Martes, 12 abril 2011
Astronáutica

Medio siglo del primer viaje de un ser humano al espacio

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Artículo de Jorge Munnshe 

El 12 de Abril de 2011, se cumplieron 50 años del primer viaje de un ser humano al espacio.  El primer astronauta de la humanidad, el ruso Yuri Gagarin, viajó a una velocidad más rápida que la experimentada por cualquier otra persona hasta entonces. Se adentró en un entorno en el que ningún ser humano, desde que surgió nuestra especie, había estado. Ascendió al firmamento, por milenios considerado morada de dioses y lugar inalcanzable para los mortales. Y vivió una experiencia sobre la que, hasta su viaje, planeaban dudas referentes a si el Ser Humano estaba psicológicamente capacitado para soportarla sin enloquecer. Pero quizá lo más notable de su viaje en solitario a bordo de la Vostok-1 fue que lo convirtió en el primer humano que entendió por experiencia propia, a través de lo que veían sus ojos, el concepto de la Tierra como un todo global, independiente de las fronteras entre naciones. Fue Gagarin quien popularizó la descripción de la Tierra como un “planeta azul”, al ser el primero en verla por sí mismo desde el espacio y por lo mucho que le llamó la atención esa tonalidad dominante.

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Yuri Alexeyevich Gagarin nació el 9 de Marzo de 1934. Su padre era carpintero. Su madre realizaba tareas agrícolas y era muy aficionada a la lectura. Yuri solía ayudar a ambos en sus respectivas labores. La familia llevaba una vida corriente, como la de tantas otras, interrumpida sólo por la invasión de los nazis en la Segunda Guerra Mundial. Terminada su formación escolar básica, Yuri se especializó en la rama de ingeniería de fundición. 

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A los veinte años de edad, llevado por su afición a volar, empezó a recibir lecciones de vuelo en un aeroclub. Habiendo logrado magníficas calificaciones aquí, pasó a continuación a una academia de pilotos, e inició su formación militar aérea, la cual le permitió aumentar su experiencia de vuelo. Dos años después de graduarse con honores en la Academia de la Fuerza Aérea Soviética, logró ser seleccionado entre los candidatos a cosmonauta, y comenzó a entrenarse dentro del primer grupo de astronautas del programa espacial ruso. De ese primer grupo, bastantes acabarían viajando al espacio, como por ejemplo Gherman Titov, Vladimir Komarov, Alexei Leonov, y Viktor Gorbatko, a quien conocí personalmente hace años.

Sergei Korolev, uno de los padres de la astronáutica y principal impulsor científico de los primeros vuelos espaciales tripulados rusos, entre otros proyectos, tenía en mente para la cápsula de descenso de la primera nave espacial tripulada un diseño cónico, que permitiera una cierta capacidad de maniobra durante el regreso a la atmósfera terrestre, y un plan de vuelo que finalizase en un amerizaje. Sin embargo, por imposiciones políticas de Nikita Khrushchev, el máximo dirigente de la URSS en aquella época, quien prefería, entre otras cosas, que la nave aterrizase en suelo nacional, Korolev tuvo que decantarse finalmente por un diseño esférico para la cápsula. Ésta aterrizaría en territorio soviético pero el descenso acarrearía una desaceleración más brusca y un aterrizaje bastante rudo.

De entre los cosmonautas que se estaban entrenando para ese primer vuelo, se acabó escogiendo a Gagarin, por considerársele el mejor preparado para el reto, y también porque se vio en él un liderazgo, una inteligencia, un carisma y una personalidad idóneos para el papel de héroe y leyenda viviente que le reservaba la historia al sujeto que consiguiera la proeza del primer viaje espacial tripulado.

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En realidad, Korolev, al igual que Wernher von Braun, su homólogo y contrincante por parte estadounidense en la carrera espacial, habría querido volar él mismo al espacio. Pero la dureza del vuelo exigía a sujetos en una forma física perfecta, equiparable a la de atletas de élite, y también con nervios de acero y suficiente experiencia de vuelo en aviones de combate (por las maniobras extremas realizables en tales aeronaves), ya que la aceleración del despegue y la del descenso llegaban a equivaler a cargas del orden de diez veces la fuerza de la gravedad terrestre. Por otra parte, se consideraba que esos padres de la astronáutica resultaban mucho más útiles en su papel de diseñadores que en el de pilotos o pasajeros.

Ningún ser humano había viajado al espacio, y aunque las pruebas con animales indicaban que no había riesgos físicos serios si los vuelos se realizaban del modo adecuado, existían fuertes dudas acerca del impacto psicológico que podía tener en un ser humano salir fuera del planeta. Pese al entrenamiento como pilotos militares de Gagarin y sus colegas, la experiencia que les aguardaba allá arriba podía ser más perturbadora que un combate aéreo. 

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Ante el temor de que el primer humano que viajase al espacio se alterara tanto que cometiera errores de pilotaje que le acabasen matando, se optó por la automatización del vuelo. En previsión de que una avería obligase a Gagarin a tomar el control manual de la nave, las instrucciones para hacer que el sistema de control pasara de automático a manual fueron colocadas en un sobre cuya ubicación sólo se revelaría si surgía esa necesidad.

El 12 de Abril de 1961, antes de que amaneciera, se pusieron en marcha Yuri Gagarin y su suplente Gherman Titov (movilizado también a fin de poder ocupar el puesto de Gagarin si éste enfermaba de repente o le ocurría algún otro percance poco antes del vuelo). Tal como era típico de la época soviética, el día del vuelo no había sido anunciado públicamente, y los preparativos de los días previos se habían hecho en secreto, si bien los servicios de inteligencia estadounidenses dedujeron poco antes que los rusos estaban a punto de enviar un hombre al espacio.

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Se llevó a los dos astronautas a la rampa de lanzamiento donde aguardaba la primera nave espacial que llevaría a bordo a un ser humano. Gagarin, con su traje espacial puesto, se acomodó dentro de la nave, se efectuaron diversas comprobaciones y ajustes, y cuando todo estuvo correcto la Vostok-1 se elevó rumbo al espacio.

Una vez allí, Yuri experimentó la ingravidez verdadera, y pudo contemplar el espacio y la Tierra a través de la ventanilla de la nave. Su vuelo duró 108 minutos, en los que dio una vuelta completa alrededor de la Tierra a una velocidad típica de más de 27.000 kilómetros por hora. La máxima altitud que alcanzó en su trayecto fue de 327 kilómetros. En sus contactos con el centro de control de vuelo, explicó lo que veía y notaba. También bebió agua y comió un poco. De lo que vio allá arriba, lo que más le impresionó fue la belleza de la Tierra desde el espacio, sobre la que hizo detalladas descripciones.

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Durante la reentrada a la atmósfera terrestre, el intenso calor generado por el roce atmosférico generó una nube de plasma en torno a la cápsula de descenso, que imposibilitó toda comunicación temporalmente. Este fenómeno es típico de los viajes espaciales. 

Algunas de las cosas narradas en este artículo fueron secretas en su día. La que quizá resulta más llamativa es que Gagarin no aterrizó dentro de su nave sino que fue eyectado fuera de ella en paracaídas a cierta altitud. Este acto no se debió a ningún imprevisto sino que ya estaba planificado de antemano. Se sabía que la cápsula aterrizaría de una manera tan abrupta que su ocupante tenía mejores garantías de no resultar lesionado si completaba el descenso por sí solo en paracaídas que dentro de la nave. Durante años, se mantuvo en secreto este detalle del aterrizaje de Gagarin ya que las autoridades soviéticas temían que ello restase prestigio y reconocimiento oficial a la hazaña. 

Entre otras incidencias, Gagarin tuvo algunos problemas con su sistema de paracaídas y con el suministro de aire de su traje espacial, aunque todas se solucionaron de un modo u otro y no se hicieron públicas hasta muchos años después. 

También se omitió, aunque esto era en realidad menos importante, que la zona donde Yuri y su nave aterrizaron por separado no fue la planeada. La cápsula se desvió un poco de su rumbo previsto. Como nadie le esperaba en el lugar donde aterrizó, el primer cosmonauta de la humanidad se encontró solo en medio de un campo de cultivo, cerca del río Volga, sobre las 11 de la mañana, hora local.

La radiobaliza de su traje espacial se activó, enviando una señal a los responsables de recogerle. Entretanto, las dos primeras personas que Yuri avistó, a un centenar de metros de distancia, fueron una mujer con una niña. Como ellas no sabían aún que un compatriota suyo acababa de regresar del espacio, se mostraron recelosas ante un individuo que podía ser el piloto de un avión espía enemigo derribado. Tuvo que dar explicaciones para convencerlas de que era del país.

Hecha pública poco después la noticia del vuelo espacial, unos campesinos que se enteraron por la radio fueron a recibir eufóricos a Gagarin y le acompañaron hasta la carretera. Un helicóptero pasó a recogerle.

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Pocos días después, Yuri Gagarin ya era una celebridad mundial y el mejor embajador de la URSS ante el mundo. No sólo por la proeza que había realizado, sino también por su carácter jovial, espontáneo, y un tanto rebelde e informal, que lo acercaba a otros jóvenes de su edad al otro lado del telón de acero. De la misma generación que James Dean, e incluso llevando a veces una indumentaria parecida, la percepción que bastante gente ha acabado teniendo de Yuri no encaja con el cliché de sujeto frío, burocrático y hostil con que cabía asociarlo durante la Guerra Fría desde el bloque contrario, sino que es la de un joven lleno de sueños, algunos logrados como el de volar al espacio, y otros que jamás se cumplirían como el de viajar a la Luna. También al igual que James Dean, moriría joven, se convertiría en un icono cultural y surgirían muchos mitos y leyendas sobre él.

La aureola de secretismo sobre los detalles técnicos de aquel primer viaje espacial tripulado, y la intensa labor de promoción mundial de los valores soviéticos basada en el prestigio de la URSS logrado con aquel vuelo y con otras primicias anteriores y posteriores, situaron al primer astronauta de la humanidad en primera línea de las relaciones públicas de la URSS con el resto del mundo. Otorgarle a Gagarin ese puesto de embajador virtual para todo el planeta exigía tomar muchas precauciones. Por eso, la figura humana de Yuri Gagarin, al margen de la de cosmonauta y héroe nacional, también estuvo sometida al filtro impuesto por el aparato de propaganda soviético, que procuró presentarle como el ser humano perfecto, sin ninguna de las pequeñas debilidades morales que, como casi toda persona famosa, Gagarin tuvo que afrontar.

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Aunque tras efectuar su primer vuelo Yuri Gagarin quería seguir realizando viajes espaciales, no se le permitió hacerlo, ya que se le consideraba demasiado valioso como héroe nacional y símbolo de la Unión Soviética como para exponerle al riesgo de morir en un viaje espacial. Siete años después de su vuelo histórico, habiendo logrado que se le autorizase a volver a viajar al espacio, no pudo ver cumplido su sueño ya que falleció en un accidente de avión durante un entrenamiento. Gagarin y Vladimir Seregin se estrellaron con un MiG-15UTI el 27 de Marzo de 1968. 

Las causas del accidente, investigadas incluso por el KGB, nunca han podido ser aclaradas de forma taxativa. Muchas teorías (más de una decena) han sido expuestas y han ganado y perdido credibilidad a lo largo de todos estos años. Y eso sin contabilizar hipótesis fantasiosas como la de que fue abducido por alienígenas, ni hipótesis sobre las que se especuló seriamente al principio pero que luego fueron rechazadas de plano, como la de que fue asesinado mediante un sabotaje del avión por orden de las altas esferas gubernamentales soviéticas porque se había vuelto demasiado poderoso e influyente.

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Una de las teorías plausibles, no necesariamente la acertada pero sí la que a muchos nos gustaría que lo fuese, nos presenta un problema del que nadie sería culpable, plantea una repentina incapacidad de Seregin para pilotar, debida a un problema de salud, y nos habla de Yuri descartando la opción de abandonar en el avión a Seregin inconsciente para salvarse él mediante su eyección fuera de la nave con paracaídas, y escogiendo, sin éxito, intentar hacerse él solo con el control de la aeronave para salvar a su compañero.

De hecho, el examen de restos mortales y del avión reveló, al parecer, que la mano izquierda de Gagarin permaneció aferrada a la palanca de control del motor principal, lo que podría sugerir que intentó controlar el avión hasta el último instante.

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La muerte de Gagarin fue un duro golpe para los planes, en su día secretos, de enviar cosmonautas a la Luna antes que Estados Unidos, ya que, por su carisma y autoridad, Gagarin fue considerado como la última oportunidad de reorganizar debidamente el caótico programa lunar tripulado soviético y adelantarse a Estados Unidos en la carrera tripulada lunar. La historia de ese programa soviético encaminado a llevar cosmonautas a la Luna, que fue mantenido en secreto durante muchos años, nos la narra con todo lujo de detalles en www.alas-rojas.com Manuel Montes Palacio, gran conocedor del programa espacial ruso y brillante escritor y divulgador científico.

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Además de las revelaciones históricas que en los últimos años se han hecho acerca de Gagarin y sobre el viaje con el que inauguró la presencia de seres humanos fuera de la Tierra, existen aún bastantes hechos no corroborados que quizá nunca se esclarezcan. Entre estas posibles leyendas figura por ejemplo la de que Gagarin, con la complicidad del cosmonauta Vladimir Komarov, que falleció en un accidente de su nave espacial un año antes de que Gagarin muriese, guardó de manera extraoficial cenizas de Sergei Korolev (muerto en 1966), uno de los padres de la astronáutica y punta de lanza del proyecto tripulado lunar soviético, con la intención de hacerlas llegar a la Luna. Con ambos cosmonautas muertos, se perdió la pista de lo que pudo pasar con esa porción de cenizas, y a partir de aquí cobra forma la leyenda de que fue enviada a la Luna en alguna de las sondas no tripuladas de aquella época.

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La importancia histórica de Gagarin y su influencia como icono cultural, sobre todo en Rusia, quedan patentes en las tradiciones surgidas a partir de él, y que van desde la costumbre de los cosmonautas de firmar en el Diario de Gagarin antes de iniciar un viaje espacial, hasta la adopción del 12 de Abril (fecha del vuelo de Gagarin) como el Día del Astronauta. Otras cosas que espontáneamente hizo Gagarin en las horas previas a su viaje, y que incluso eran un tanto insolentes, como por ejemplo estampar su firma en el marco de la puerta de la habitación donde durmió la noche antes de partir al espacio, fueron luego ascendidas a la categoría de tradiciones a seguir por todo buen cosmonauta.

El carisma de Gagarin en Rusia y en todo el mundo también se manifiesta en los numerosos sellos de correos que de él se han hecho, así como estatuas y bustos. Y también en que se haya dado su nombre a un asteroide, un cráter en la Luna, unas montañas en la Tierra, una ciudad, una central eléctrica, un centro de entrenamiento de astronautas, y hasta piezas musicales (por ejemplo "Hey Gagarin" de Jean-Michel Jarre), además de, por supuesto, a cosas más comunes como un buque científico, escuelas, academias técnicas, y calles. 

La muestra más reciente de ese carisma es, en el momento de escribir estas líneas, el vuelo de la nave Soyuz TMA-21 a la Estación Espacial Internacional. Para conmemorar el 50 aniversario del vuelo de Gagarin, entre otras cosas la nave despegó desde la misma rampa de lanzamiento que utilizó Yuri.


Es indudable, examinando todos estos ejemplos del carisma de Gagarin, que el primer astronauta de la humanidad, incluso después de muerto, sigue ejerciendo su influencia sobre nuevas generaciones de exploradores espaciales. 


Agradezco la atención que para la preparación de este artículo me ha prestado el Archivo Estatal Ruso de Documentación Científica y Técnica.


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Acerca del autor de este artículo: Jorge Munnshe (nacido en Catalunya, España, en 1965) es escritor y periodista científico y cultural, especializado en nuevos o futuros avances de la ciencia y la tecnología, enigmas científicos y la vanguardia cultural. Aborda estos temas desde el terreno del ensayo y la divulgación con sus artículos y algunos de sus libros, y desde el de la ficción con novelas y relatos. Tiene publicados varios libros y alrededor de un millar de artículos. Textos suyos han aparecido en volúmenes impresos, en una cincuentena de revistas de papel y en numerosas publicaciones en formato electrónico. La mayor parte de su producción ha sido editada en español, pero algunos de sus escritos están publicados en otros idiomas, como por ejemplo inglés, francés, ruso y catalán. Ha sido galardonado con diversos premios por su actividad. Ejerció durante algún tiempo de corresponsal para un equipo que realizaba un programa radiofónico en la Radio-Televisión Estatal Rusa (antes Soviética) y uno televisivo en la Televisión Nacional (antes Regional) de Ucrania. Es cofundador de Noticiasdelaciencia.com.


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