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Viernes, 23 noviembre 2012
Ecología

Supervivencia de las palmeras negras gracias a los roedores

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Algunas de las grandes semillas producidas por árboles tropicales como las palmeras negras probablemente fueron ingeridas y expulsadas enteras por antiguos mamíferos de gran tamaño llamados gonfoterios.

Los gonfoterios pesaban más de una tonelada y dispersaban las semillas hasta grandes distancias.

Pero estas criaturas neotropicales desaparecieron hace más de 10.000 años. Entonces, ¿de qué manera árboles como las palmeras negras han logrado sobrevivir durante 10.000 años, si los animales que dispersaban sus semillas están extintos?

Una investigación reciente ha aportado la solución para este añejo enigma de la ecología. Todo apunta a que unos roedores pueden haber asumido el trabajo de dispersar semillas que realizaban los gonfoterios.

Fijando diminutos transmisores de radio a más de 400 semillas, el equipo de Roland Kays, zoólogo en la Universidad Estatal de Carolina del Norte y el Museo de Ciencias Naturales de Carolina del Norte, y Patrick Jansen, científico del Instituto Smithsoniano de Investigación Tropical (STRI) y la Universidad de Wageningen en los Países Bajos, encontró que el 85 por ciento de las semillas fueron enterradas, a modo de depósito de comida, por agutíes, roedores comunes de tierras bajas tropicales.

Los agutíes transportan las semillas con la boca y las entierran para cuando la comida sea escasa.

El seguimiento por radio reveló algo sorprendente: Cuando los roedores desentierran las semillas, por lo general no se las comen, sino que las trasladan a un sitio nuevo y las vuelven a enterrar, a menudo muchas veces. En el estudio hubo una semilla que fue trasladada de lugar 36 veces.

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Algunas de estas semillas tienen la oportunidad de acabar germinando.

Los investigadores usaron cámaras para vigilar a los animales y descubrieron que los movimientos frecuentes de semillas fueron causados principalmente por animales que robaban las semillas de otros.

Al final, el 35 por ciento de las semillas terminó a más de 100 metros de su lugar de origen.

En la investigación también han trabajado Ben Hirsch de la Universidad Estatal de Ohio, Verónica Zamora Gutiérrez y Willem-Jan Emsens de la Universidad de Wageningen, y Martin Wikelski del Instituto Max Planck para la Ornitología en Alemania.

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