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Miércoles, 6 abril 2011
Biología

La pérdida de ADN, responsable de una diferencia fundamental entre los genitales masculinos humanos y los del chimpancé

Los chimpancés y los humanos son mínimamente diferentes desde el punto de vista genético, pero esas pequeñas diferencias son las que nos hacen humanos, según un equipo de investigadores que ha identificado los segmentos de ADN no codificante, ausentes en los seres humanos, que en cambio sí existen en los chimpancés y otros animales.

El ADN está compuesto de los segmentos de genes que codifican para proteínas y los segmentos no codificantes que inician y regulan el trabajo de los segmentos codificantes. Aunque los segmentos de codificación son importantes, los no codificantes son el mecanismo de control del organismo. Sin cambiar el gen codificante, el aumento o la disminución de su expresión pueden tener una influencia significativa en la apariencia y el funcionamiento del organismo.

Los investigadores, de la Universidad de Stanford y la Universidad Estatal de Pensilvania, comenzaron por comparar el genoma humano con los del chimpancé y otros mamíferos, a fin de localizar áreas de supresión total en el genoma humano.

El equipo del antropólogo Philip Reno ha confirmado 510 de esas supresiones en el Ser Humano, que están casi exclusivamente en las regiones no codificantes.

Una secuencia que falta en el ser humano está próxima al gen del receptor de andrógenos. La ausencia de esta región particular de ADN no codificante puede tener dos consecuencias en la anatomía humana: la pérdida de pelos con cierta capacidad sensorial, y la pérdida de pequeñas espinas queratinosas en el pene del hombre.

A menudo pensamos en el tamaño del cerebro y el bipedalismo como las características fundamentales que nos hacen humanos, pero tal como apunta Reno, otra diferencia es nuestro comportamiento sexual.

Los chimpancés tienen relaciones sexuales muy rápidas porque los machos compiten entre ellos para fecundar a la hembra receptiva. Esta situación se produce cuando muchos machos copulan con una o algunas hembras. Como las espinas del pene del chimpancé son táctiles, pueden estimular esta cópula rápida.

Los ancestros humanos, sin embargo, probablemente evolucionaron para favorecer la unión de la pareja. La pérdida de las espinas del pene permite prolongar la relación sexual para reforzar el vínculo de pareja en la que ambas partes son importantes para la crianza exitosa de los hijos.

Disponiendo de la secuencia genética de tres individuos neandertales, el análisis en ellos de estas mismas zonas no codificantes indica que el genoma del neandertal no cuenta tampoco con esos segmentos no codificantes.

La ausencia de estas áreas no codificantes en el neandertal ubica las pérdidas de ADN entre hace unos 7 millones de años, cuando los ancestros humanos se separaron evolutivamente de los chimpancés, y hace 800.000 años, cuando los ancestros del Ser Humano moderno se separaron evolutivamente del Neandertal.


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