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Viernes, 11 marzo 2011
Entrevista

Almudena Ramón Cueto, pionera de la regeneración neural por glía envolvente olfatoria

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Entrevista realizada por Jorge Munnshe.

[Img #1569]La Dra. Almudena Ramón Cueto es una científica infatigable que ha logrado llevar adelante su trabajo pionero a pesar de las innumerables trabas que le han puesto a su investigación. El ámbito de ésta, la regeneración neural en pacientes con lesión de médula espinal, hace aún más trascendentales su trayectoria profesional y su vocación personal. Su labor de vanguardia en la regeneración neural mediante glía envolvente olfatoria la ha dotado de prestigio en la comunidad científica internacional. Sus actividades la han llevado, entre otras instituciones, a la  Universidad de California en Irvine, la UCLA (Universidad de California en Los Ángeles), y, en España, al Instituto de Biomedicina de Valencia, dependiente del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), donde actualmente dirige el Laboratorio de Regeneración Neural.


-¿Cómo surgió su vocación científica? ¿Qué la llevó a decidir especializarse en la regeneración neural?

Cuando estudié Medicina mi idea era dedicarme a la clínica y hacer la especialidad de cirugía cardiovascular. Nunca había pensado en dedicarme a la investigación. Al terminar la carrera me marché a Estados Unidos con mi marido, que sí que era investigador. Es en EEUU donde entré en contacto por primera vez con el mundo de la investigación científica. Durante los dos últimos años de mi carrera había estado aprendiendo junto al Dr. Francisco López, del Servicio de Neurocirugía del Hospital Rio Hortega de Valladolid, microcirugía vascular y nerviosa; algo muy novedoso y que entonces prácticamente no se aplicaba en pacientes. Mi especialización quirúrgica en esta técnica tan compleja fue del interés del Dr. Nieto-Sampedro. Este químico, que entonces tenía un pequeño laboratorio en la Universidad de California en Irvine, estaba intentando purificar inhibidores de mitógenos de los cerebros lesionados de ratas con la idea de poderlos aplicar en un futuro para controlar la cicatriz glial y así promover la regeneración neural. Durante la carrera, siempre me había llamado la atención lo poco que el médico puede hacer para curar las enfermedades del sistema nervioso. Somos buenos diagnosticando, pero no curando. Se nos forma para ejercer y no nos solemos plantear que nuestra formación nos sitúa en un lugar privilegiado para investigar la cura de enfermedades “incurables”. Me pareció muy interesante la idea de echarle un pulso a nuestra fisiopatología del sistema nervioso desde su aspecto más básico y dogmático: su incapacidad de regenerarse. Cuando en 1989, dos años después, volví a España decidí ponerme en marcha y realizar mi doctorado en éste área.

-Imagino que las repercusiones que su trabajo puede tener en muchos pacientes deben ser para usted una potente fuente de motivación para seguir adelante, pero ¿no se siente también bajo presión al trabajar, debido a lo mucho que hay en juego en investigaciones como la suya?

He tenido grandes dificultades para desarrollar mi trabajo científico en España y los pacientes con lesión de la médula espinal y su sufrimiento han sido, y son, mi única motivación para seguir adelante.

En mis etapas iniciales sí que sentía esa presión, pero con los años he aprendido que se avanza mucho más y de forma más libre si nos centramos sólo en el problema científico que nos ocupa; sin pausa pero sin prisa, con la calma y la mesura que requieren los grandes retos. Para la consecución de un objetivo como el nuestro es esencial dejar “aparcadas” las presiones para evitar sesgos y para garantizar la ecuanimidad e irrefutabilidad de los resultados.

-¿En qué fase se halla actualmente su línea de investigación con glía envolvente olfatoria? ¿Está ahora realizando experimentos al respecto?

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En la fase final. Ya hemos hecho todo lo que se podía hacer en el laboratorio para demostrar que la glía envolvente del bulbo olfatorio puede curar lesiones de la médula espinal. Nuestros resultados ya han sido reproducidos de forma independiente por otros científicos de distintos países. Para que se haga una idea, ya hay más de 60 artículos científicos internacionales que avalan que estas células promueven la reparación del sistema nervioso lesionado y, de ellos, 45 estudios describen su eficacia en distintos modelos animales de lesión medular. Por eficacia entendemos que animales parapléjicos con lesiones de distinto grado de severidad, incluidas las lesiones completas, trasplantados en la fase aguda y crónica, han recuperado su función motora, sensitiva y se ha producido la regeneración en sus médulas espinales. Ya se ha demostrado que esto lo consiguen no sólo las células de roedor, sino también las de otras especies y también las humanas. Ya se ha probado que esta terapia funciona en varias especies como el perro, el cerdo y los primates no humanos. Ya se ha demostrado que las células de primate son seguras para su uso en terapia y que el propio paciente puede ser donante de sus propias células (terapia autóloga), lo que constituye la terapia celular más segura para cualquier paciente. Ya se han desarrollado todos los protocolos quirúrgicos para la aplicación de esta terapia en personas. Además, la utilización de estas células cumple los requisitos que organismos internacionales exigen a toda terapia experimental para ser trasladada a pacientes con lesión de la médula espinal, los llamados criterios ICCP. Es decir, ya hemos dado, con creces, todos los pasos que se podían dar en el laboratorio. ¿Qué más podemos hacer a nivel científico? Sólo queda que alguien decida poner los medios para trasladar esta terapia a las personas que lo necesitan. Da mucha rabia ver como, tras haber llegado con éxito al final de la experimentación, los avances científicos no se aplican. ¿Para qué investigamos entonces?

Seguimos realizando experimentos, pero como ya se han dado todos los pasos experimentales en cuanto a la terapia con trasplantes de glía envolvente, estamos trabajando en otros aspectos.

-¿Es difícil hacer en España investigaciones científicas del tipo de la que usted hace? ¿La colaboración internacional es un medio de sumar esfuerzos y superar obstáculos?

Sí, muy difícil. En mi laboratorio hemos tenido que recurrir a la colaboración internacional y al mecenazgo para poder subsistir durante los últimos 5 años. Resulta paradójico, pero desde el año 2006 al 2011, no le han concedido a mi laboratorio ninguna financiación pública española que hayamos solicitado y, sin embrago, sí que la hemos conseguido del gobierno de los EEUU a través de la convocatoria de proyectos públicos competitivos de su Sistema Nacional de Salud (NIH) por 4 años. Normalmente, el NIH sólo financia “extramuros” a laboratorios que hacen investigación vanguardista que no se hace en EEUU. Así que, teníamos esta consideración fuera de España pero no conseguimos fondos en nuestro país.

Esto, pero sobre todo la contribución altruista de personas con lesión de la médula espinal, amigos, familiares, a través de la Fundación Investigación en Regeneración del Sistema Nervioso, ha permitido que pudiéramos seguir investigando. De no haber sido por estas personas, no habríamos llegado donde estamos ahora y seguramente mi laboratorio ya no existiría actualmente.

-Siempre se invierte en ciencia menos de lo que sería deseable, pero ¿cree usted que la inversión que en España se hace en investigación y desarrollo ha mejorado sustancialmente en los años transcurridos desde que usted inició su trayectoria profesional? ¿O, por el contrario, las cosas no han cambiado mucho?

Yo inicié mi trayectoria científica en España en el año 1989. En esos años la inversión en investigación era muy escasa y, no cabe duda, de que en 21 años ha mejorado. Sin embargo, tras un periodo inicial de bonanza, seguido de un estancamiento, ahora nos encontramos en un declive.  Por ejemplo, en el año 2010 se recortó el presupuesto de investigación en 5,5% respecto al año 2009 y para este año se ha recortado un 8,5 % respecto al 2010. O sea, en menos de 2 años se ha recortado un 14% y ya se venía recortando de antes. Los más perjudicados de este recorte son los organismos públicos de investigación y va a ser imposible el cumplimiento del objetivo de la Unión Europea para España que establecía para el año 2010 una inversión del 2% del PIB. Ahora mismo estamos en el 1,38, muy por debajo del objetivo y, además, disminuyendo cada año la inversión.  Nuestro país no está concienciado aún del valor de la investigación como una inversión de futuro.  Esto genera una política científica de improvisación basada en la distribución de los recursos disponibles en cada momento.

-Siempre que se habla de avances médicos y de patentes, surge el dilema moral de hasta qué punto éstas pueden restringir la aplicación de logros capaces de beneficiar de manera importante a pacientes sin otras opciones de tratamiento. ¿Qué opina usted al respecto?

[Img #1571]

El traslado a la clínica de cualquier terapia experimental tiene un coste elevadísimo. Esto motiva que los recursos necesarios para esta medicina translacional provengan, normalmente, de empresas y no de fondos públicos. Estas empresas no invierten de forma altruista su capital, sino que esperan obtener un beneficio económico de su inversión. Este beneficio es mayor si la empresa tiene la exclusividad en la explotación de esa terapia a través de una patente. Por lo tanto, toda terapia que no pueda ser patentada, o que no genere rédito, no es de interés para estas empresas, pues su fin es comercial y no social. ¿Qué empresa va a querer invertir en una terapia que luego no pueda vender? Esto genera que muchos avances médicos que no pueden ser patentados, o de los que no se puede obtener rentabilidad, no vean nunca la luz, aunque sean los mejores para los pacientes. 

Pero, además, las empresas y sus patentes están condicionando las líneas de investigación en las que los científicos trabajan, lo que es bastante alarmante. Muchos investigadores buscan en las empresas los recursos que no pueden obtener a través de los fondos públicos. Para ello, sus laboratorios deben adaptar sus líneas de trabajo a aquellas que sean de interés para la empresa que lo financia, aunque sean de menor valor científico o de dudosa eficacia médica. Si se investiga en lo que le interesa a las empresas, se podría estar dejando de lado terapias que son mejores para los pacientes. También, desde las propias instituciones públicas se incentiva a los investigadores a que establezcan acuerdos con empresas para trabajar en líneas que sean de interés para las mismas, como una forma de obtener recursos para la propia institución. Esto puede condicionar las líneas estratégicas de actuación en materia sanitaria y las futuras terapias que se apliquen en nuestros hospitales.

En mi opinión, la medicina actual y la investigación biomédica están cayendo en manos de las empresas y de sus patentes, olvidándose de su razón de ser: el beneficio social.



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