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Viernes, 21 diciembre 2012
Astronáutica

Cuarenta años de soledad lunar

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Artículo escrito por Jorge Munnshe 

En Diciembre de 2012 se han cumplido 40 años del fin de los viajes tripulados a la Luna. La época dorada de 1969-72, que parecía el inicio de la presencia regular de seres humanos en nuestro satélite natural, se quedó finalmente en una serie efímera de visitas. Cuando, el 14 de diciembre de 1972, Eugene Cernan y Harrison Schmitt despegaron de la Luna, se convirtieron en los últimos seres humanos en pisarla, durante un largo e indefinido periodo. Cuarenta son ya los años de soledad lunar, sin nadie presente en el lugar que algunos definieron como el Séptimo Continente, por su cercanía a la Tierra y por la certeza de que la humanidad desarrollaría en ella una actividad científica tan intensa como la registrada en la Antártida.

Después de esos casi cuatro años durante los cuales la Luna no parecía tan fantasmal ni tan hostil para la vida, volvió a transformarse en un paisaje del todo solitario.

En las décadas transcurridas desde entonces, la exploración robótica de otros mundos se ha convertido en la forma exclusiva de explorar los astros; y la aventura de las expediciones humanas a otros mundos, tan extrapolada por la ciencia-ficción, parece más utópica ahora que en los años del programa Apolo. En los tiempos actuales en los que además Marte acapara casi toda la atención dentro del día a día de la exploración del sistema solar, a muchos la Luna se nos antoja más lejana incluso que el Planeta Rojo, pese a tenerla a nuestro lado.

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Los viajes tripulados a la Luna tuvieron mucho de proeza, al estilo de las logradas por los exploradores de lugares ignotos de la Tierra, como por ejemplo la primera llegada de humanos al Polo Sur geográfico, protagonizada por la expedición de Roald Amundsen en 1911. Las expediciones a la Luna no sólo destacaron por la aventura en sí misma, sino también por el portentoso avance tecnológico que se consiguió forjar en muy pocos años. El proyecto Apolo fue una demostración espectacular del empuje colosal que puede tener el progreso científico cuando se le apoya debidamente en lo económico y en lo logístico.

El prodigioso avance hacia los vuelos tripulados a la Luna tomó por sorpresa al propio Arthur C. Clarke, autor de "2001, una odisea espacial", quien en su día no creía posible que el Ser Humano pisara la Luna tan pronto como 1969.

El tremendo impulso de esa fase de la carrera espacial hizo creer a gran parte de la comunidad científica y de la sociedad en general que la presencia humana en la Luna sería incesante y en aumento, avanzando en poco tiempo hasta el establecimiento de bases lunares. Novelas, películas y series televisivas, incluyendo a la mítica "Espacio 1999" ("Cosmos 1999") presentaban de un modo que se consideraba realista esa cotidianidad de las bases lunares para un futuro cercano. Estas predicciones fallidas de la ciencia-ficción pueden parecer hoy en día absurdas, pero hay que tener en cuenta el corto tiempo que transcurrió desde el inicio de la Era Espacial con el lanzamiento del Sputnik 1 hasta el alunizaje del Apolo 11. Si en sólo 12 años de Era Espacial se había pasado del primer objeto de fabricación humana alcanzando la órbita terrestre, al primer humano pisando la Luna, ¿qué cabía esperar para 20, 30 ó 40 años después?

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Con el programa Apolo, la exploración tripulada del cosmos alcanzó su Época Dorada. Cuando la misión del Apolo 11 culminó con los primeros humanos pisando la Luna y su regreso sanos y salvos a la Tierra, el sueño de la aventura cósmica de la humanidad pareció más cerca que nunca. Si unas personas habían caminado sobre la Luna, parecía evidente que en el futuro otras lo harían sobre Marte y sobre muchos más mundos, incluso los de otras estrellas.

Tras el Apolo-11, y con la excepción de la odisea del Apolo-13, los viajes a la Luna se fueron convirtiendo para la sociedad en algo cotidiano y de interés menguante. Cuando le llegó el turno a la expedición final del programa Apolo, la Luna ya no era vista por la sociedad como el desafío de connotaciones épicas que abordó el presidente Kennedy una década antes con el discurso en el que pronunció su famosa frase "Hemos escogido ir a la Luna no porque sea fácil sino porque es difícil".

El Apolo 17 despegó de la Tierra el 7 de diciembre de 1972, mediante un cohete Saturno V. Los miembros de esa última expedición lunar fueron Eugene Cernan, Harrison Schmitt y Ronald Evans. 

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El 11 de diciembre, mientras éste último permanecía en órbita a la Luna, los dos primeros descendieron a la superficie a bordo del módulo lunar. El sitio donde alunizaron está en una sugestiva zona conocida como Taurus-Littrow, formada por un valle, al sur del cráter Littrow, en el sudoeste de las Montañas Taurus.

El 12 de diciembre, Cernan y Schmitt salieron del módulo lunar y comenzaron a inspeccionar los alrededores, ayudados en sus desplazamientos por un todoterreno que fue desarrollado para circular sobre la Luna. Este vehículo se usó también en la expedición del Apolo 15 y en la del 16.

Gracias al todoterreno, el radio de acción de cada excursión de los astronautas se pudo ampliar de modo notable, en comparación a si todos los desplazamientos se hubieran tenido que hacer a pie. La expedición del Apolo 17 fue la que sumó más kilómetros recorridos con su todoterreno, unos 35 (unas 22 millas). Pilotado por Cernan, el vehículo alcanzó su récord de velocidad lunar, 18 kilómetros por hora.

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La misión del Apolo 17 destacó por varias cosas, aparte de por ser la última del programa Apolo. 

Para empezar, contó con la novedad de enviar un geólogo a la Luna, Schmitt. Él ya había enseñado a astronautas de las misiones previas a realizar trabajos de extracción de muestras de minerales lunares, y por fin pudo hacer investigaciones directamente sobre el terreno.

Se recogieron muchas muestras de suelo y de rocas, incluyendo un llamativo tipo de suelo anaranjado, no visto en ninguna de las expediciones anteriores.

Cernan y Schmitt pasaron 75 horas en la superficie de la Luna, de las cuales algo más de 22 las transcurrieron en el exterior del módulo lunar, dedicados a sus exploraciones de la zona y a trabajos científicos de campo. Su tiempo total de permanencia en la superficie de la Luna fuera del módulo lunar fue el mayor de entre los dedicados por cada una de las expediciones anteriores.

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Cernan y Schmitt partieron de la Luna el 14 de diciembre, a bordo de la fase de ascenso del módulo lunar. Tras el acoplamiento con el módulo de mando que aguardaba en órbita lunar con Evans a bordo, los astronautas iniciaron el viaje de regreso a la Tierra, saliendo de la órbita lunar y por último amerizando en nuestro planeta el 19 de diciembre.

Cernan, Schmitt y Evans cerraron un capítulo en la historia de la exploración humana del cosmos, pero no despiertan en la comunidad astronáutica y en el resto de la sociedad tanta fascinación como Armstrong, Collins y Aldrin, la tripulación del Apolo 11. Pude comprobarlo por mí mismo cuando conocí en persona a Aldrin hace años.

Sin embargo, con el paso de los años, el carisma de la tripulación del Apolo 17 ha crecido, y seguirá haciéndolo conforme transcurra el tiempo sin que nadie más viaje a la Luna, un tiempo que, a juzgar por cómo van las cosas, será muy largo.

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El programa Apolo fue el catalizador de una vorágine de avances tecnológicos, muchos de los cuales fueron luego adaptados con gran éxito a sectores distintos del de la astronáutica, o incluso integrados en la vida cotidiana de mucha gente. No obstante, pese a los inmensos beneficios que puede darle a la humanidad el invertir dinero en programas como el Apolo, la ciencia es a menudo la Gran Perdedora a la hora de repartir inversiones económicas. En las páginas de mi artículo publicado el 20 de julio de 1994 en el diario El País (ElPais.com) con motivo del 25 aniversario del Apolo 11, expuse una visión del futuro lunar a corto plazo que es casi la antítesis de la que expongo ahora en este artículo de 2012. A mediados de los años 90, eran muchos y muy prometedores los proyectos encaminados al retorno humano a la Luna en los que se estaba trabajando, y todo hacía suponer que ese regreso se materializaría en un futuro no muy lejano. Dos décadas después, muchos de aquellos trabajos científicos, en infinidad de áreas como la ingeniería aeroespacial, la arquitectura, la minería, la agricultura o la medicina, están en hibernación o incluso se han vuelto obsoletos, sin haberse podido llevar a la práctica en el marco de ese tan esperado regreso del Ser Humano a nuestro satélite natural.

La Luna, en cierto sentido, está hoy más lejos de la Tierra que en tiempos del Apolo.


[Img #11126]Acerca del autor de este artículo: Jorge Munnshe (nacido en Catalunya, España, en 1965) es escritor y periodista científico y cultural. Aborda estos temas desde el terreno del ensayo y la divulgación con sus artículos y algunos de sus libros, y desde el de la ficción con novelas y relatos. Tiene publicados varios libros y alrededor de un millar de artículos. Textos suyos han aparecido en volúmenes impresos, en una cincuentena de revistas de papel y en numerosas publicaciones en formato electrónico. La mayor parte de su producción ha sido editada en español, pero algunos de sus escritos están publicados en otros idiomas, como por ejemplo inglés, francés, ruso y catalán. Ha sido galardonado con diversos premios por su actividad. Ejerció durante algún tiempo de corresponsal para un equipo que realizaba un programa radiofónico en la Radio-Televisión Estatal Rusa (antes Soviética) y uno televisivo en la Televisión Nacional (antes Regional) de Ucrania. Cofundó Amazings.com en 1996 y Noticiasdelaciencia.com en 2011.

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