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Jueves, 25 octubre 2012
Ingeniería

Automóviles sin nadie al volante, de la ciencia-ficción a la realidad

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En Estados Unidos, los estados de California, Nevada, y Florida ya han establecido el permiso de circulación para automóviles con la facultad de circular sin nadie al volante. Además, no dejan de sucederse los avances tecnológicos en el campo de los automóviles sin conductor, de tal modo que bastantes expertos ya opinan que la comercialización a gran escala de vehículos destinados a ocupantes que puedan ejercer exclusivamente de pasajeros es una posibilidad real para un futuro no muy lejano.

Esta tendencia a dotar de automatismos e "inteligencia" a los automóviles, que ahora está culminando en los citados coches que circulan solos, comenzó a arrancar en la década de 1980. Desde entonces, bastantes conductores de vehículos de alta gama, y hoy en día de no tan alta, han estado recibiendo advertencias de voces artificiales de sus automóviles. Se comenzó con advertencias simples, como por ejemplo el típico aviso de "La puerta no está cerrada". Pero hoy en día, los modelos más sofisticados tienen incluso sistemas de reconocimiento de voz y cámaras con las que entender palabras y gestos de la persona sentada al volante. Los conductores pueden hacer preguntas sobre datos de su sistema de navegación GPS y obtener respuestas. Los sistemas de música obedecen órdenes verbales para reproducir canciones de un artista específico. Algunos automóviles pueden hacer cosas como marcar un número de teléfono, dar una advertencia verbal cuando el líquido limpiaparabrisas está bajo, o avisar de que más adelante hay una congestión de tráfico. El sistema GPS, que sabe exactamente dónde está el vehículo y sus ocupantes, puede hacer sugerencias sobre restaurantes cercanos.

Más allá de los pequeños automatismos para facilitar la conducción y para hacer más agradable el tiempo que la persona pasa al volante, hay un objetivo evidente que todo el mundo desearía que se alcanzase:

Evitar accidentes.

Sólo por eso ya merecen la pena todos los esfuerzos de investigación y desarrollo que se hacen en el naciente campo de los automóviles inteligentes.

En sólo medio segundo, un conductor puede virar bruscamente para evitar un accidente fatal, o pisar los frenos para no atropellar a un niño que corre tras una pelota. Pero primero, el conductor debe percibir el peligro.

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Algunas investigaciones muestran que un sistema artificial de alerta rápida, capaz de percatarse de riesgos antes que el ojo humano, puede ayudar a evitar accidentes de tráfico. Una línea de investigación pionera al respecto es la impulsada por el profesor Shai Avidan, de la Facultad de Ingeniería en la Universidad de Tel Aviv en Israel, quien inició una interesante colaboración con investigadores de General Motors Research para desarrollar algoritmos avanzados que permitan a las cámaras montadas en automóviles de General Motors una detección "inteligente" de peligros potenciales en la carretera a fin de ayudar a los conductores a tomar las decisiones correctas en fracciones de segundo.

Disponer en el automóvil de un sistema robusto y fiable basado en estos algoritmos o en otros comparables implica para el conductor el beneficio de ser advertido sobre vehículos de los que no se ha percatado, ayudarle a dar un volantazo cuando un niño corra hacia la calzada, o automáticamente bloquear puertas de un lado del automóvil para evitar que los pasajeros las abran si un ciclista está a punto de pasar a gran velocidad al lado del coche.

En acciones del estilo de esa última, es decir actos decididos y ejecutados exclusivamente por el automóvil ante una situación de emergencia a la que el conductor no está reaccionando debidamente, es donde mejor se aprecia lo que un automóvil inteligente puede hacer.

Esa especie de copiloto virtual es un concepto de diseño en el que ya se están haciendo avances notables hacia una reducción de costos lo bastante grande como para que tal sistema pueda ser instalado en automóviles de gama media en un futuro cercano. Por ejemplo, un prototipo muy prometedor es el sistema semiautónomo de seguridad desarrollado por el equipo de Sterling Anderson, del Departamento de Ingeniería Mecánica del Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT), en Cambridge, Estados Unidos, y Karl Iagnemma, del Grupo de Movilidad Robótica del MIT. El sistema utiliza una cámara y un telémetro láser, instalados a bordo del automóvil, para identificar peligros en el entorno del vehículo. El sistema permite a la persona que está al volante controlar el vehículo, y sólo toma el control cuando el vehículo está a punto de salirse de una zona segura. Los automóviles equipados con un sistema de este tipo se dejarían conducir como los convencionales, pero frente a un riesgo de colisión inminente u otro peligro ante el cual el conductor no estuviera reaccionando a tiempo, el vehículo actuaría por su cuenta con un viraje repentino o haciendo lo que creyera la mejor opción para evitar un accidente.

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Desde el campo de la psicología, se están también haciendo avances interesantes. Por ejemplo, Clifford Nass, un investigador especializado en temas de sociología y comunicación en la Universidad de Stanford, de quien ya hablamos en 2008 desde NCYT de Amazings (http://www.amazings.com/ciencia/noticias/230608b.html), considera que un automóvil inteligente con una forma más humanizada de hablar podría persuadir a las personas de que condujeran de forma más segura. Aunque no se pretende que el automóvil sea tan inteligente como el famoso KITT de la serie televisiva de ciencia-ficción "Knight Rider" ("El coche fantástico", "El auto increíble", o con otros títulos según el país), sí se trabaja para conseguir que entienda mejor las necesidades de la persona que lo está conduciendo y se adapte mejor al estado de ánimo de ésta.

Según la corriente de pensamiento defendida por Nass y otros expertos, ese ordenador caracterizado en algunos aspectos como una persona virtual, residiendo aparentemente en algún lugar del automóvil, debería ocuparse de más cosas además de las cuestiones meramente técnicas. Conforme vaya conociendo la voz de su conductor, sus expresiones faciales (obtenidas mediante una cámara a bordo) y su estilo de conducir, podría adaptar su conversación al estado de ánimo de la persona, igual que haría un pasajero humano. Si el ordenador que hay detrás de la voz sintética percibe que el conductor está nervioso, a medida que los sensores del automóvil van alertando silenciosamente al ordenador de que la conducción de la persona sentada al volante se está volviendo errática, la voz podría intentar calmarla. Para lograrlo, se necesitaría no sólo emplear las palabras más oportunas sino también un tono de voz adecuado. Las frías advertencias, en voz neutra, pueden incluso ser contraproducentes, porque no se tiene en cuenta la psicología humana.

De todos los pasos en esta evolución inteligente del automóvil, el más fascinante e inquietante es, sin embargo, el de los vehículos que circulen sin nadie al volante. Los permisos de circulación a tan singulares automóviles en tres estados de EE.UU., que citábamos al inicio de este artículo, es una demostración impactante de que ese concepto, exclusivo de la ciencia-ficción hasta no hace mucho, ya se ha transformado en parte del mundo real.

E incluso la revista académica Human Factors, editada por la Human Factors and Ergonomics Society, una organización científica sin ánimo de lucro formada por más de 4.600 miembros, le ha dedicado recientemente un número especial al espectacular avance de la automatización en los automóviles, bajo la premisa de que, a medida que los vehículos sin nadie al volante se conviertan en algo cotidiano, será cada vez más importante haber investigado lo suficiente como para poder predecir cómo los usuarios interactuarán con esta tecnología revolucionaria.

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