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Redacción
Viernes, 6 abril 2018
Botánica

El calentamiento global acelera el crecimiento de plantas en las cimas de montañas europeas

Un estudio en el que participan investigadores del IPE-CSIC (España) revela que en la última década el número de plantas que crecen en las cumbres europeas ha aumentado cinco veces más que en el período de 1957 a 1966 Ya no son tan solitarias las cimas de las montañas. Al menos no para las plantas que, debido al calentamiento global, cada vez encuentran mayor facilidad en habitar las cimas que hasta hace un tiempo no muy lejano estaban reservadas sólo para especies más duras y resistentes.

 

Un estudio en el que han participado investigadores del Instituto Pirenaico de Ecología-CSIC ha demostrado no sólo un incremento considerable en el número de plantas de las cimas de las montañas europeas en los últimos 150 años, sino también cómo su crecimiento se está acelerando. Sus resultados muestran, además, que este incremento está ligado a la subida de la temperatura. En cambio, este no se ha podido relacionar con los cambios en las precipitaciones y la deposición de nitrógeno.

 

 

El artículo científico, publicado en la prestigiosa revista Nature bajo el título “Accelerated increase in plant species richness on mountain summits is linked to warming”, demuestra cómo la flora parece emular con su ritmo de colonización el de otros efectos de la actividad humana en el planeta.

 

Entre 1957 y 1966, el número de especies en las cimas europeas aumentó 1.1 especies de media cada año. Desde entonces, la tendencia se aceleró y entre 2007 y 2017, la media fue de 5.5 especies nuevas cada año.

 

El estudio se ha centrado en las plantas que ya han respondido al incremento de temperaturas y han colonizado las cimas. Quedan por analizar las que, procedentes de altitudes más bajas, han podido emprender su camino hacia las cumbres.

 

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Senecio boissieri frente al Pico Aneto (Pirineo central). (Autores: A. Campo y JV Ferrández)

 

Estos resultados no han llevado a sus autores a dar la voz de alarma todavía. Resta por comprobar si ese incremento de plantas en las cimas podría haber desplazado a las que llevaban siglos creciendo allí. No obstante, los resultados apuntan a que esta situación podría darse en el futuro.

 

“Algunas de las plantas que se han adaptado a las condiciones frías y rocosas de las cimas probablemente desaparecerán en el futuro. No tienen otro sitio donde ir y no tienen tiempo suficiente para desarrollar nuevas estrategias para competir con sus nuevas vecinas, que son más grandes y más competitivas en condiciones de clima más cálido”, explica el principal autor del trabajo, Manuel Steinbauer, de la Universidad de Aarhus, en Dinamarca.

 

No obstante, aunque parece probable que las especies altamente especializadas en los ambientes de las cumbres podrían verse desplazadas en el futuro, no es seguro que esto ocurra. “En las cimas hay una gran cantidad de microambientes que podrían ofrecer refugio a las especies más adaptadas a la vida cacuminal. De hecho, el calentamiento global también está provocando la retirada de glaciares y neveros, aportando nuevos espacios para las plantas. La pregunta es qué ocurrirá cuando todos estos ambientes estén saturados y si esto puede llegar a suceder”, apunta Sara Palacio, investigadora del Instituto Pirenaico de Ecología (IPE-CSIC) y participante en el estudio.

 

Este nuevo estudio ha sido realizado por más de 50 investigadores de 11 países europeos que se han basado en las prospecciones históricas de las cumbres con sus correspondientes registros florísticos datados desde 1870. Ningún otro territorio del mundo tiene disponible dicha información.

 

Estos investigadores no sólo han ascendido las montañas muchas veces para registrar la flora detalladamente, algunos de ellos también se han sumergido en los 150 años de registros históricos obtenidos por cientos de botánicos de toda Europa de forma meticulosa en las mismas montañas.

 

“Las cimas de las montañas constituyen referencias topográficas precisas e inamovibles y, por tanto, dan la seguridad de que las nuevas mediciones se han efectuado exactamente en los mismos enclaves que visitaron los botánicos del pasado. Esta certidumbre disminuye cuando estas comparaciones se hacen en enclaves de valles o laderas. Por supuesto, en aquellos tiempos no había GPS”, señala la Dra. Sonja Wipf, del Swiss Federal Institute for Forest, Snow and Landscape Research, WSL en Davos, Suiza, promotora y principal responsable del estudio.

 

Como indica Daniel Gómez, investigador del IPE-CSIC y coautor del trabajo, “en nuestro país, las principales cimas alpinas se sitúan en los Pirineos, donde hay más de 150 que superan los 3000 m. Estas cumbres tienen más de 130 especies de flora vascular (30 por encima de los 3300 m) que parecen estar ligadas a las migraciones producidas en las épocas glaciares. Muchas se encuentran en el límite meridional de su distribución mundial y aunque muestran un amplio rango altitudinal, tienen actualmente un escaso número de poblaciones y son, por tanto, objetivos prioritarios de conservación”.

 

Uno de los muchos botánicos que han contribuido a este estudio es el profesor suizo Josias Braun-Blanquet (1884-1980), quien hace más de un siglo anticipó la necesidad de este tipo de análisis: “Para crear una base sólida para el futuro, he analizado distintas montañas en detalle. […] Basándose en una descripción completa de las localizaciones, no será difícil verificar mis listados de especies, y será posible detectar un aumento o disminución de la riqueza de especies en el futuro con mucha precisión”, escribió (en alemán) en una de sus principales obras, Die Vegetationsverhältnisse der Schneestufe in the Rätisch-Lepontischen Alpen. Ein Bild des Pflanzenlebens an seinen äußersten Grenzen, en 1913.

 

“Estamos seguros de la elevada calidad de los registros históricos usados. Para asegurarnos de que nuestros nuevos datos son también fiables, en varias montañas hemos realizado registros independientes de la flora de la cima, tomados por dos personas distintas”, añade Sonja Wipf, responsable de la recolección de gran parte de los nuevos datos.

 

“La vision de Braun-Blanquet nos hizo pensar. Sin su fascinación por entender la distribución de las plantas en las montañas no habríamos sido capaces de detectar que los efectos del calentamiento global se están acelerando. Este es un gran ejemplo de la importancia de la ciencia no dirigida y la fascinación por comprender la complejidad de la naturaleza”, concluye Sonja. (Fuente: IPE-CSIC)

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