Miércoles, 9 enero 2013
Astronáutica

Gran Enciclopedia de la Astronáutica (3): A (Aggregat)

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A (Aggregat)

Cohetes; País: Alemania; Nombre nativo: Aggregat

El Tratado de Versalles limitó severamente la expansión armamentística alemana tras la Primera Guerra Mundial, pero se olvidó de mencionar a los cohetes. Por eso, en enero de 1930, el coronel Karl Emil Becker encargaba al capitán Walter Dornberger un estudio sobre su posible aplicación militar. El resultado de este trabajo fue el inicio el 17 de diciembre del desarrollo de un cohete de pólvora con un alcance de 5 a 9 Km (reemplazando a la prohibida artillería), así como de vehículos de propulsión líquida más potentes. Para poder hacer los ensayos, la Reichwehr instaló un centro de experimentación en el campo de tiro de Kummersdorf-West, en las afueras de Berlín.

Todo ello se llevaría a cabo con el máximo secreto e implicaría el reclutamiento de expertos en el área. Los miembros de la VfR (Verein für Raumschiffahrt) o Sociedad para el Viaje Espacial, un grupo dedicado desde 1927 a desarrollar la técnica de los cohetes, eran obvios candidatos al trabajo, pero inicialmente se les consideró apenas unos aficionados. A pesar de todo, en la primavera de 1932, Karl Becker, von Horstig y Walter Dornberger hicieron una visita al campo de pruebas de la VfR, donde llegaron a la conclusión de que el cohete de combustible líquido era efectivamente viable como misil.

Buscando el personal apropiado, el Ejército pensó en Oberth, pero éste era rumano, y eso lo descalificaba. En su lugar, Dornberger intentó hacerse con sus más aventajados colaboradores. Complacidos por el interés demostrado, von Braun, Nebel y Riedel, todos ellos de la VfR, organizaron una demostración de sus habilidades en Kummersdorf a cambio de unos 1.000 Reichsmark. La prueba con un cohete Mirak-II fue, sin embargo, algo decepcionante, y Nebel no consiguió cobrar.

Von Braun se dio cuenta en ese momento de que el Ejército quería menos espectáculo y más rigor científico. Por otro lado, si querían su apoyo económico para los experimentos, tendrían que aceptar ponerse bajo jurisdicción militar. Nebel y Riedel se negaron, así que von Braun fue el único que dio el paso. Su obsesión, el vuelo espacial, pasaba por dejar de ser un aficionado y profesionalizarse. Se necesitarían gentes preparadas, y altos presupuestos, y eso sólo podía ofrecerlo el Ejército. El 1 de noviembre de 1932, von Braun entraba oficialmente a trabajar como empleado civil en Kummersdorf, bajo las órdenes de Dornberger. Su objetivo y el de su equipo sería el desarrollo de cohetes de combustible líquido.

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En enero de 1933, von Braun estaba ensayando ya un nuevo motor y empezaba a planear una serie de cohetes (“A”) que les llevara hacia el futuro misil que deseaba el Ejército. El ingeniero era consciente de la aplicación bélica del invento, pero estaba convencido de que ésta era la única vía para avanzar en la cohetería, y con ello en la obtención de las herramientas necesarias para alcanzar el espacio.

En marzo de 1934, Arthur Rudolph consiguió lanzar su propio cohete de propulsión líquida. Advertido de ello, Walter Dornberger le contrató para el equipo de técnicos del Ejército. Con la mejor materia gris sobre cohetes a su disposición, el programa avanzó rápidamente. El primer vehículo, el A-1, tuvo problemas técnicos, así que fue dejado de lado. Tenía 1,4 metros de alto y 30,5 centímetros de diámetro, y pesaba 150 Kg. El motor de Rudolph, que consumía alcohol y oxígeno líquido, explotó en la rampa de salida, en su primer intento de vuelo.

En cambio, dos A-2, llamados Max y Moritz, fueron lanzados con éxito desde la isla de Borkum poco antes del día de Navidad (19 y 20 de diciembre de 1934) y alcanzaron unos 2.200 y 3.500 metros de altitud, respectivamente. Con ello, los presupuestos aumentarían considerablemente. Diseñados ese mismo año,  medían 1,6 metros de alto y pesaban 107 Kg. Se parecían mucho a los A-1, pero eran más estables debido a la situación de los giroscopios.

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Ya en 1935, se empezaron a perfilar las características del A-3, más potente (1.500 Kg de empuje). Hitler había visto el plan de desarrollo de misiles balísticos y los resultados obtenidos hasta entonces y se mostró favorable a proporcionar una financiación adecuada para hacerlo realidad. Ante esta buena noticia, en marzo de 1936 estaban listas las características del cohete A-4, enorme para la época. El A-4 se convertirá en la famosa V-2, el arma de la Venganza.

La creciente carga de trabajo obligó al equipo a buscar un lugar más amplio. Peenemünde será el sitio elegido. Exactamente un año después, las instalaciones estaban a punto y se producía el traslado. La operación coincidió con el alistamiento de otros miembros de la VfR (Riedel, Hueter, Zoike y Heinish).

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Para entonces, la Segunda Guerra Mundial se perfilaba en el horizonte y era necesario empezar a obtener resultados. El 4 de diciembre de 1937 se lanzaron tres cohetes A-3 desde Greifswalder Oie, si bien fueron poco satisfactorios. Uno, no obstante, alcanzó unos 12 Km de altitud. Dado que el A-4 era un paso adelante demasiado grande, se optó por poner en marcha la generación A-5, que permitiese resolver los problemas técnicos. En octubre de 1938, el equipo se vio reforzado con la llegada de algunos de los técnicos que trabajaron con Valier y que después pasaron a hacerlo para el Ejército, cerca de Berlín, aunque en estricto secreto. La fusión de los dos grupos ayudaría a resolver muchos problemas detectados en los vehículos A-3. En esos momentos, el Ejército decidió que estaba listo para empezar a utilizar cohetes en el campo de batalla, de modo que encargó la construcción del nuevo modelo, el A-5, el primero de los cuales, de unos 25, despegó en 1938. Alcanzaron hasta 12,9 Km de altitud, y su objetivo era pulir la tecnología necesaria para el A-4. Sus paracaídas permitían su reutilización. Medían 5,8 metros de alto y 78 centímetros de diámetro. Pesaban 900 Kg al despegue.

El 23 de marzo de 1939 ocurrió un acontecimiento notable en Kummersdorf. Asesorado por sus consejeros, Hitler visitó las instalaciones para ser informado de los progresos del grupo de Dornberger/von Braun. Su llegada se efectuó en medio del aparente desinterés del Führer, quien a pesar de todo asistió a una serie de demostraciones prácticas. Después de la visita, Hitler sólo tenía una pregunta: ¿cuándo podrá estar listo el A-4?

El A-4 fue desarrollado rápidamente (véase el artículo dedicado a la V-2 y sus derivados y futuros desarrollos) y el primer ejemplar fue colocado en su rampa de lanzamiento, para una prueba estática, el 23 de marzo de 1942. Otro vehículo fue el primero en ser lanzado, el 13 de junio de 1942. Sin embargo, no llegaría a tiempo de salvar a Alemania de la derrota.

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