Miércoles, 9 enero 2013
Zoología

Hallan un raro ejemplar de armadillo: el pichiciego

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Investigadores del laboratorio de Fisiología de la Universidad Nacional del Sur y del Conicet, ambos en Argentina, estudian un “pichiciego” menor, una especie rara y misteriosa de armadillo que está en peligro de desaparición y habita en cuevas subterráneas. El ejemplar fue hallado casualmente en cercanías de la ciudad.

Su encuentro, realizado por un pescador, fue extraño, porque no son animales que suelan verse en la superficie y de hecho, no sobreviven fuera de su hábitat, por lo cual se dificulta su observación. Conocido también como “ratoncito cascarudo”, su hallazgo inesperado permitió confirmar su presencia en la zona.

Sus particularidades casi se desconocen y los datos se basan en especulaciones y comparaciones con sus “familiares” más cercanos, como las mulitas, por ejemplo. De ahí la importancia del estudio que se lleva adelante sobre el ejemplar.

El pequeño animal -de alrededor de 10 centímetros de largo, y menos de 100 gramos de peso- falleció al día siguiente del hallazgo. Su estado físico era tan delicado que los científicos decidieron no someterlo a exámenes invasivos, a pesar de la importancia que tendría para la ciencia conocer sus datos. “Se lo veía muy débil, y que lo capturaran tan fácil, sin que intentara huir, nos hizo sospechar de su situación”, indicó a Argentina Investiga la doctora Casanave, investigadora del Conicet. Desde su aparición los científicos están abocados a su análisis.

Según explicó Casanave, se le tomó una muestra de materia fecal, que se estudiará en su laboratorio, y cuyos resultados no se conocen aún. “De allí se podrán sacar algunas conclusiones, porque en general, a diferencia de otras especies, al pichiciego se lo estudia más por los libros que por el contacto directo, por la dificultad de encontrarlos”, dijo.

“Podríamos haberle extraído sangre para conocer las características de sus células, los valores bioquímicos, la citogenética, toda una serie de informaciones que inferimos sólo por comparación con datos de otros armadillos, pero decliné hacerlo para tratar de preservarlo, aunque sabía que sus chances de vida eran muy pocas”, aclaró. Ahora, estudian el aparato auditivo y sus adaptaciones a la vida subterránea.

“Si bien el pichiciego carece de pabellón auditivo externo (orejas), oye y registra vibraciones. Es un tema sobre el cual estamos muy interesados para saber cómo funciona”, agregó. De color rosado, con pelos en el vientre y con ojos de escasa visión, el pichiciego tiene hábitos nocturnos, vive en cuevas bajo tierra y sale al exterior sólo en forma esporádica y de noche.

Es originario de la región centro-este del país y se encuentra en riesgo de extinción por el avance del hombre sobre los campos, especialmente por la agricultura, la desaparición de su hábitat y la predación por parte de perros domésticos. “Se sabe tan poco de la biología de este animal que es todo un misterio. Sólo conocemos que viven bajo tierra, que se alimentan de insectos y sus larvas, plantas y raíces y que no sobreviven en cautiverio”, dijo.

El menor de los armadillos se caracteriza por ser buen excavador. En los miembros superiores posee fuertes uñas que le permiten cavar rápidamente. Es huidizo y escapa de los movimientos, personas y animales. Explicó que es un ejemplar adulto, y que la especie se ha estudiado tan poco que la mayoría de los datos son especulaciones por aproximación a otros armadillos. No se sabe casi nada de su biología básica o de su historia evolutiva.

“Cuando lo vi fue muy emocionante, porque es el primero que veo en toda mi carrera. Antes sólo los había estudiado por libros o visto algún ejemplar embalsamado”, destacó la profesora asociada de Fisiología Animal. “Es un animal que difícilmente aparece fuera de la superficie, porque su hábitat es el mundo subterráneo y, además, tiene una personalidad tímida y huidiza”, agrega. Casanave puntualiza que los pichiciegos menores pertenecen a la familia Dasypodidae, que incluye un conjunto de animales conocidos vulgarmente como armadillos, que también está integrado por el tatú carreta, la mulita, el peludo, el pichi patagónico y el pichi llorón, entre otros. La familia de los armadillos se caracteriza por poseer una armadura formada por placas óseas cubiertas por escudos córneos que les sirven como protección y que en algunos géneros permiten al animal enrollarse como una bola, son propios de la zona de América del Sur y Central.

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La profesora explicó que sería muy interesante estudiar esta especie en su hábitat; para aprender sobre sus características ecológicas y comportamentales pero, dadas sus particularidades y sus hábitos subterráneos, es una posibilidad muy remota, onerosa y poco práctica.

“Lo importante es que ahora sabemos que donde lo hallaron hay ejemplares, es bueno saberlo, porque tampoco se conoce con exactitud dónde viven y menos aún cuántos hay. Es como estudiar algo que nunca se pudo ver ni tocar, para los biólogos suele ser un gran escollo no tener acceso, o que tenerlo signifique la probable muerte del animal”, culminó.

El pichiciego menor o pampeano es mamífero, pero no se sabe cuántas crías puede gestar, ni cuánto se extiende el periodo de formación. Se alimenta de hormigas y sus larvas, gusanos, caracoles y raíces. Se caracterizan por tener el lomo cubierto por una protección córnea. Aunque en un porcentaje muy reducido, sus ojos, diminutos, poseen el don de la vista.

Un pichiciego puede medir hasta 11 centímetros sin contar la cola, que es achatada, corta, rígida, revestida por placas y termina en un disco aplanado tipo espátula. Le sirve como ayuda de apoyo cuando escarba. Al excavar, el animal apoya su extremo trasero con la cola y utiliza los miembros anteriores arrojando la tierra hacia atrás, por abajo de su cuerpo; y empuja con los posteriores detrás de sí mismo. Desde 1970 está en la lista de especies en riesgo de extinción. Su principal problema es la destrucción de su hábitat. (Fuente: Argentina Investiga)



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