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Lunes, 5 diciembre 2011
Psicología

Nuestra personalidad cambia menos de lo creído entre la infancia y la adultez

Los rasgos de personalidad en la infancia sí permiten en muchos casos pronosticar la personalidad en la edad adulta. Ésta es la conclusión a la que ha llegado el psicólogo Christopher S. Nave, de la Universidad Rutgers, que ya inició esta línea de investigación tiempo atrás, con un estudio preliminar.

Usando datos de un estudio de la década de 1960 sobre aproximadamente 2.400 niños, alumnos de enseñanza primaria en Hawái, la comparación realizada por el equipo de Nave entre las clasificaciones de personalidad de los estudiantes realizadas por sus profesores, y las entrevistas grabadas en video de algunas de esas personas 40 años después, indica que nuestra personalidad cambia menos de lo creído entre la infancia y la madurez.

Los niños con gran fluidez verbal, definidos como muy habladores, tendían, como adultos de mediana edad, a hablar con fluidez.

Los niños evaluados como muy adaptables, o sea definidos como capaces de desenvolverse bien en situaciones nuevas, tendían, como adultos de edad mediana, a comportarse de manera desenvuelta, usualmente con simpatía. Aquellos que recibieron menor puntuación en su capacidad de adaptación como niños, fueron observados en su madurez diciendo cosas negativas de sí mismos.

[Img #5576]Los alumnos calificados como impulsivos, en su madurez eran propensos a hablar alto. Aquellos que en su infancia recibieron una puntuación baja en este rasgo de personalidad, en su madurez fueron clasificados por los investigadores como sujetos temerosos o tímidos, manteniendo siempre las distancias con los demás y expresando inseguridad.

Los niños cuyos profesores los definieron como tendentes a minimizarse a sí mismos, es decir a restar importancia a sus méritos propios y nunca fanfarronear, en la madurez presentaban una tendencia a buscar apoyo en otras personas y a expresar inseguridad.

En muchos aspectos, en la madurez seguimos siendo la persona que éramos en la infancia. Esto demuestra la importancia de comprender la personalidad porque nos sigue a donde vayamos a través del tiempo y de los diferentes contextos.


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