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Redacción
Viernes, 2 febrero 2018
Zoología

La marmota no sabe cuándo acaba el invierno

Cada 2 de febrero, la más famosa de las marmotas, Phil, del pueblo Punxsutawney en EE UU, interrumpe su hibernación y sale de su madriguera. Según las creencias populares, su reacción inmediatamente posterior ayudará a predecir la duración de lo que queda de invierno. ¿Cómo? Si el día está nublado y el animal no ve su sombra, el invierno terminará pronto; pero si la ve, vuelve a introducirse en su agujero porque el frío se alargará seis semanas más.

 

Como Phil, cientos de estos pequeños mamíferos salen cada invierno de sus madrigueras para celebrar el Día de la Marmota en EE UU y Canadá. Pero aunque la tradición está muy arraigada en numerosas localidades norteamericanas, la fiabilidad del estrambótico ‘método’ de predicción deja mucho que desear a nivel científico.

 

 

“En general, la mayoría de las creencias meteorológicas no tienen una base real. El famoso Día de la Marmota en algunos lugares de EE UU y Canadá o los lugares que eligen los osos para hibernar, entre otros, que supuestamente predicen el tiempo durante el invierno, son todas creencias falsas”, declara a Sinc Juan Antonio Fargallo, investigador en el Museo Nacional de Ciencias Naturales (MNCN-CSIC) de Madrid, dejando zanjada cualquier posible duda al respecto.

 

Según el científico, los animales no pueden predecir el tiempo que va a hacer en invierno o en verano o a largo plazo. Pero, aunque las predicciones del Día de la Marmota responden a supersticiones, el comportamiento de animales y humanos puede variar en función de los cambios de temperatura y precipitación con respuestas fisiológicas más o menos rápidas, es decir, a muy corto plazo.

 

Para Fargallo se trata de una respuesta a las condiciones presentes: “Se tiene poca capacidad de anticiparse al tiempo climático que se avecina. La naturaleza caótica de la meteorología, altamente impredecible, impide que puedan crearse adaptaciones en los animales para predecir el tiempo climático”, asegura.

 

Pero si se tienen en cuenta algunos factores, ciertos animales sí son capaces de percibir la variación en la presión atmosférica. “Los fenómenos que generan bajas presiones, como tormentas o huracanes, pueden ser percibidos por los animales, pero solo minutos u horas antes”, detalla el experto del departamento de Ecología Evolutiva.

 

En este caso, los animales se han adaptado a reaccionar con unas horas de anticipación a condiciones ambientales que pueden afectar a la disponibilidad de alimento o a su capacidad para mantener sus condiciones internas es estado óptimo (homeostasis). La huida, el cobijo o comportamientos alimentarios diferentes son señales de que se están anticipando de alguna manera, y estas conductas varían en función de cada grupo animal.

 

La llegada de tormentas puede suponer un grave desafío a los pájaros. La bajada de temperaturas y los vientos más bajos pueden aumentar su gasto energético e inhibir la búsqueda de alimento. Para evitar estos riesgos e incrementar sus posibilidades de supervivencia, uno de los mecanismos que las aves emplean es la detección anticipada de la presión atmosférica, que disminuye con las inclemencias del tiempo.

 

En un estudio, publicado en el Journal of Experimental Biology, un equipo de la Universidad de Montana en EE UU examinó el comportamiento de los gorriones corona blanca (Zonotrichia leucophrys) de Norteamérica en un experimento en laboratorio en el que disminuyeron de la presión barométrica.

 

Los resultados demostraron que a pesar del cambio de presión, no se produjo en los pájaros una respuesta en su fisiología del estrés, pero sí se estimuló la búsqueda, el acopio y la ingesta de alimentos. “Estos datos sugieren que los gorriones de corona blanca pueden sentir y responder a la bajada de presión barométrica. Esta habilidad puede ser común en los vertebrados salvajes, especialmente en los pequeños, para los que las tormentas pueden ser eventos potencialmente mortales”, recalcan los autores del trabajo.

 

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La marmota Phil en Punxsutawney (EE UU), recién salida de su madriguera. (Foto: Anthony Quintano)

 

Otro caso es el de los vencejos, unas aves que se alimentan de insectos que cazan volando. Cuando se aproxima una borrasca, estos pájaros “desaparecen de los pueblos y ciudades hacia lugares con tiempo climático más estable”, informa Fargallo. Si esto se produce durante el periodo de reproducción, los pollos pueden pasar varios días sin ser alimentados hasta que regresan los padres.

 

“Parece que el órgano sensible a las variaciones de presión externa es el llamado órgano paratimpánico, constituido también por células ciliadas y situado en el oído medio de las aves”, explica el científico del MNCN.

 

En las especies de aves que se alimentan de insectos en el aire, como los vencejos, golondrinas, aviones y chotacabras, se ha observado además que en los momentos previos a las tormentas vuelan más bajo. Esto se debe a que los insectos también perciben la variación de presión, y “se mantienen más cerca de la vegetación para buscar refugio y evitar los vientos más fuertes que se generan en las capas más altas del aire”, subraya el experto.

 

Estas observaciones se han realizado por naturalistas, “pero no hay ningún estudio científico que lo describa”, certifica el investigador. Sin embargo, sí se conoce que efectivamente hay menos insectos en las capas más altas de aire en momentos previos a la tormenta comparado con un día soleado.  

 

Existen muchos ejemplos en insectos en los que se describen comportamientos similares. “Los insectos reducen su actividad momentos antes de las tormentas”, confirma Fargallo, quien recuerda el conocido caso de las abejas que se mantienen en las cercanías de la colmena o incluso se refugian en ella cuando la presión atmosférica es baja.

 

Otros animales, como los anfibios, son sensibles a las precipitaciones. “En algunas especies de ranas y sapos se ha detectado un incremento en la frecuencia de canto en las horas previas a la llegada de lluvias”, cuenta el científico.

 

“En algunas especies de ranas y sapos se ha detectado un incremento en la frecuencia de canto en las horas previas a la llegada de lluvias”, cuenta el científico.

 

La frecuencia de los cantos de la rana arbórea gris (Hyla versicolor), por ejemplo, aumenta con la subida de las temperaturas y las lluvias en las dos semanas anteriores, según un estudio publicado en Environmental Monitoring and Assessment. Durante diez años, los científicos de la Wilfrid Laurier University en Canadá registraron los datos relativos a nueve especies de ranas.

 

Hyla versicolor y Pseudacris crucifer, por ejemplo, se vieron afectadas por el volumen y el momento de la precipitación aunque de diferentes maneras, dicen los autores. “Las ranas arbóreas grises parecen preferir condiciones más secas, cuando las temperaturas son significativamente más cálidas, mientras que las otras prefieren llamar durante o después de la precipitación”, apuntan.

 

Percibir con antelación la llegada de las lluvias es una estrategia adaptativa que, en el caso de los anfibios, permite incrementar el éxito en la reproducción a través del aumento de los cantos que atraerán a las potenciales parejas. “Las precipitaciones formarán charcas de agua o permitirán condiciones de humedad necesarias para poder abandonar los refugios y lanzarse a la conquista”, explica Juan Antonio Fargallo. Para lograrlo, el mecanismo de los anfibios es el mismo: la percepción de bajas presiones atmosféricas.

 

Si para los animales terrestres la presión atmosférica es un indicador del cambio de tiempo, en los peces es vital la detección de la presión hidrostática para anticiparse a las subidas o bajadas de mareas que podrían dejarles atrapados en las charcas. Por ello, muchas especies de peces litorales han desarrollado unos órganos como las células ciliadas del aparato vestibular del oído interno, sensibles a los cambios de presión.

 

“Algunas especies de peces que poseen estos órganos sensoriales realizan movimientos hacia zonas más profundas cuando la presión atmosférica baja de forma drástica, lo suficientemente radical como para afectar la presión hidrostática del mar”, describe el científico. Esto se produce en los momentos que preceden la llegada de huracanes o tormentas tropicales de gran magnitud.

 

Entre las especies que tienen este tipo de comportamiento está el tiburón de puntas negras (Carcharhinus  limbatus). En el trabajo, publicado en el Journal of Fish Biology, los científicos del Mote Marine Laboratory en Florida observaron a un grupo de juveniles nadar hacia aguas más profundas ante la llegada de una tormenta tropical.

 

“El movimiento de los tiburones fue provocado por una caída en la presión barométrica asociada a la llegada de la tormenta. Todos regresaron a la zona de cría poco profunda después del paso de la tormenta, lo que sugiere que se trata de un comportamiento innato”, revelan los autores de la investigación.

 

Los comportamientos de aves, peces, anfibios o mosquitos, entre otros, en definitiva no describen más que el presente. “No predicen el tiempo”, insiste Fargallo. En este sentido, podrían ser ciertas y tener cierto sentido expresiones como “cuando el grajo vuela bajo, hace un frío del carajo”. “En los días fríos no se generan corrientes ascendentes de aire que utilizan aves como cornejas y cuervos para coger altura”, justifica el experto. Pero aún quedan por demostrar científicamente.

 

Con el cambio climático y la reducción o intensificación de ciertos fenómenos meteorológicos las conductas animales podrían variar. En el caso de las aves migratorias, muchas de ellas están dejando de serlo en latitudes templadas como consecuencia del calentamiento global.

 

“Las poblaciones que se movían desde Centroeuropa a pasar el invierno en la cuenca Mediterránea se están quedando al igual que ciertas aves que vuelan hacia África en otoño y que ahora se quedan cada vez con más frecuencia. El verano se extiende para ellas en nuestras latitudes”, explica a Sinc José Luis Tellería del departamento de Biodiversidad, Ecología y Evolución de la Universidad Complutense de Madrid.

 

Sin embargo, otras conductas más inmediatas se seguirán produciendo a pesar de que llueva menos o haya menos tormentas. “Veremos menos estos comportamientos, pero al comportamiento per se no le afecta”, concluye Juan Antonio Fargallo. (Fuente: SINC/Adeline Marcos)

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