Martes, 18 septiembre 2012
Oceanografía

El papel clave de las corrientes marítimas en la absorción de CO2 por el Océano Antártico

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Un equipo de científicos del BAS (British Antarctic Survey) del Reino Unido, y la agencia nacional australiana de investigación científica (la CSIRO, por las siglas de Commonwealth Scientific and Industrial Research Organisation) ha descubierto cómo se transfiere carbono desde la superficie del Océano Antártico hacia las aguas profundas mar abajo.

El Océano Antártico es un sumidero importante de carbono en el mundo, pues de todo el CO2 emitido globalmente cada año y absorbido por los océanos, alrededor del 40 por ciento es absorbido por él.

El equipo de Jean-Baptiste Sallée del BAS y Richard Matear de la CSIRO ha constatado que el carbono no es absorbido de modo uniforme en las aguas marinas profundas de áreas amplias, sino que es retirado de la atmósfera y mantenido alejado de ella gracias a corrientes marítimas descendentes que ocupan grandes espacios del mar.

Los vientos, las corrientes, e inmensos remolinos que arrastran las aguas cálidas y las frías por el mar, crean sendas para el paso del carbono que acaba almacenándose en las profundidades marinas.

Debido a la notable extensión y a la remota ubicación del Océano Antártico, sólo recientemente los científicos han podido explorar de modo detallado su conducta. Para ello ha sido decisiva la ayuda de pequeños robots submarinos. En 2002, 80 robots de la red Argo fueron puestos en servicio en el Océano Antártico para recolectar información sobre la temperatura y la salinidad. Este conjunto único de observaciones, que ya abarca la nada despreciable cifra de diez años de datos, ha permitido a los científicos investigar a fondo esta remota región del mundo por vez primera.

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Estos robots, con forma de torpedo, tienen una longitud en torno al metro y medio, están pintados de un color amarillo intenso, y la mayor parte del tiempo se dejan arrastrar por las corrientes oceánicas profundas. Los datos que reúnen los transmiten vía satélite hacia una base ubicada en tierra firme. Luego vuelven a descender por la columna de agua hasta una profundidad típica de entre mil y dos mil metros, y recogen nuevos datos de temperatura, salinidad, y otros parámetros, hasta que suben a la superficie unos diez días después, para transmitir su nuevo informe vía satélite.

Muchas de las observaciones rutinarias han tenido que ser efectuadas tradicionalmente por personal científico a bordo de buques de investigación especializados, lo que ha limitado seriamente el alcance del trabajo, por motivos logísticos y económicos. Por ello, el uso de robots de la flota Argo para tales observaciones representa un gran avance. Desde que comenzó a forjarse la red internacional de observación Argo, sus robots han sido puestos a navegar en zonas marítimas desde 30 países, incluyendo España, México, Argentina y Perú. En la actualidad, hay en todo momento alrededor de 3.000 robots activos distribuidos por los mares del mundo.



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