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Martes, 1 marzo 2011
Climatología

Los efectos que atenuar la luz solar tendría para la meteorología de la Tierra

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Los proyectos para atenuar la radiación solar que llega a la Tierra, creando algo que funcione como una especie de parasol planetario, buscan reducir la cantidad de luz solar que alcanza la superficie de nuestro mundo, con el fin de neutralizar los efectos del cambio climático. La estrategia más fácil de geoingeniería (la ingeniería especializada en proyectos de esta clase) sería crear una especie de niebla tenue, integrada por partículas que impidiesen pasar a una porción de la luz solar.

Nieblas sutiles de esta clase pueden aposentarse en la atmósfera durante periodos de meses e incluso años como resultado de erupciones volcánicas. Además, todo apunta a que ya tenemos, para bien o para mal, un involuntario y poco saludable parasol creado como consecuencia de la quema de combustibles fósiles; un parasol persistente que se irá haciendo cada vez más espeso si no logramos refrenar la polución del aire.

Tanto en el caso de estos parasoles fortuitos, como en el de los deliberados, las consecuencias de su acción a largo plazo y a gran escala son esencialmente desconocidas.

En un nuevo estudio, el equipo de Peter Braesicke, del Centro para la Ciencia Atmosférica en la Universidad de Cambridge, ha tratado de definir mejor esas posibles consecuencias futuras. Para ello, los investigadores se han centrado en los posibles efectos que un nivel amortiguado de luz solar puede tener sobre lo que se conoce como teleconexiones atmosféricas, las cuales son muy importantes para la previsibilidad de los regímenes meteorológicos.

Se llama teleconexiones atmosféricas a las complejas relaciones existentes entre anomalías climáticas de diferentes puntos del globo terráqueo separados a grandes distancias. Por ejemplo, existe un vínculo de esta clase entre la presión atmosférica a nivel del mar en Tahití y la registrada en Darwin, Australia; una teleconexión que define al fenómeno climático conocido como Oscilación del Sur.

El equipo de Braesicke cree que la teleconexión entre las temperaturas tropicales y la circulación extratropical, un vínculo hoy bastante bien conocido y predecible, podría sin embargo cambiar de manera notable ante una atenuación de la radiación solar incidente.

Esto podría acarrear serias consecuencias para los regímenes meteorológicos dominantes, particularmente para la teleconexión entre el fenómeno de El Niño y la Oscilación del Sur, conocida en su conjunto como ENOS.

Una amortiguación persistente de la luz solar, como las que han sido propuestas para refrenar el calentamiento global, cambiaría el perfil de temperaturas en la atmósfera, con una disminución de las mismas en todas las altitudes. Eso, a su vez, provocaría una cascada de efectos difícil de pronosticar, en la que no faltarían interacciones entre el clima y la química atmosférica (que incluirían cambios en el ozono estratosférico), con el resultado de alteraciones en teleconexiones importantes.

La geoingeniería estratosférica con aerosoles de sulfatos podría tener consecuencias imprevistas. Estudios previos hacen temer que esta clase de geoingeniería ocasionaría, en combinación con otros factores, una disminución de la lluvia aportada por el monzón de verano en Asia y África, amenazando potencialmente la seguridad alimentaria de varios miles de millones de personas.

Entre las preguntas que aún están sin responder, figura, por ejemplo, la de si una niebla permanente de aerosol estratosférico tendría el mismo efecto que las nieblas temporales provocadas por los volcanes. Otra crucial pregunta sin respuesta es la de que hasta qué punto los cambios regionales en la precipitación serían compensados por los cambios regionales en la evapotranspiración.


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