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Miércoles, 19 junio 2013
Astronomía

Grava fluvial en Marte

Un análisis detallado confirma la hipótesis inicial de que ciertos bloques investigados el año pasado por el robot Curiosity, y que contienen guijarros con el mismo aspecto que los típicamente hallados en el lecho de un arroyo, son precisamente tal cosa, es decir que sufrieron esa clase de erosión porque en el pasado estuvieron en el lecho de un arroyo marciano.

Ya en su momento, el hallazgo despertó grandes expectativas. La similitud de los guijarros marcianos con los típicos del lecho de un arroyo terrestre era tan grande, que cualquier persona, sin conocimientos de geología, podía percatarse del llamativo parecido. El análisis confirma ahora que los bloques de guijarros marcianos son lo que parecen.

Esos bloques son los primeros descubiertos fuera de la Tierra de los que se confirma que contienen grava fluvial, o sea guijarros del lecho de un río erosionados por el flujo de agua.

El tamaño y la forma de las partículas de grava incrustadas en estas rocas conglomeradas permiten a los investigadores calcular la profundidad y velocidad del agua que una vez fluyó por este lecho. Los tamaños de dichas partículas de grava varían entre el de granos de arena hasta el de pelotas de golf.

El equipo de Rebecca Williams del Instituto de Ciencia Planetaria en Tucson, Arizona, Estados Unidos, y Sanjeev Gupta del Imperial College de Londres, Reino Unido, ha llevado a cabo un cuidadoso examen de los afloramientos geológicos para caracterizar la distribución de tamaños y de grados de redondez de los guijarros y granos de arena que componen estas rocas conglomeradas. Las conclusiones indican que el arroyo fluía a una velocidad que como mínimo equivalía a la de una persona caminando, o sea, de cerca de un metro por segundo, ó 3,6 kilómetros por hora, y en cuanto a profundidad, el agua podría llegarle a un ser humano adulto a la altura del tobillo como mínimo, y a la de la cadera como máximo.

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Estas rocas marcianas de grava fluvial no parecen ser una rareza (a no ser que creamos que el Curiosity ha tenido una suerte inmensa) ya que una de estas rocas está justo al lado de donde aterrizó el Curiosity, el sitio conocido como Punto de Aterrizaje Bradbury, en honor al célebre escritor de ciencia-ficción Ray Bradbury, autor, entre otras obras, de "The Martian Chronicles" ("Crónicas Marcianas"). Las otras dos rocas tampoco se encuentran muy lejos, a 50 y 100 metros.

El nuevo análisis pone de manifiesto la existencia de rasgos que denotan cosas, como por ejemplo, que el flujo de agua no fue un fenómeno puntual y aislado, sino que el agua discurrió por el arroyo durante mucho más tiempo que semanas o meses. El contorno suavizado de los guijarros es el típico de las piedras que van rodando por el fondo de un arroyo, empujadas por la corriente, y que van chocando una y otra vez, lo que erosiona paulatinamente su superficie y elimina los cantos vivos. La corriente marciana de agua arrastró grava unos cuantos kilómetros como mínimo.

Actualmente, la atmósfera de Marte no tiene la presión suficiente como para permitir la existencia de arroyos en la superficie, pese a que el planeta alberga grandes cantidades de agua en forma de hielo. Evidencias de diversa naturaleza sugieren asimismo que antiguamente hubo en el planeta rojo diversas zonas sumergidas bajo el agua líquida. El hallazgo hecho por el Curiosity y ratificado ahora por el nuevo análisis demuestra, ya sin margen de duda, que las condiciones atmosféricas en el Cráter Gale alguna vez hicieron posible la existencia de un flujo duradero de agua líquida, presumiblemente un arroyo, en la superficie marciana.

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