Jueves, 5 abril 2012
Entrevista

Ricardo Prego Reboredo, experto en biogeoquímica marina

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Entrevista realizada por Jorge Munnshe

Ricardo Prego Reboredo es, desde 1984, científico del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) de España. Su especialidad es la Oceanografía Química. Dirige el Grupo de Biogeoquímica Marina en el Instituto de Investigaciones Marinas de Vigo. Es miembro del comité español del proyecto LOICZ (Land-Ocean Interactions in the Coastal Zone; Interacciones tierra-océano en la zona costera). Ha trabajado en una veintena de campañas oceanográficas, que le han llevado de un extremo a otro del mundo, como por ejemplo desde el Mar Blanco en el Ártico, al Mar de Weddell cerca del Polo Sur, además de al Atlántico Norte, al Índico Sur y por supuesto al Mar Cantábrico. Es autor de doscientos artículos científicos y varios libros. Actualmente dirige un proyecto sobre la interacción entre metales traza y fitoplancton en las rías de Cedeira y Coruña; a la par estudia con un colega mexicano de año sabático en Vigo los datos de una laguna costera subtropical situada en la zona de afloramiento de California y las tierras raras en estuarios galaico-portugueses con científicos del IPIMAR en Lisboa.   


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¿Cómo se inició su vocación científica? ¿Cómo decidió especializarse en biogeoquímica marina?

Leer la pregunta es ir a mi biblioteca y hojear una vez más el libro “La búsqueda del cero absoluto" (Mendelssohn, 1965). Éste y otros libros de divulgación, junto con relatos cortos de ciencia ficción, fueron mis aficiones de lectura durante el bachillerato. Lo cursé en la Academia Galicia (La Coruña), hoy desaparecida; un colegio donde la enseñanza era exigente y la búsqueda de la excelencia era cultivada por unos profesores muy entregados a la educación. En sexto de bachillerato me enamoré de la química, por ello en octubre de 1972 fui a Santiago, en cuya universidad me licencié en Química y especialicé en Inorgánica con una tesina sobre complejos metálicos.

Guardo un grato recuerdo de mi paso por la universidad donde recibí, en general, una buena formación científica y además me aficioné a la historia. Tenía clara mi intención de dedicarme a la investigación, pero no fue fácil encontrar un camino; la astroquímica era un amor platónico (“Planetas habitables”; Dole, 1968), por lo que tras unos años inciertos aproveché la oportunidad de una beca predoctoral en el entonces Instituto de Investigaciones Pesqueras y entré en el campo de la Oceanografía de nuestro planeta. 

El profesor Fraga me dirigió una tesis que se centraba en el balance de carbono, nitrógeno, fósforo y silicio en la ría de Vigo y me apasioné con el estudio de los intercambios biogeoquímicos tierra-océano, línea de investigación que mantengo desde que oposité en diciembre de 1989 a una plaza de Oceanografía Química en el CSIC. En 1990 creé en el IIM-CSIC el grupo de Biogeoquímica Marina y desde entonces, he abordado los ciclos de los nutrientes y metales traza en estuarios árticos, fiordos chilenos, lagunas costeras subtropicales, … y las maravillosas rías gallegas. Después de casi 30 años trabajando en biogeoquímica costera he avanzado mucho en mi perspectiva sobre los intercambios que ocurren en la interfase terrestre-marina, un tema que entretendría a una universidad entera (véase el programa del LOICZ), así que mientras no se muera mi curiosidad tengo trabajo de sobra.


En mayor o menor grado, de las costas dependen muchas personas, a menudo de sectores comerciales con intereses bastante distintos. Investigar la contaminación costera, identificando problemas y sus causas y consecuencias, puede tener repercusiones muy variadas para esos sectores. Cuando se realizan investigaciones de esta clase, ¿se perciben presiones provenientes de algunos o todos los sectores, debido a lo mucho que hay en juego?

Un enfoque biogeoquímico en el estudio de los sistemas costeros proporciona una buena perspectiva de lo que ocurre en ellos. La cuantificación de los flujos biogeoquímicos y su balance permiten identificar las distintas fuentes de las sustancias al entorno costero y la contaminación, que no es el objeto central de mi investigación, surge como un producto indirecto de la misma. En mi trabajo son ejemplos recientes de ello el plomo en la ría de Vigo o el arsénico en la de Laxe. 

La labor del científico termina ahí y entonces comienza la labor de los gestores políticos. Más que sentir presión desde los diferentes sectores sociales lo que se sufre es impotencia al conocer los problemas y ver que tardan en solucionarse o que se aplican remedios parciales. A ese respecto es muy enriquecedora la idea de Margalef:  “Él fue crítico con las políticas de "escoba y pala" que ponían la atención en problemas medioambientales aislados sin atender a su contexto ecológico, y abogó por la necesidad de interpretar las relaciones socioeconómicas dentro de un marco ecológico general” (Estrada, 2001). 

Así pues, la investigación científica de la hidrografía, biogeoquímica y ecología en un sistema costero es básica para la planificación y gestión de su entorno. No genera dinero pero sin ella las decisiones son ciegas. Conviene siempre buscar una armonía con la naturaleza de la que los humanos formamos parte. Normalmente solo se pretende alcanzar un equilibrio, que en el caso de las rías me parece inestable, para intentar contentar a todos los sectores.


El cambio climático global afectará de muchas maneras a las comunidades costeras, pero no parece haber todavía suficiente concienciación social y de los gobiernos acerca de la necesidad de actuar con rapidez y contundencia para mitigar los impactos, que ya han comenzado a sentirse en algunos lugares del mundo. ¿Cuál es su visión sobre el problema, y cómo la aplica dentro del proyecto LOICZ (Land-Ocean Interactions in the Coastal Zone)?

Es un tema que me atrae. Hace unos años que llevo leyendo artículos y libros de divulgación y viendo documentales sobre la historia geológica de nuestro planeta desde su nacimiento y, en especial, desde la última glaciación. Mi impresión es que la Tierra es cambiante por naturaleza y que sobre el clima intervienen muchos factores que no se pueden reducir simplemente a los antropogénicos. Hay mucho que investigar aún para llegar a comprender los procesos que influyen y son determinantes en las oscilaciones del clima. El pensar que todo se resuelve controlando las emisiones de gases CO2 semeja algo simplista. Comprendo la preocupación por un cambio brusco en el clima tras los descubrimientos de Broecker sobre la reaparición de las condiciones frías en Europa durante el período Dryas Reciente por la desconexión de la cinta transportadora del agua oceánica en el Atlántico.

La Tierra cambiará y hemos de estar preparados como especie para sobrevivir a esas alteraciones, que necesitan actualmente una investigación intensa. No creo que se pueda intentar mantener nuestra cultura tal como está recurriendo a pretender controlar el clima; me recuerda la historia bíblica de la torre de Babel.

Mientras un posible cambio climático amenaza nuestro futuro, los cambios que están ocurriendo en las zonas costeras ya están destruyendo nuestro presente. Siempre he pisado el terreno cuando he tenido un proyecto de investigación, la observación directa ayuda mucho a conocer la zona y planificar el trabajo. Por eso noto que se está produciendo una degradación continua de la zona costera gallega; hay menos diversidad en su litoral y más contaminación en sus aguas, lo cual, por lo que conozco, es extensible a otras costas de nuestro planeta. 

Se habla de conseguir una gestión sostenible cuando están aumentando las áreas costeras que necesitan ya de una regeneración. Es importante, dada la naturaleza marina, como nos enseñó el reciente caso del accidente del Prestige, disponer de áreas protegidas, léase parques naturales libres de impacto antropogénico, que sirvan de semilla para otras áreas costeras empobrecidas. Es importante, además, cuidar la calidad de las aguas, tanto las marinas como las continentales que llegan al litoral. El programa internacional LOICZ aconseja abordar el estudio de los sistemas costeros de una manera integrada, esto es, incluyendo sus cuencas fluviales. “LOICZ tiene por objetivo aportar ciencia que contribuya al conocimiento del sistema de la Tierra a fin de informar, educar y contribuir a la sostenibilidad del litoral del planeta” (http://www.loicz.org/). No hay que olvidar que las zonas costeras son muy productivas en recursos pesqueros y las más influidas antrópicamente: en este año de 2012 vive tanta gente en las costas de nuestro planeta como el total de la población mundial en 1950.   


¿Considera que se ha avanzado mucho en los últimos años en el conocimiento de la biogeoquímica oceánica? ¿Cree que habrá aún bastantes más sorpresas? ¿Qué campos podrían registrar más hallazgos? ¿Piensa que el de los múltiples papeles de los microorganismos en la química marítima podría ser uno de ellos?

La biogeoquímica nace en el siglo XX con Vernadsky (Biosfere, 1926). Éste científico ruso definió a la biogeoquímica como una subdisciplina de la geoquímica dedicada al estudio de los elementos químicos que forman parte de los seres vivos. Inicialmente, la biogeoquímica se centró en carbono, nitrógeno y fósforo, pero actualmente atiende a todos los elementos de la tabla periódica ya que de alguna manera, en este nuestro planeta viviente, todos circulan, para bien o para mal, por los seres vivos. 

Los océanos, incluido su componente costero, han sido estudiados inicialmente bajo aspectos biológicos y se ha atendido a los compuestos químicos por su importancia de cara a los seres vivos. Así se han investigado con intensidad las sales nutrientes y la eutrofización del agua, el ciclo del carbono y el efecto invernadero, el sedimento y sus metales contaminantes, pero hay mucho por hacer. Ahora, un enfoque más biogeoquímico y menos biológico nos lleva a abordar per se los ciclos biogeoquímicos y en eso estamos actualmente. Dentro de esos ciclos los más desconocidos son los correspondientes a los metales traza y los contaminantes emergentes. Mejoras en su determinación analítica y en los procedimientos de muestreo limpio han permitido ese avance a partir de la década de 1980. 

El programa internacional GEOTRACES aborda desde 2006 el estudio de los metales traza e isótopos en los océanos, ello supone un gran avance en marcha. El seguir el camino de los elementos desde sus fuentes proporcionará interesantes novedades. El papel del vulcanismo bajo los océanos, las fuentes termales, ha sido la última sorpresa del pasado siglo; ahora es oportuno disponer de una imagen de conjunto del ciclo de los elementos en nuestro planeta, donde los océanos tienen un papel clave. Las muy abundantes y adaptables bacterias pueden jugar un papel significante  en el ciclo de los elementos traza, especialmente en su flujo entre el material disuelto y el particulado. No hay que olvidar que hurgar en el pasado también aporta conocimientos científicos de relevancia para comprender el presente, por ello la paleoceanografía es una disciplina en desarrollo muy interesante.

Al final, tal como mi vecina ría de Vigo es un laboratorio a la puerta de mi despacho, lo que estudiemos en La Tierra nos ayudará a aprender como son los procesos geoquímicos (biogeoquímicos tan pronto se descubra vida extraterrestre) en otros planetas. Esto ya empieza a ser un hecho con la exploración de nuestro sistema solar, lo que proporciona un gran valor añadido a lo que se aprende en nuestros océanos.    

¿No cree que el mar ha sido durante mucho tiempo el gran olvidado de las investigaciones sobre química medioambiental? Pese a ocupar las tres cuartas partes del planeta, se dedica mucha más atención a la tierra firme. Las zonas costeras, por su especial complejidad, ¿no han sido tratadas demasiadas veces como una especie de "territorio de nadie", ni del todo mar ni del todo tierra firme, faltando durante mucho tiempo la coordinación y la especialización necesarias para dedicarles toda la atención que merecen?

El conocimiento de los océanos ha pasado por varias etapas: el descubrimiento de que el mundo era esférico, su circunnavegación por Elcano y exploración en los siglos posteriores por los grandes navegantes europeos, ello nos ha mostrado su inmensidad. A partir de la expedición científica del navío Challenger (1872-76) nace realmente la Oceanografía. El barco, estudiando y explorando, recorrió más de 120.000 km a través de los océanos Atlántico, Antártico, Índico y Pacífico  Su gran trabajo  de investigación marina puso unos fuertes cimientos a la Oceanografía con un informe de 50 volúmenes (“The Report”, 1885-95). 

Los avances técnicos a finales del siglo XX han aportado equipos electrónicos y satélites que nos están proporcionando medios para la observación y el estudio global de los océanos. Hasta estonces había sido más fácil buscar recursos en tierra, promocionándose la geología y la ecología a finales del siglo XIX por cada nación para el conocimiento de sus recursos vivos y minerales. En el mar estuvo focalizado en la riqueza pesquera; cabe recordar que España entró durante la década de 1910 en la Oceanografía de la mano del príncipe Alberto de Mónaco y se prestó mucha atención a los recursos vivos y sus fluctuaciones.  

El territorio de nadie siempre ha sido el océano, solo hay que ver los problemas entre naciones recientemente generados en el Ártico por los recursos de su fondo oceánico. Las plataformas continentales, o las aguas territoriales, son un lugar de lucha de intereses económicos, políticos y científicos dentro de cada nación, lo que no favorece su estudio integral. Es un reto para el correcto conocimiento y la preservación de la salud de los mares costeros, la naturaleza no reconoce fronteras políticas.  


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