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Miércoles, 9 mayo 2012
Psicología

¿La preocupación ha coevolucionado con la inteligencia?

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La mayoría de los animales centra su pensamiento en el presente, y sólo reacciona ante los peligros cuando se presentan. Los humanos, en cambio, a menudo pensamos en lo que nos puede deparar el futuro, y sentimos preocupación por infinidad de cosas que no nos están sucediendo pero que tememos que podrían ocurrirnos.

Esta capacidad de preocupación pudo haber surgido paralelamente a la inteligencia, en el transcurso de la evolución, como un rasgo beneficioso, según un estudio reciente.

El equipo del Dr. Jeremy Coplan, profesor de psiquiatría en el Centro Médico SUNY Downstate de la ciudad de Nueva York, encontró que una gran inteligencia y un alto nivel de preocupación se correlacionan ambas con la actividad cerebral medida mediante el agotamiento del nutriente conocido como colina, en la materia blanca subcortical del cerebro. Según los investigadores, esto sugiere que la inteligencia pudo coevolucionar con la preocupación en los humanos.

Tal como argumenta el Dr. Coplan, aunque una preocupación excesiva generalmente es vista como un rasgo negativo, y una gran inteligencia como uno positivo, la preocupación puede hacer que nuestra especie evite situaciones peligrosas, independientemente de cuán remota pueda ser una posibilidad. En esencia, la preocupación puede hacer que la gente sea previsora y evite riesgos innecesarios, y la gente así puede tener mayores tasas de supervivencia. Por tanto, al igual que la inteligencia, la preocupación puede conferir una ventaja a la especie.

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En este estudio sobre preocupación e inteligencia, se comparó a 18 voluntarios sanos (8 hombres y 10 mujeres) con 26 pacientes afectados por trastorno de ansiedad generalizada (12 hombres y 14 mujeres) para evaluar la relación entre el coeficiente intelectual (también llamado cociente intelectual), el nivel de preocupación, y el grado de actividad del metabolismo de la colina en la materia blanca subcortical.

En el grupo de control, el integrado por voluntarios sanos, el coeficiente intelectual alto estaba asociado con un menor grado de preocupación. En cambio, en las personas aquejadas de trastorno de ansiedad generalizada, el coeficiente intelectual alto estaba asociado con un mayor grado de preocupación. La correlación entre el coeficiente intelectual y la preocupación fue significativa tanto en el grupo con trastorno de ansiedad generalizada como en el grupo de control sano. Sin embargo, en el grupo de las personas con trastorno de ansiedad generalizada la correlación fue positiva, mientras que en el grupo de control de la gente sana la correlación fue negativa.


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