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Jueves, 24 febrero 2011
Biología

Evolución de las especies gracias a los errores

Para su teoría revolucionaria sobre la selección natural de las especies, Charles Darwin se basó en que las variaciones genéticas entre los organismos son la clave de la evolución. Algunos individuos se adaptan mejor a un entorno determinado que otros, y esto aumenta las probabilidades de que sobrevivan y transmitan sus genes a las generaciones futuras. Pero cómo exactamente la naturaleza crea las variaciones iniciales ha sido para los biólogos evolutivos un enigma, hasta ahora.

[Img #1367]Joanna Masel y Etienne Rajon, de la Universidad de Arizona, han descubierto cómo los organismos hacen frente a los errores que aparecen durante la interpretación del código genético de sus células, y cómo esto influye en gran medida en su capacidad para adaptarse a las nuevas condiciones ambientales; en otras palabras, su capacidad para evolucionar.

En la naturaleza, muchos de los nuevos rasgos que permiten a sus portadores conquistar nuevos hábitats empiezan como errores cometidos por las células. Tales errores dan lugar a proteínas alteradas, con propiedades o funciones cambiadas que son completamente nuevas, aún cuando no haya fallado nada en el propio gen. Algún tiempo después, uno de estos errores puede entrar en el gen y establecerse de forma más permanente.

Si los mecanismos que interpretan la información genética fueran impecables, los organismos se mantendrían iguales todo el tiempo y no podrían adaptarse a nuevas situaciones o cambios en su entorno, argumenta Masel.

Los seres vivos se enfrentan a dos opciones para manejar los peligros que plantean los errores. Una de ellas es evitar equivocaciones desde el principio; por ejemplo, tener un mecanismo de revisión para detectar y corregir los errores que puedan surgir.

La otra alternativa es permitir que los errores existan, pero desarrollar la capacidad de resistir los efectos nocivos que tales errores puedan provocar.

El equipo de investigación ha descubierto que las poblaciones extremadamente pequeñas tienden a desarrollar soluciones del primer tipo, mientras que las poblaciones muy grandes suelen desarrollar soluciones del segundo tipo.

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