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Martes, 17 septiembre 2013
Criminología

Las novelas y relatos de Sherlock Holmes ayudaron a crear la policía científica

La ficción se nutre a menudo de la realidad. Pero a veces la realidad también se inspira en la ficción. Esto último ha sido históricamente común en el caso de la ciencia-ficción, y de la ficción científico-tecnológica en general. Y ahora, de la mano de la investigación de un historiador, ha salido a la luz otro fascinante ejemplo, el de la notable influencia que las novelas de dos personajes ficticios, el detective Sherlock Holmes y el forense John Evelyn Thorndyke, tuvieron sobre dos de los "padres" de la policía científica.

El estudio realizado por el historiador Ian Burney, de la Universidad de Manchester en el Reino Unido, corrobora lo que muchos ya intuían: El magistrado austriaco Hans Gross (1847-1915), considerado por muchos como el padre de la criminología, y el criminalista francés Edmond Locard (1877-1966), pionero de técnicas forenses hoy consideradas fundamentales de toda investigación sobre la escena de un crimen, fueron influidos de manera notable por los escritores británicos Arthur Conan Doyle (el creador de Sherlock Holmes)y R Austen Freeman (el creador del Dr. Thorndyke).

Durante la época victoriana, hubo ciertamente gente que investigaba científicamente en el escenario de un crimen, pero no se explotaban los recursos científicos tanto como se podría haber hecho, faltaba una metodología sistemática y clara, y todos los conocimientos potencialmente útiles estaban demasiado dispersos. La labor de pioneros como Gross y Locard consistió en organizar la metodología a seguir al investigar la escena de un crimen, agrupar los conocimientos útiles para esa clase de investigación y reforzarlos con nuevas aportaciones, lo que se plasmó en los primeros tratados académicos de criminología y en los primeros manuales oficiales para las labores científicas de la policía.

Pero todo esto no salió de la nada. Sin muchos ejemplos (o ninguno) de detectives y forenses reales que estuvieran trabajando de un modo tan avanzado como Sherlock Holmes o John Evelyn Thorndyke, los padres de la criminología del mundo real tuvieron que inspirarse en esos personajes literarios y en el genio brillante y visionario de los escritores que los crearon y que idearon las complejas tramas de los argumentos de esas novelas y relatos.

No olvidemos que tanto Arthur Conan Doyle (1859-1930) como R Austen Freeman (1862-1943) no sólo fueron escritores sino también médicos. Hasta el nacimiento de la criminología como tal, el representante casi exclusivo de la ciencia en el escenario de un asesinato a investigar era el médico.

El historiador Ian Burney ha profundizado en el alcance de esta influencia, bien asumida en sus días, pero bastante apartada de la luz pública en la actualidad. "Es sorprendente, pero está claro que Sherlock Holmes y el Dr. Thorndyke fueron personajes ficticios con una gran influencia, en el mundo real, sobre la investigación del escenario de un crimen tal como la conocemos en la actualidad”. De hecho, abrieron el camino que luego seguiría la policía científica real. "Los relatos mostraron nuevos métodos de investigación científica policial, con exigencias como mantener intacto el escenario del crimen, preservar y registrar las relaciones entre todos los objetos presentes, incluso los más triviales, y examinar científicamente hasta los detalles más minúsculos.

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Por lo tanto, tal como recalca Burney, es correcto decir que Conan Doyle y Freeman ayudaron a los investigadores a sistematizar sus métodos para hacer visible lo que de otro modo sería invisible para la justicia, y trascendental lo que en una inspección policial tradicional parecería intrascendente.

De ejemplos de esta influencia, hay muchos. Burney expone dos:

En una traducción al inglés del manual de Hans Gross para los investigadores de crímenes, Burney señala un pasaje donde el autor se refiere al maletín que llevan los policías forenses al escenario de un crimen como "el Thorndyke", una referencia clara al personaje de Freeman.

Y en su libro de texto, Edmond Locard, repetidamente insta a todos los estudiantes de ciencia policial a que lean y absorban las lecciones de Sherlock Holmes.

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