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Jueves, 31 marzo 2011
Geología

Los efectos sísmicos a largo plazo del terremoto del 11 de Marzo en Japón

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[Img #1755]Geólogos de muchas partes del mundo están revisando ingentes cantidades de datos sismológicos e imágenes captadas desde satélite, en busca de pistas sobre las causas exactas de uno de los terremotos más catastróficos registrados en la historia.

Hasta el momento, hay informes de que una parte importante de la costa oriental de Japón ha descendido bastantes centímetros como consecuencia del movimiento a lo largo de una línea de falla, donde una de las placas tectónicas se deslizó bajo otra.

También hay informes de que la costa oriental de la isla de Honshu (la principal de Japón) se puede haber desplazado hacia el este como resultado del terremoto.

Además, los científicos observaron algo que podría tener efectos de mayor alcance, pues el temblor podría haber desplazado momentáneamente la posición de un gran glaciar en la Antártida.

Por otra parte, el análisis de datos ha indicado que el seísmo ha redistribuido la masa de la Tierra y desplazado un eje del planeta, aumentando su velocidad de rotación y acortando el día en una fracción de segundo.

Tal como señala Bradford Hager, profesor de ciencias terrestres en el Departamento de Ciencias Terrestres, Atmosféricas y Planetarias del MIT, hay mucha información sismológica disponible gracias en buena parte al amplio sistema de vigilancia sísmica de Japón, una red de miles de sensores terrestres y marinos que han monitorizado ininterrumpidamente las señales de la energía sísmica local.

No es casualidad que Japón tenga uno de los sistemas de vigilancia sísmica más avanzados del mundo. El país se encuentra en el "Anillo de Fuego", un amplio arco de volcanes activos y líneas de falla en el Océano Pacífico. El noventa por ciento de los terremotos del mundo tienen lugar a lo largo de este cinturón sísmico, y Japón sufre aproximadamente 1.500 terremotos al año.

El brutal terremoto del 11 de Marzo se produjo dentro de una zona tectónica que usualmente genera grandes temblores. Japón descansa sobre dos grandes placas tectónicas: Por el norte, la placa de América del Norte. Y por el sur, la placa de Eurasia. Justo al sur de la placa de Eurasia, se encuentra la pequeña placa de las Filipinas. Y al este, se halla la masiva placa del Pacífico. Estas placas se mueven unas con respecto a las otras, a razón de casi diez centímetros por año, causando de forma habitual temblores leves o imperceptibles.

Es en las zonas de subducción (donde una placa se desliza por debajo de otra), donde se producen los terremotos más grandes. La sacudida titánica del 11 de Marzo se produjo probablemente como consecuencia de la tensión estructural acumulada por el deslizamiento de la placa del Pacífico bajo el borde sur de la placa norteamericana.
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Estas regiones tectónicamente activas suelen producir terremotos de una magnitud que oscila entre 7,0 y 8,0 grados. En los últimos 40 años, se han desencadenado en la región cerca de diez terremotos con magnitudes comprendidas dentro de esa gama de valores. Es muy raro ver un terremoto de magnitud 9,0 como el del 11 de Marzo. Pero aún resulta más inusual el hecho de que, dos días antes, el país experimentó un temblor con magnitud 7,2, al cual, en ese momento, los sismólogos consideraron el terremoto principal. La "réplica" del 11 de Marzo resultó ser el verdadero terremoto principal.

Uno de los misterios de la sismología es el mecanismo que hace que uno o varios terremotos modestos preparen el escenario para un terremoto enorme. No todos los terremotos conducen a otros mayores, y las distintas circunstancias que acompañan a cada caso son del máximo interés para especialistas como la geóloga y geofísica Leigh Royden, profesora en el MIT. Cuando se produce una ruptura de falla, las tensiones estructurales locales se liberan, aunque en buena parte son transferidas a otra falla, por lo que la ruptura de una falla, automáticamente aumenta los niveles de tensión estructural de otras.

Si esas otras fallas ya han acumulado tensión estructural, la tensión añadida puede a su vez causar una nueva ruptura de falla, con el resultado final de un terremoto aún más fuerte. Un mapa generado por un antiguo alumno de Hager graduado en el MIT podría apoyar esta teoría. Brendan J. Meade, ahora profesor del departamento de ciencias terrestres y planetarias en la Universidad de Harvard, ha confeccionado un mapa de los puntos fuertes y los débiles de las líneas de falla alrededor de Japón, y ha descubierto que el área entre los dos últimos terremotos contenía muchas fallas sometidas a una fuerte tensión estructural que ya estaban cerca del punto de ruptura. La ruptura inicial que el 9 de Marzo provocó un terremoto de magnitud 7,2 pudo afectar de manera crítica a las fallas circundantes en una especie de efecto de onda, generando el terremoto de magnitud 9,0, mucho más devastador, dos días después.

A su vez, el terremoto del 11 de Marzo continuará alterando el equilibrio de tensiones estructurales en líneas de falla cercanas, originando réplicas que podrían sentirse durante años, aunque con frecuencia decreciente. Sin embargo, Robert van der Hilst, profesor de ciencias terrestres y planetarias del MIT y director del Laboratorio de Recursos Terrestres, indica que siempre existe la posibilidad de que una réplica provoque una ruptura en una falla importante, desencadenando así otro gran terremoto. Es posible, en opinión de van der Hilst, que los terremotos en el futuro cercano estén relacionados con lo que sucedió el pasado 11 de Marzo. Tener la capacidad de predecir cuándo los terremotos de gran magnitud podrían producirse es una meta que ha sido descrita como el "Santo Grial" de la sismología.

Aunque Japón cuenta con un sofisticado sistema de monitorización sismológica, van der Hilst y otros quieren mejorarlo para que identifique las señales de temblores con mayor antelación. Una forma de conseguirlo es agregar más sensores para monitorizar las señales del subsuelo. Es posible que en el futuro los investigadores detecten señales, cuya existencia hoy desconocen, pero que acaso puedan alertarlos de terremotos inminentes.

Robert van der Hilst sugiere que esa ampliación de la red de sensores se podría hacer colocando sensores en las profundidades de los pozos que abren las empresas petroleras y gasísticas, de un modo similar a cómo los técnicos de estas compañías monitorizan el interior de los yacimientos que exploran o que están ya en explotación comercial.



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