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Lunes, 25 febrero 2013
Arqueología

Nuevos detalles sobre la muerte del rey Ricardo III

El análisis exhaustivo del esqueleto del rey Ricardo III, hallado bajo un aparcamiento de automóviles en la ciudad británica de Leicester, revela nuevos detalles sobre su muerte en combate, acaecida hace medio milenio.

Ricardo III (1452-1485), el último rey inglés muerto en una batalla, reinó durante sólo dos años, y ha sido una figura históricamente marcada por la polémica. Aparte de los hechos históricos probados, a Ricardo III se le atribuyen muchas maldades, en especial desde las páginas de la historia escritas por sus adversarios.

La exhumación de los restos mortales y el análisis minucioso al que estos han sido sometidos por un equipo de arqueólogos, forenses y especialistas de diversos ámbitos, dirigido desde la Universidad de Leicester, está ayudando a esclarecer las circunstancias exactas de la muerte de Ricardo III, un monarca con fama de maldito y al que muchos quisieron borrar de la historia. Su tumba cayó en el olvido, y sus restos mortales vivieron diversas vicisitudes y estuvieron a punto de ser destruidos. Ahora, tras haber visto el paso de cinco siglos, esos huesos están comenzando a hablarle a la ciencia forense moderna sobre lo que ocurrió realmente el 22 de agosto de 1485, cuando el rey luchó en la Batalla de Bosworth hasta su último aliento, y quizá obliguen a reescribir páginas de la historia.


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Sobre el estado nutricional de Ricardo III, los análisis indican que seguía una dieta con alto contenido proteico, incluyendo cantidades significativas de marisco.

Su columna vertebral presenta una fuerte deformidad típica de la escoliosis, que debió hacer que un hombro fuese claramente más alto que el otro, algo que concuerda con descripciones de Ricardo III hechas en su época y difiere de otras hechas posteriormente. Quienes padecen de escoliosis, tienen la columna vertebral torcida hacia un lado. No es el encorvamiento que da lugar a lo que vulgarmente se conoce como "joroba". Los análisis indican que Ricardo III no sufría de atrofia en ningún brazo, en contra de la creencia que se difundió tiempo después de su muerte.

Nada menos que una decena de heridas han sido descubiertas en el esqueleto.

De ellas, dos son mortales. Una fue hecha probablemente con una espada y la otra parece ser que con una alabarda. Cualquiera de las dos bastaba para provocarle la muerte.

En el esqueleto también se encontró una punta de flecha entre vértebras de la parte superior de la espalda.

La causa de la muerte fue traumatismo craneal, concretamente en la parte trasera de la cabeza.

Otras heridas, no mortales, aparecen en cabeza, costillas y pelvis.


[Img #12188]
Se cree que una vez abatido, y ya sin posibilidad de defenderse y presumiblemente muerto, los adversarios de Ricardo III se ensañaron con su cuerpo, provocándole heridas a modo de humillación. Éste parece ser el caso de una herida causada por una espada que le clavaron a través de su nalga derecha.

El cadáver de Ricardo III acabó finalmente dentro de una fosa, excavada con mucha prisa y que no era lo bastante larga para su estatura, dentro de la Abadía de Greyfriars en Leicester. Dicha abadía dejó de existir como tal hace mucho tiempo, y sus ruinas quedaron sepultadas. Al desenterrar el esqueleto, no se hallaron restos de un ataúd ni de una mortaja.

El hallazgo e identificación de Ricardo III es el fruto de una búsqueda de varios años, iniciada por la escritora Philippa Langley (de la Richard III Society), y en la que han trabajado de manera destacada los arqueólogos Richard Buckley y Mathew Morris, la osteoarqueóloga Jo Appleby, la genetista Turi King, la historiadora Lin Foxhall y el genealogista Kevin Schürer, todos ellos de la Universidad de Leicester.

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