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Lunes, 14 agosto 2017
Paleontología

Fósiles que salen del anonimato

Hace más de dos décadas, en 1992, un grupo de científicos del Instituto Catalán de Paleontología Miquel Crusafont (ICP) (Catalunya, Españ) estaba practicando montañismo en la zona de Añisclo, dentro del Parque Nacional de Ordesa (Huesca) cuando durante su recorrido, a más de 2.000 metros de altitud, observó lo que podría ser un cráneo de un cocodrilo fosilizado en la roca caliza de la montaña. Lo que no se esperaban es que se acababan de topar con el que sería uno de los fósiles más conocidos y mediáticos recuperado en esta zona.

 

Los paleontólogos del ICP decidieron organizar entonces una campaña que suponía subir material a esa altura para extraerlo, de una forma bastante ardua puesto que el lugar donde se encontraba no era de fácil acceso.

 

La sección geológica donde se halló data de hace unos 50 millones de años y los investigadores pudieron comprobar que se trataba de un fósil extraño del Cenozoico: un cocodrilo marino.

 

“En aquel momento no había ninguno de esa época en España y sigue sin existir ninguno descrito”, dice a Sinc José Ignacio Canudo, responsable del Grupo de investigación Aragosaurus-IUCA y director del Museo de Ciencias Naturales de la Universidad de Zaragoza. Donde sí existen algunos ejemplares de cocodrilos marinos es en el Museo Estatal de Historia Natural de Stuttgart (Alemania) y en el Museo Británico de Historia Natural de Londres, pero también de edades diferentes al de Ordesa.

 

En un principio el cocodrilo recién descubierto se trasladó al Museo ICP de Sabadell donde se hicieron pruebas para sacarlo de la roca manualmente con ácido, e incluso se hizo un escáner muy primigenio –con bastante poca calidad– acorde con la tecnología de entonces. Con este trabajo comprobaron que dentro de la piedra que habían cortado y transportado se encontraba el fósil.

 

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Cocodrilo de Ordesa, ejemplar único en España de un cráneo de cocodrilo marino de hace 50 millones de años hallado en Huesca que permanece sin estudiar, tal y como se encontró en la roca. (Foto: José Ignacio Canudo)

 

Sin embargo, aunque lo intentaron, no fueron capaces de extraerlo. Tras esta primera tentativa, dado que era patrimonio aragonés, se terminó depositando en el museo de referencia de esta comunidad autónoma que es el de la Universidad de Zaragoza, en cuyos almacenes se encuentra todavía en la actualidad en el interior de la roca.

 

Los cocodrilos marinos están completamente extintos hoy. Algunos especies modernas pueden visitar el agua salada de forma eventual, pero no viven constantemente en este hábitat. Estudiar estas especies marinas fósiles es por ello un recurso único para conocer la evolución de estos reptiles. “Además, al hallarse en Ordesa, este descubrimiento supone una oportunidad para poner en valor el patrimonio paleontológico y geológico del parque nacional”, apunta Canudo.

 

Su equipo tiene una larga trayectoria paleontológica y es responsable de sacar a la luz ejemplares como los dinosaurios Tastavinsaurus, Galvesaurus, Demandasaurus –un mamífero que vivía a la sombra de los dinosaurios durante el Cretácico– o de los crocodilomorfos Arenysuchus y Maledictosuchus.

 

Su nuevo proyecto es precisamente extraer al ‘Cocodrilo de Ordesa’ para ser estudiado, saber cómo es por fuera y por dentro, y definir la nueva especie. Para poder lograrlo, los investigadores decidieron iniciar una campaña de crowdfunding, a través de la plataforma Precipita, que les permitiese conseguir fondos. Si recaban la cantidad suficiente –el plazo acaba el próximo lunes 14 de agosto–, el fósil acabará expuesto en el Museo de Ciencias Naturales de la Universidad de Zaragoza junto a una reconstrucción en 3D.  

 

El registro paleontológico en España es de los más importantes del mundo por la diversidad y la cantidad de fósiles que hay de todas las edades. Por esta razón, el caso del Ordesa no es un proceso aislado. Aunque todo depende de los medios económicos y personales con los que se cuente, lo habitual es que los fósiles que se descubren pasen a los fondos de los museos especializados y se cataloguen.

 

En el Museo de Ciencias Naturales de la Universidad de Zaragoza, por ejemplo, existen unos 240 ejemplares en la exposición permanente, la colección de fósiles referenciados en revistas científicas es de 35.000 y, aparte, existe una colección sin analizar que estiman de más de 60.000.

 

El proceso en paleontología de vertebrados es en sí sencillo. Hay una primera fase de incorporación de fósiles a cualquier proyecto que llegan por casualidad o en situaciones paleontológicas planeadas y controladas como en excavaciones o proyectos de investigación.

 

En ambos casos existe una previsión de fondos y de infraestructura que debe permitir hacer frente a una situación normal. En el caso de los hallazgos casuales es la estructura básica de los museos y los grupos de investigación la que se hace cargo, mientras que en el caso de excavaciones es el proyecto que financia el que debe ser suficiente para abordar las actividades.

 

“En una situación ideal y si todo se ajusta a lo esperado, los fósiles pasan por un proceso de preparación y de conservación-restauración (del que se encarga el personal especializado). Tras esto, los ejemplares son correctamente almacenados y esperan que se produzca el proceso de investigación”, explica a Sinc Francisco Ortega, profesor e investigador del Grupo de Biología Evolutiva de la Universidad Nacional de Educación a Distancia (UNED).

 

Dependiendo de los objetivos de los científicos, del interés de cada fósil y de la disponibilidad de equipo y financiación, la dirección del proyecto de investigación es quien marca el orden y con qué prioridad se van estudiando los ejemplares almacenados en el fondo paleontológico.

 

“Los problemas comienzan con el componente altamente aleatorio que tiene el hallazgo de fósiles. En 2007 nada hacía pensar que en Cuenca, donde prácticamente no se conocía registro del Cretácico superior, iba a aparecer un yacimiento como ‘Lo Hueco’ que multiplicaría por mucho el volumen de los fósiles recuperados en la provincia hasta entonces”, añade Ortega.

 

En el caso de este yacimiento de Cuenca, este fue descubierto por casualidad durante las obras del AVE a su paso por el municipio de Fuentes. La relación de fósiles de dinosaurios encontrados fue tan grande que no pudieron trasladaros al Museo de Ciencia de Cuenca al no tener espacio suficiente, y muchos de ellos se encuentran a la espera de su estudio en una nave a modo de almacén y laboratorio.

 

En ese momento, los científicos tienen que reestructurar los planes y comenzar a buscar recursos y financiación para hacer frente a un hallazgo inesperado. Los equipos que trabajan en este campo recurren a todo lo que pueden. “La planificación de la financiación es todo un arte”, asegura el experto. “Es esta línea –continúa– se han cruzado los sistemas de crowdfunding. Hemos estudiado esa línea de financiación y, no nos hemos puesto aún a desarrollar un proyecto concreto, pero parece interesante”.

 

Ortega explica que no es tanto por la capacidad financiadora, sino por la implicación social, es decir, de publicidad e participación de la gente que, además, puede seguir de primera línea un proceso que les es generalmente opaco.  “De hecho, probablemente en todos los laboratorios de paleontología del país hay, en este momento, restos de cocodrilos en preparación, pero el de Ordesa ha adquirido una especial relevancia”, concluye el investigador de la UNED. (Fuente: SINC/Eva Rodríguez)

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