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Viernes, 16 agosto 2013
Psicología

Efectos cognitivos en la infancia de no acostarse cada noche a la misma hora

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Irse a la cama sin seguir un horario fijo, refrena la capacidad cerebral de los niños y puede perjudicar la salud en la vida adulta, según sugieren las conclusiones de una nueva investigación.

Un grupo de especialistas del University College de Londres observó en más de 11.000 niños pequeños si la regularidad en la hora de irse a dormir estaba relacionada con la potencia cerebral. La regularidad en el horario de acostarse a los 3, 5 y 7 años de edad fue comparada con el rendimiento escolar de esos niños a los 7 años, en materias como la lectura o las matemáticas.

En el estudio se comprobó que tanto niños como niñas que a la edad de tres años no se iban a dormir a una hora fija, a los siete años de edad obtuvieron menor puntuación en lectura, matemáticas y percepción espacial a la edad de siete.

Sin embargo, la regularidad en la hora de acostarse a los cinco años de edad no se asoció con habilidades mentales más flojas ni en niños ni en niñas, lo que sugiere que la edad de tres años es un período particularmente sensible para el desarrollo cognitivo.

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Las niñas que a los siete años de edad se iban a dormir sin seguir un horario fijo, obtuvieron una menor puntuación en las tres áreas evaluadas que aquellas que sí seguían un horario regular, inclusive teniendo en cuenta otros factores capaces de influir en las diferencias. Este patrón no se observó en niños varones de siete años.

El equipo que ha realizado la investigación, formado por Yvonne Kelly, John Kelly y Amanda Sacker, cree que un horario irregular en cuanto a la hora de irse a dormir podría alterar los ritmos naturales del cuerpo, acrecentando el problema de la privación del sueño, lo que a su vez merma la plasticidad del cerebro y su capacidad de captar y retener información.

Dormir es el precio que pagamos por la plasticidad del día previo y la inversión necesaria para tener la mente fresca y a punto de aprender al día siguiente, tal como argumentan los autores del estudio. El desarrollo temprano del niño tiene influencias profundas sobre el grado de salud y el de bienestar que tendrá a lo largo de su vida adulta. Por ende, un sueño reducido o interrumpido, especialmente si esta situación se da muchas veces en etapas clave del desarrollo, podría tener impactos nocivos importantes en la salud a lo largo de la vida.

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