciones muy poco estudiadas hasta la fecha. Han visto que estos grupos no siempre recurren a las estrategias propuestas por otros autores como universales ante el sentimiento de rechazo: la identificación étnica (con el país de origen) y la desidentificación nacional (con el país de acogida).

 

La discriminación étnica y racial puede acarrear consecuencias graves en el bienestar y la salud de las minorías étnicas que la sufren. Pero más allá de convertirse en víctimas pasivas y aceptar su bajo estatus, “estas minorías pueden recurrir a diferentes vías de hacer frente a las consecuencias negativas del rechazo social”, explica Magdalena Bobowik, investigadora del grupo consolidado de investigación en Psicología Social de la UPV/EHU, que ha llevado a cabo el estudio.

 

“En nuestra investigación, quisimos probar dos modelos teóricos sobre la actitud que pueden tomar estos grupos para afrontar o atenuar los efectos de la discriminación sobre su bienestar, porque las investigaciones previas no proporcionaban resultados muy consistentes. Quisimos probarlas, además, con dos grupos sociales poco o nada estudiados hasta la fecha: las personas inmigrantes voluntarias y las personas refugiadas o inmigrantes forzados”, detalla Bobowik. Estos modelos fueron, por un lado, el modelo de rechazo-identificación, que postula que ante una situación de rechazo por la sociedad de acogida, las personas inmigrantes se identifican y buscan refugio en su propio grupo étnico. Y, por otro lado, el modelo de rechazo-desidentificación propone que ante una situación de rechazo, la reacción de estas personas es distanciarse del grupo mayoritario.

 

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Magdalena Bobowik. (Foto: UPV/EHU)

 

“Estos modelos han sido planteados como universales, pero para su contraste se han llevado a cabo sobre todo estudios con estudiantes internacionales, o con gente mayor, y en menor medida con personas inmigrantes que llevan menos tiempo en el país de acogida, que están en situación de mayor exclusión social, o tienen mayores dificultades socioculturales, y en especial personas refugiadas. Ese es el hueco que quisimos cubrir con nuestra investigación —señala—. Intentamos probar estos modelos en dos contextos culturales diferentes, y con dos muestras de inmigrantes distintas: personas inmigrantes voluntarias en el País Vasco, y refugiadas en Holanda. Además, conseguimos personas de diferentes nacionalidades, por lo que pudimos ver las diferencias y matices que marcan las características propias de cada cultura”.

 

Los resultados del estudio ponen de manifiesto que no se puede hablar de universalidad en estos modelos. Así lo explica la investigadora: “En estos temas entran en juego muchos factores, como los recursos de afrontamiento con los que cuentan las personas, su estatus social, la cercanía cultural o lingüística con la sociedad de acogida, etc., y todo esto hace que los mecanismos de protección frente a la discriminación funcionen de diferente manera”.

 

Así, el tipo de inmigrantes que mayor distancia mostró con estos modelos fue el de las personas inmigrantes voluntarias, estudiadas en el País Vasco. “Los grupos que estudiamos aquí fueron bolivianos, colombianos, africanos subsaharianos, marroquíes y rumanos. En los resultados pudimos ver, por un lado, que en ninguno de estos grupos se refuerza la identificación con su grupo étnico en las situaciones de rechazo; más bien ocurre lo contrario: se produce una desidentificación respecto de su grupo étnico de referencia. Puede ser que las personas inmigrantes en este contexto, y los grupos que estudiamos en particular, encuentren menos dificultades socioculturales comparado con las personas refugiadas en Holanda”. Por otro lado, la desidentificación con el grupo nacional “sí que se percibió en todos los grupos estudiados, pero no se asociaba con mayor bienestar entre las personas colombianas y rumanas. Se puede considerar a estos dos grupos como algo más integrados, o minorías menos estigmatizadas, comparado con otras incluidas en el estudio, por lo que pueden optar por otras estrategias de manejo de la identidad y de afrontamiento”.

 

En los inmigrantes forzados estudiados en Holanda, por su parte, las investigadoras sí que confirmaron una mayor identificación con su grupo étnico, así como la desidentificación con el grupo nacional. “Estas personas llevan menos tiempo en el país de acogida, y vienen de culturas mucho más distantes a la holandesa, por lo que la única manera que tienen de proteger su bienestar de la discriminación es buscar refugio en su grupo étnico”, aclara Bobowik.

 

Por último, una de las ideas más importantes que se han visto reforzadas en el estudio es que “la identificación étnica y la identificación nacional mejoran el bienestar de las personas, y esto nos abre puertas para sucesivos estudios. Se podría estudiar, por ejemplo, el efecto de las estrategias que fomentan el biculturalismo o multiculturalismo en la integración y bienestar de las personas inmigrantes. En este estudio hemos tratado la identificación nacional y étnica como variables independientes, pero podría ser que trabajarlas de forma conjunta demostrara que la estrategia bicultural fuera la que más reforzara el bienestar”, concluye.

 

Este estudio ha sido llevado a cabo en colaboración entre el Departamento de Psicología Social y Metodología de las Ciencias del Comportamiento de la UPV/EHU y la Universidad de Utrecht (Holanda). En el estudio de los inmigrantes voluntarios en el País Vasco realizado en colaboración con el Observatorio de Inmigración Ikuspegi participaron 1.250 personas procedentes de Bolivia, Colombia, Marruecos, África subsahariana y Rumanía, y en el de refugiados en Holanda, 2.923 personas de Irak, Irán, Afganistán y Somalia. (Fuente: UPV/EHU)

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