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Jueves, 9 mayo 2013
Astronomía

El objeto que anida en el centro de la nube de restos de la supernova 1987A

En febrero de 1987, unos astrónomos que observaban la Gran Nube de Magallanes, una galaxia enana muy cercana a la nuestra, notaron la aparición repentina de lo que parecía ser una nueva estrella. Sin embargo, como es típico en estos casos, no estaban viendo el principio de una estrella, sino su final, y también la supernova más brillante vista desde la Tierra en los cuatro siglos transcurridos desde que se inventó el telescopio. Las noticias sobre el descubrimiento se extendieron por todo el mundo, y observadores del hemisferio sur comenzaron a contemplar las consecuencias de esta enorme explosión estelar, del tipo conocido como supernova.

En los dos decenios largos transcurridos desde entonces, el remanente, o nube de escombros por así decirlo, de la Supernova 1987A ha seguido estando en la mira de investigadores de todas partes del mundo, proporcionando una amplia variedad de información sobre uno de los fenómenos más violentos del universo.

En una nueva investigación, un equipo de astrónomos en Australia y Hong Kong, valiéndose del radiotelescopio que la CSIRO (Commonwealth Scientific and Industrial Research Organisation) de Australia tiene en el norte de Nueva Gales del Sur, ha obtenido las imágenes de radio de más alta resolución de la expansión de dicha nube de escombros de la supernova, en longitudes de onda milimétricas.

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El equipo de Giovanna Zanardo, del Centro Internacional de Investigación en Radioastronomía (ICRAR por sus siglas en inglés), una iniciativa de la Universidad Curtin en Australia y la Universidad de Australia Occidental, cree que una estrella de neutrones es el motor principal de las emisiones de radio captadas, lo que significaría que la explosión de la supernova no hizo que la estrella se comprimiera tanto como para formar un agujero negro. Zanardo y sus colegas ahora esperan examinar más detenidamente el centro de esa nube y ver lo que hay.

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