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Martes, 5 septiembre 2017
Psicología

La detección de comportamientos arriesgados, clave para la reducción de accidentes de tráfico

El estudio publicado por un profesor de la Escuela Universitaria de Magisterio de Bilbao de la UPV/EHU concluye que los pensamientos agresivos al volante llevan a un comportamiento agresivo, el cual desencadena un comportamiento arriesgado que se asocia a la accidentabilidad. El estudio muestra, además, que los conductores más jóvenes son los que experimentan más ira y se expresan de manera más agresiva. En cambio, las diferencias entre sexos son prácticamente inexistentes.

 

La seguridad vial y la prevención de accidentes son temas recurrentes y frecuentemente estudiados, aunque no siempre desde la misma perspectiva. Puede parecer evidente que la accidentabilidad está relacionada con el comportamiento arriesgado, y, efectivamente, “existen estudios que los relacionan, pero no se ha estudiado a nivel de cognición o pensamiento. Tradicionalmente, se ha hablado de tres factores para pronosticar los accidentes de tráfico: el factor vehículo, el factor vía y el factor humano, y se ha visto en prácticamente todos los estudios que el factor humano es el más importante a la hora de pronosticar accidentes. Por ello, es ahí donde he centrado mi investigación durante ocho años”, explica David Herrero, autor del estudio y profesor de la Escuela Universitaria de Magisterio de Bilbao de la UPV/EHU.

 

Se han medido tres variables —pensamientos agresivos, conducta de riesgo y conducta agresiva—, y “hemos visto que la accidentabilidad se relaciona con el comportamiento agresivo, pero sobre todo con el comportamiento arriesgado, aunque ambos factores podrían pronosticar accidentes de tráfico de forma significativa. Se podría decir que los pensamientos agresivos llevan a un comportamiento agresivo, y que ese comportamiento agresivo lleva a un comportamiento arriesgado, el cual está asociado a la accidentabilidad” aclara Herrero.

 

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David Herrero. (Foto: UPV/EHU)

 

En el estudio han participado 414 personas con carné de conducir vigente y que conducen al menos una vez a la semana, a las que se ha entrevistado mediante dos cuestionarios, “uno que mide los pensamientos agresivos, y otro que mide tanto los comportamientos arriesgados como la accidentabilidad, el Driver’s Angry Thoughts Questionnaire y el Driving Survey. De esta forma, abarcamos esos tres grandes bloques que hemos estudiado en esta investigación”, comenta.

 

El estudio también ha analizado las diferencias por edad y sexo. En cuanto a la edad, han observado que “los más jóvenes son los que más tienden a experimentar ira y a expresarse de manera agresiva, lo cual es común a la práctica totalidad de los estudios. En cambio, las diferencias entre sexos no están tan claras en cuanto a expresión y experiencia de ira, ni siquiera en los pensamientos agresivos. Hombres y mujeres tenemos la misma frecuencia de pensamientos agresivos”, comenta Herrero.

 

Las claves detectadas en este estudio podrían ser útiles tanto en la seguridad vial como en el ámbito de la psicología clínica. “El comportamiento arriesgado y agresivo en la conducción es un tema poco abordado clínicamente, pero lo cierto es que existe un porcentaje bajo aunque relevante de conductores que es altamente propenso a comportarse de esta forma”, explica.

 

Según el investigador, “es importante que conozcamos los mecanismos cognitivos, emocionales, etc. que subyacen a este tipo de comportamientos, para poder intervenir de forma más clara y precisa. Mediante las herramientas utilizadas, se pueden evaluar dichos procesos, y dar pistas sobre posibles intervenciones. Si una persona dice que en su vida real o en la conducción tiende a comportarse agresivamente de una forma concreta, sabemos que en el otro contexto va a actuar de la misma manera”.

 

De esa forma, David Herrero cree que “si somos capaces de conseguir que una persona pueda detectar cuándo se está comportando arriesgadamente o incluso agresivamente, estaremos reduciendo la accidentabilidad. Lo fundamental es actuar sobre el comportamiento arriesgado y agresivo, más que sobre los pensamientos, aunque una cosa lleva a la otra”, concluye.

 

El autor ha realizado este estudio con la colaboración de Sara Fonseca-Baeza, de la Universidad de Valencia. (Fuente: UPV/EHU)

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