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Martes, 17 abril 2012
Medicina

El frío, en vez del calor, podría ayudar a evitar los daños causados en algunos bebés por un bajo nivel de oxígeno

En los bebés prematuros, los pulmones inmaduros y los frecuentes descensos de presión arterial los hacen especialmente vulnerables a la hipoxia, una situación en la que sus tejidos no reciben suficiente oxígeno, lo cual conduce en algunas ocasiones a daños permanentes en el cerebro.

Una nueva investigación realizada en ratas recién nacidas sugiere que una estrategia, que hoy en día es habitual para cuidar a los bebés humanos en esa situación, podría en realidad estar haciendo más mal que bien, aumentando, en vez de reduciendo, las posibilidades de que surjan déficits neurológicos a largo plazo. La polémica está servida.

El nuevo estudio ha sido realizado por Hershel Raff, Eric D. Bruder, y Mitchell A. Guenther, del Centro Médico de Aurora St. Luke en Milwaukee, Wisconsin, y el Medical College de Wisconsin, una universidad cuyo campus está en la misma ciudad estadounidense de Milwaukee.

En la investigación, se constató que las crías de rata expuestas a bajos niveles de oxígeno durante un periodo de hasta tres horas, y mantenidas en un ambiente cálido, presentaron, en la regulación de la insulina y de la glucosa, cambios que condujeron a los animales a sufrir hipoglucemia.

En cambio, las crías de rata a las que se dejó enfriar espontáneamente, en lo que es una respuesta natural al nivel disminuido de oxígeno en la sangre, mantuvieron sus niveles de insulina y glucosa más estables a lo largo del periodo de observación.

Lo descubierto en esta investigación sugiere que enfriar a los bebés prematuros que han sufrido falta de oxígeno, en vez de colocarlos en un ambiente cálido, podría ayudar a evitar los daños cerebrales asociados con esa situación de hipoxia.


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