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Viernes, 4 mayo 2012
Ecología

La presencia actual en Estados Unidos de yodo-129 de Fukushima Daiichi

El yodo radiactivo detectado en New Hampshire, Estados Unidos, por expertos del Dartmouth College, es consecuencia directa de la explosión en un reactor nuclear y la fusión accidental de su núcleo muy lejos de allí, en Japón. La catástrofe de la central nuclear de Fukushima Daiichi, a raíz del terremoto y el tsunami del 11 de Marzo de 2011, fue el mayor desastre nuclear desde el de Chernóbil en 1986.

"Vivimos en un planeta muy pequeño y esto demuestra que lo que ocurre en Japón tiene el potencial de afectarnos", subraya Joshua Landis, del equipo de investigación.

Los resultados, presentados ahora, de un detallado trabajo de análisis de muestras tomadas en la Cuenca de Mink Brook, New Hampshire, desde Marzo hasta Mayo de 2011, mostraron la presencia de yodo radiactivo. Sin embargo, la cantidad depositada en el suelo fue mínima, revelando los cálculos que la cantidad total es del orden de los 6.000 átomos por metro cuadrado. A estos niveles, es poco probable que vaya a provocar algún problema medible para la salud.

En las muestras de los sedimentos acuáticos de la cuenca, se detectaron concentraciones que duplicaban a las que se encontraron en los suelos. De todas formas, incluso con estas concentraciones, es previsible que las corrientes fluviales esparzan lo suficiente el material como para diluirlo hasta concentraciones aún más bajas.

El radioisótopo yodo-131, parte importante de la lluvia radiactiva, es un subproducto de la fisión nuclear, altamente radiactivo, muy tóxico y peligroso para la salud cuando llega al medio ambiente. Tiene un periodo de semidesintegración relativamente corto, que es a la vez una bendición y una maldición. Libera mucha radiactividad, lo cual lo hace peligroso, pero desaparece con rapidez, así que no hay riesgo de exposición a largo plazo. Su alta radiactividad, sin embargo, hace que sea fácilmente detectable por los instrumentos de espectroscopia de rayos gamma usados por el equipo de Dartmouth en sus análisis.

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Éste no es el caso de otro isótopo, el yodo-129, liberado simultáneamente con el yodo-131. No es tan radiactivo, lo cual hace que sea mucho más difícil de detectar, pero dura mucho más tiempo y, si se concentra en ciertas áreas, puede volverse más peligroso. Debido a su largo periodo de semidesintegración, el yodo-129 que se acumula en el medio ambiente representa un riesgo radiológico serio.

La tasa de producción de estos dos isótopos en un reactor nuclear es de 3 partes de yodo-131 por una parte de yodo-129. Las dos sustancias viajan juntas, por lo que la presencia del isótopo fácilmente detectable también indica la presencia del de más larga duración. Tras un accidente nuclear como el de Fukushima Daiichi, el yodo-131 liberado afronta su proceso de desintegración principal en cuestión de semanas (la fase de semidesintegración le dura sólo 8 días), pero el yodo-129 se mantiene como una amenaza durante muchísimo más tiempo.


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