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Jueves, 29 marzo 2012
Salud

¿Pueden las nanopartículas ingeridas en alimentos y medicinas ejercer efectos indirectos nocivos?

Miles de millones de nanopartículas de origen artificial, incluidas en alimentos y en productos farmacéuticos, son ingeridas diariamente por los seres humanos, y una nueva investigación realizada en la Universidad de Cornell, Estados Unidos, sugiere que quizás puedan ser más dañinas de lo que normalmente se cree. La polémica está servida.

El equipo de Gretchen Mahler y Michael Shuler estudió cómo grandes dosis de nanopartículas de poliestireno afectaban a la absorción de hierro, un nutriente esencial, en las células de los pollos usados como modelo en el estudio.

El poliestireno es un material común en sustancias que van desde los aditivos alimentarios hasta las vitaminas, y que, por ejemplo, en Estados Unidos está aprobado por la Administración de Alimentos y Medicamentos (FDA).

Los investigadores eligieron pollos como modelo de estudio porque estos animales absorben hierro en sus cuerpos de manera muy similar a como lo hacemos los seres humanos, y también tienen una sensibilidad similar a la humana para las deficiencias en micronutrientes.

Utilizando células de intestinos humanos en placas de Petri, así como pollos vivos, los investigadores comprobaron qué efectos tienen la exposición aguda y la exposición crónica a las nanopartículas.

Los investigadores emplearon una clase de partículas de poliestireno de 50 nanómetros de diámetro que están disponibles comercialmente, y que por regla general son consideradas seguras para el consumo humano.

Los resultados del estudio indican que la exposición de gran intensidad y corto plazo a las partículas bloqueó inicialmente la absorción de hierro, mientras que la exposición durante más tiempo indujo cambios en la estructura de las células intestinales, permitiendo un incremento compensatorio en la absorción de hierro.

Específicamente, los investigadores encontraron que después de la exposición aguda, entre varios minutos y unas pocas horas después de su consumo, disminuyó la absorción de hierro tanto en las células in vitro como en los pollos.

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Pero después de una exposición prolongada, durante dos semanas, a 2 miligramos por kilogramo de peso, es decir con un consumo menor pero más crónico, la estructura de las vellosidades intestinales comenzó a cambiar y a aumentar su área de superficie. Ésta fue una remodelación fisiológica eficaz que favoreció el incremento en la absorción de hierro. Esta respuesta fisiológica fue totalmente inesperada para los investigadores.

Shuler admite que esta remodelación de las vellosidades intestinales, de la que no se conocen por ahora efectos secundarios nocivos, fue positiva, y además demuestra la capacidad del organismo para adaptarse a situaciones cambiantes y potencialmente dañinas. Pero cabe también argumentar que esa remodelación es una clara muestra del notable alcance que puede tener la influencia de nanopartículas como esas, las cuales en su día fueron extensamente estudiadas y consideradas seguras. La principal preocupación sería que, al causar cambios que en sí mismos son inocuos y apenas detectables, algunos de esos cambios establezcan las condiciones necesarias para, por ejemplo, permitir una absorción mayor de lo normal de sustancias que en grandes cantidades son peligrosas.


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