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Martes, 28 enero 2014
Arqueología

Sacan a la luz el esqueleto de un faraón desconocido cuya tumba fue profanada

Unos arqueólogos, trabajando en un yacimiento arqueológico de Abidos, en el sur de Egipto, han descubierto la tumba de un faraón previamente desconocido: Woseribre Senebkay. El hallazgo constituye también la primera prueba material de la existencia de una dinastía olvidada del Antiguo Egipto, de entre los años 1650 y 1600 a. C., aproximadamente.

Trabajando en cooperación con el Consejo Supremo de Antigüedades de Egipto, un equipo del Museo de Arqueología y Antropología de la Universidad de Pensilvania en la ciudad estadounidense de Filadelfia descubrió la tumba del rey Senebkay en las proximidades de una tumba real más grande, identificada no mucho tiempo atrás como perteneciente al rey Sobekhotep (probablemente Sobekhotep I, de hacia 1780 a. C.).

El descubrimiento de la tumba de Senebkay es la culminación de un trabajo que se inició durante el verano de 2013, cuando el equipo de la Universidad de Pensilvania, dirigido por Josef Wegner, conservador adjunto de la sección de egiptología del citado museo, descubrió una enorme cámara del sarcófago de 60 toneladas, en el sur de Abidos. De forma misteriosa, el sarcófago había sido extraído de su tumba original y reutilizado en una posterior, pero el verdadero propietario original seguía siendo desconocido cuando finalizó la temporada de verano.

Durante las últimas semanas de excavaciones, han aparecido detalles fascinantes de una serie de tumbas reales y de una dinastía perdida en Abidos. Los arqueólogos saben ahora que la gigantesca cámara del sarcófago procede de una tumba real construida originalmente para el faraón Sobekhotep, probablemente Sobekhotep I, el primer rey de la Decimotercera Dinastía egipcia. Fragmentos de la estela fúnebre de ese faraón aparecieron hace muy poco delante de la tumba recién descubierta, aunque saqueada mucho tiempo atrás.

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A la izquierda, miembros del equipo durante la excavación en la cámara de enterramiento del faraón Woseribre Senebkay. A la derecha, el esqueleto de Woseribre Senebkay. Rodeando a éste, de izquierda a derecha, se encuentran Matt Olson, Alexander Wegner y Paul Verhelst, de la Universidad de Pensilvania. (Fotos: Izquierda: Josef Wegner, Penn Museum. Derecha: Jennifer Wegner, Penn Museum)

La tumba que se acaba de encontrar del faraón Senebkay data de aproximadamente el año 1650 a. C., durante el Segundo Período Intermedio del Antiguo Egipto. La identificación fue realizada por Wegner y Kevin Cahail de la Universidad de Pensilvania. La tumba de Senebkay consiste en cuatro cámaras, con una cámara fúnebre decorada con piedra caliza. La cámara de enterramiento está pintada con imágenes de las diosas Nut (o Nuit), Neftis, Selket (o Serket), e Isis, flanqueando el sepulcro del faraón.

El faraón Woseribre Senebkay fue momificado originalmente, pero hace mucho tiempo unos saqueadores de tumbas profanaron el mausoleo, desvalijaron todo el contenido que consideraron valioso, arrancando incluso revestimientos ornamentales de las superficies de la tumba, y despedazaron el cadáver.

A pesar de los graves destrozos, los arqueólogos del Museo de Arqueología y Antropología de la Universidad de Pensilvania recuperaron los restos del rey Senebkay de entre los escombros de su sarcófago, su máscara fúnebre y otros elementos. Trabajos preliminares sobre el esqueleto de Senebkay, hechos por  Paul Verhelst y Matthew Olson de la citada universidad, indican que era un hombre con una estatura de alrededor de 1,75 metros (unos 5 pies con 10 pulgadas), y que murió entre los 45 y los 50 años.

La tumba del faraón Senebkay es modesta. Un descubrimiento importante sobre esto es el de los restos del arcón en el cual, siguiendo la tradición de la preparación de momias, se depositaban los órganos internos de los cadáveres. Este arcón, hecho de madera de cedro, había sido reutilizado tras su primer uso en la tumba cercana de Sobekhotep I, y todavía llevaba el nombre de aquel faraón anterior. Tal reutilización en la tumba de Senebkay de objetos procedentes de la cercana tumba de Sobekhotep, como la cámara del sarcófago, ofrece evidencias bastante claras de que los recursos del Reino de Abidos eran muy limitados, y que su situación económica estaba a la par.

A diferencia de otras dinastías, la de los faraones de Abidos esencialmente cayó en el olvido e incluso se perdió el conocimiento de la ubicación de su Necrópolis Real, hasta su hallazgo a raíz del descubrimiento de la tumba de Senebkay.

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