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Lunes, 5 diciembre 2011
Ingeniería

¿Hacia una segunda y espectacular revolución de los códigos de barras?

Imagine que pudiéramos rastrear la historia completa de todo lo que compramos. Usando la cámara del teléfono inteligente (smartphone) podríamos saber qué fábrica produjo los ingredientes del medicamento que tomamos, en qué país se cultivó el maíz del cereal de nuestro desayuno, o incluso de qué modo podríamos reciclar el propio teléfono. El consumidor podría conocer el ciclo de vida completo de un producto y a cualquier entidad e incluso operario implicados en el ciclo de producción. Eso podría servirnos para cerciorarnos de que el medicamento que nos tomamos no es una falsificación y que el alimento que nos comemos es seguro.

Este escenario ya está a la vista en el horizonte tecnológico, según Scott Morris, profesor de ciencia de los alimentos y de nutrición humana en la Universidad de Illinois, experto en la historia y evolución de los envases, y autor de "Food and Package Engineering", un nuevo libro de texto publicado por Wiley Blackwell.

Los códigos de barras, esas familiares etiquetas con barras en blanco y negro en la cubierta de los envases, que sirven para escanear los precios o llevar el inventario, se están convirtiendo en una clase más amplia de identificadores. A medida que avanza la tecnología, estos identificadores electrónicos están comenzando a hacer posible conocer más información sobre el contenido y la historia de los productos, y están abriendo nuevos canales de comunicación entre compradores y vendedores.

El nuevo código QR, una especie de código de barras bidimensional que puede ser escaneado usando un teléfono móvil, proporciona cada vez más a menudo un enlace directo entre el comprador en la tienda y la información oficial disponible online sobre el producto escaneado.

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Si es usado adecuadamente, un sistema de identificación global permitiría que las empresas obtuvieran un plano más detallado de la ubicación, preferencias y hábitos de compra de los clientes.

Un sistema lo bastante sofisticado podría ayudar a identificar y aislar medicamentos y alimentos contaminados u otros productos peligrosos en cualquier parte de la cadena de suministro, limitando así los posibles daños a los clientes y reduciendo los eventuales problemas legales para los productores.


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