Miércoles, 3 abril 2013
Neurología

Logran controlar un interruptor genético para "rejuvenecer" un cerebro maduro

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La activación de cierto gen ayuda de forma decisiva a crear las conexiones neuronales maduras que permiten al cerebro pasar de la impresionabilidad adolescente a la estabilidad adulta. Recientemente, unos investigadores han conseguido invertir el proceso en cerebros de ratones adultos, recreando la estructura de un cerebro joven con su consiguiente mejora en la capacidad de aprendizaje así como en la de curación ante una lesión cerebral.

Los científicos han sabido durante mucho tiempo que el cerebro de un adolescente es muy distinto al de un adulto. Uno y otro tienen sus ventajas y desventajas. Entre las ventajas del cerebro adolescente figura la de que es más maleable o adaptable, una cualidad que permite a niños y adolescentes aprender idiomas más rápidamente que a la persona adulta típica. Otra ventaja del cerebro joven es que se recupera con más rapidez de lesiones cerebrales. En contraste, la relativa rigidez del cerebro adulto se debe en parte a la función de un solo gen que ralentiza el cambio rápido en las conexiones sinápticas entre neuronas.

Mediante el control de las sinapsis en ratones vivos durante semanas y meses, unos investigadores de la Escuela de Medicina de la Universidad de Yale, en New Haven, Connecticut, Estados Unidos, han identificado el interruptor genético clave para la maduración del cerebro. El gen NgR1 se requiere para suprimir los altos niveles de plasticidad en el cerebro adolescente y crear los niveles de plasticidad relativamente lentos que son típicos de la edad adulta.

En los ratones sin la actividad de este gen, los niveles juveniles de plasticidad cerebral persisten a lo largo de la vida adulta. Cuando los investigadores bloquearon la función de este gen en ratones viejos, restablecieron en el cerebro viejo el grado de plasticidad que es típico de los cerebros adolescentes de ratón.

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La rehabilitación que viene después de sufrir lesiones cerebrales, incluyendo las provocadas por un derrame cerebral, requiere que los pacientes reaprendan tareas tan simples como mover una mano. El equipo de Stephen Strittmatter, Feras Akbik, Sarah M. Bhagat, Pujan R. Patel y William B.J. Cafferty, constató que los ratones adultos que carecen del gen NgR1 se recuperaron de una lesión cerebral en plazos de tiempo similares a los de ratones adolescentes en la misma situación. Los ratones adultos sin actividad del gen dominaron de nuevo las tareas motoras complejas antes que los adultos en los que sí actuaba el gen.

Esto plantea la posibilidad de que, mediante la manipulación temporal del gen en los humanos se pueda acelerar y ampliar la rehabilitación después de una lesión cerebral.

Los investigadores también han demostrado que el gen NgR1 disminuye la pérdida de recuerdos. Los ratones sin el gen pierden los recuerdos desagradables más rápidamente que los ratones en los que sí actúa el gen. Esto sugiere que manipular del modo apropiado al gen podría ayudar a tratar el trastorno de estrés postraumático.

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