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Jueves, 10 octubre 2013
Aeronáutica

Cuando los zepelines bombardeaban el Reino Unido

Como toda tecnología militar de alto valor estratégico, los grandes globos dirigibles alemanes, conocidos entre otras cosas por sus temibles incursiones aéreas en el Reino Unido durante la Primera Guerra Mundial, estuvieron envueltos en un estricto secretismo. Y hoy en día, a pesar del mucho tiempo transcurrido desde la Gran Guerra, o quizás precisamente por ese muro de tiempo que separa a los investigadores actuales de todas las posibles pistas calientes de esa época y que ha permitido a los máximos artífices tecnológicos de aquellos zepelines llevarse a la tumba sus secretos, estas singulares aeronaves siguen encerrando misterios.

Un reciente intento de desentrañar algunos de ellos ha sido realizado por el equipo del ingeniero Hugh Hunt, de la Universidad de Cambridge en el Reino Unido, y se ha recogido en un documental del Canal 4 británico.

“Una de las cosas más interesantes acerca de los zepelines es que no hay una gran cantidad de información acerca de la forma en que se construyeron, ni de la forma en que fueron destruidos”, destaca Hunt.

La investigación llevada a cabo por Hunt y sus colaboradores se ha dirigido a aspectos del funcionamiento de los zepelines y de cómo se logró derrotarlos. Conviene tener en cuenta que los zepelines podían volar más alto que los aviones que defendían territorio británico y eludir bastante bien por el mismo motivo las baterías antiaéreas británicas. Además, la enorme capacidad de carga de los zepelines, muy superior a la de los aviones de la época, les permitía arrojar una cantidad ingente de bombas en cada ataque. Por todo esto, así como por el aspecto amenazante derivado de su notable tamaño (los mayores dirigibles de la historia fueron el triple de grandes que un Boeing 747), un tamaño que obviamente tendía a ser grande al tratarse de globos, la imagen de un zepelín en el cielo de Londres, ciudad muy castigada por tales ataques, llegó a convertirse en símbolo de destrucción y muerte.

Al principio, la desesperación y el desánimo invadieron a los británicos. Los zepelines eran los dueños y señores del cielo. No parecía existir ningún medio tecnológico viable para derribar a un zepelín. Un globo es fácil de perforar, y el hidrógeno, mucho más ligero que el aire, es inflamable a diferencia del helio, hoy el gas típico de los globos. Sin embargo, en la práctica, derribar un zepelín era muy difícil.

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La imagen de un zepelín en el cielo de Londres, ciudad muy castigada por los ataques de estas aeronaves, llegó a convertirse durante la Primera Guerra Mundial en símbolo de destrucción y muerte para los londinenses. (Imagen: Fotograma del documental "Attack Of The Zeppelins", de Channel 4 / Windfall films)

En referencia a esto último, Hunt subraya: "Si disparamos una bala a un globo de hidrógeno, todo lo que lograremos será un pequeño agujero". Hunt lo sabe bien, ya que para la investigación hizo tal cosa en experimentos a pequeña escala. A partir de aquí es fácil comprender por qué los zepelines parecían tan invulnerables. "Había cincuenta mil metros cúbicos de gas en un zepelín, y al hacerle unos pocos agujeros, lo único que se lograba era privarlo de unos poco metros cúbicos de gas. Eso apenas suponía una diferencia para la aeronave”. Ni la presión del gas ni las características del globo hacían posible que reventase por una rotura como los globos ornamentales o de juguete tan comunes hoy en día en las fiestas.

Entre otras revelaciones, la investigación indica que se usaron muchos intestinos de vaca como uno de los materiales de la "piel" de los zepelines militares alemanes, hasta el punto que ello interfirió con algunas de las prácticas de elaboración de salchichas y embutidos en general de las zonas bajo control alemán. Ya había algunos datos sobre ello, pero el equipo de Hunt quiso averiguar cómo exactamente se usaba ese material de la industria cárnica para la llamativa aplicación aeronáutica. A tal fin, Hunt y sus colegas visitaron una fábrica de salchichas en Middlesbrough, donde los intestinos de vaca se utilizan para elaborar las típicas pieles externas de las salchichas y de diversos embutidos. Tomando como base técnica el método usado, los investigadores dedujeron que humedeciendo las pieles, estirándolas y dejándolas secar de nuevo, era posible unirlas hasta conformar receptáculos idóneos para almacenar gas hidrógeno.

El equipo de Hunt  también ha indagado en la historia de cómo los científicos británicos de la primera Guerra Mundial se las ingeniaron para hacer frente a las aeronaves gigantes, después de haber quedado muy claro que disparar a los zepelines con ametralladoras no bastaba para derribarlos.

El método por el cual los británicos pusieron fin a la supremacía bélica de los zepelines se basaba en disparar alternativamente balas explosivas y balas incendiarias hacia el interior de los globos. Al hacerlo, primero lograban perforar el globo, lo que permitía que el oxígeno se mezclase con el hidrógeno, antes de poner en práctica el segundo paso: Provocar la ignición de la mezcla. Como anécdota, Hunt ha hecho un descubrimiento de tipo personal en este tema: El diseñador de las balas incendiarias para hacer arder en pleno aire a los zepelines no fue otro que su tío abuelo Jim Buckingham.

“Recuerdo a mi padre hablando del “Tío Jim” que había trabajado en balas trazadoras más tarde, en la Segunda Guerra Mundial, pero por algún motivo, yo nunca había caído en la cuenta de que se trataba de la misma persona", confiesa Hunt.

No fue hasta una conversación con un primo suyo, cuando Hunt se dio cuenta de que el Jim experto en balas trazadoras era el mismo Jim Buckingham que diseñó las balas incendiarias para derrotar a los zepelines.

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