Aviso sobre el Uso de cookies: Utilizamos cookies propias y de terceros para mejorar la experiencia del lector y ofrecer contenidos de interés. Si continúa navegando entendemos que usted acepta nuestra política de cookies. Ver nuestra Política de Privacidad y Cookies
Tienes activado un bloqueador de publicidad

Intentamos presentarte publicidad respetuosa con el lector, que además ayuda a mantener este medio de comunicación y ofrecerte información de calidad.

Por eso te pedimos que nos apoyes y desactives el bloqueador de anuncios. Gracias.

Continuar...

Viernes, 7 febrero 2014
Astronáutica

Gran Enciclopedia de la Astronáutica (256): Mariner-C

Mariner-C

Sonda; País: EEUU; Nombre nativo: Mariner-C

Las plataformas de investigación interplanetaria Mariner-A y B de la NASA fueron canceladas por diversos motivos y sustituidas por las Mariner-R, más baratas y sencillas, que dieron pie a dos misiones, las Mariner-1 y 2. La siguiente generación, Mariner-C, en cambio, sí fue desarrollada.

Uno de los motivos del fracaso en la puesta en práctica de las Mariner-A y B, complejas máquinas pesadas, podemos encontrarlo en los retrasos en la puesta a punto de su cohete lanzador, el Atlas-Centaur. Por ejemplo, la Mariner-B disponía de una cápsula de aterrizaje que debía posarse en la superficie de Marte o de Venus. Se había previsto un vuelo de prueba para 1963, en el cual un prototipo de la Mariner-B volaría en uno de los primeros Atlas-Centaur. La continua incertidumbre alrededor del desarrollo de tal vehículo, sin embargo, obligó a cancelar dicho vuelo y a hacer modificaciones en la agenda de trabajo hacia abril de 1962. Se eliminó la posible misión Mariner-B a Venus en 1964 y se decidió que, en todo caso, ésta se realizaría empleando vehículos Mariner-R. Bajo este nuevo plan, la Mariner-B debería debutar en una prueba general en 1964 y se dirigiría después a Marte en una misión doble pero sin cápsulas de descenso. Las Mariner-B hacia Venus quedarían para 1965.

Mientras tanto, internamente, el Jet Propulsion Laboratory (JPL) había estado estudiando una alternativa más sencilla, a la que llamaron Mariner-Mars 1964. Esta consistiría en un sobrevuelo de la superficie marciana gracias al impulso de cohetes Atlas-Agena D, ya disponibles.

Las cosas se clarificarían pronto: el 8 de mayo de 1962, un Atlas-Centaur, durante su primer ensayo en vuelo, explotaba en el aire. Este accidente desencadenaría la utilización definitiva de un par de Atlas-Agena en 1964 en dirección a Marte, dejando el uso de la Centaur hasta 1965 para vuelos a Venus.

Para llevar a cabo el viaje a Marte en 1964, sería necesario buscar una nave mucho más ligera, dadas las limitaciones de la etapa Agena-D. Las modificaciones precisas darían lugar a la que conocemos como Mariner-C.

[Img #18124]
A pesar de todo, varios grupos en la NASA hicieron otras propuestas para resolver la falta de un lanzador adecuado. Se habló de cohetes Atlas-Agena-Able e incluso del enorme Saturn-I. En efecto, en agosto/septiembre de 1962, Wernher von Braun propuso unir un Saturn C1 con una etapa superior Agena-D (Saturn C1 era el nombre en aquella época del Saturn-I). El vehículo podría lanzar una Mariner-B de más de 800 Kg, en contraste con el futuro peso de la Mariner-C (alrededor de los 300 kg). Con esta configuración se podría enviar una Mariner-B hacia Venus en 1965 y otra a Marte en 1966.

Pero los riesgos aún eran importantes, y la NASA, además, no quería dejar pasar la ventana de lanzamiento de 1964, de modo que la opción Mariner-C o Mariner-Mars 64, a bordo de cohetes Atlas-Agena D, pasó a ser la única considerada en serio. La Mariner-C sería rebautizada después con el más genérico nombre de Mariner-M (Mariner-Mars).

El plan se aprobó definitivamente el 1 de marzo de 1963. Se lanzarían dos Mariner-M en misiones de sobrevuelo ("flyby") hacia Marte. En cuanto a la Mariner-B para 1965, se desestimó finalmente pues empezó a solaparse con otra propuesta aún más ambiciosa: el programa Voyager (no debe confundirse con las Voyager de los años 70).

El 11 de abril de 1963, la NASA anunciaba la selección de los diez experimentos que viajarían a bordo de las Mariner-Mars 64 (Mariner-C). El 6 de mayo, además, se efectuó una propuesta que dejaría definitivamente fuera de combate a la ya moribunda Mariner-B. Un nuevo plan establecía dos vuelos hacia Marte en 1966 (Mariner-Mars 66) con el único objetivo de sobrevolar este ignorado planeta. Las dos naves (Mariner-E y F), equipadas con una sencilla sonda atmosférica, sustituirían así a la más ambiciosa y costosa Mariner-B. Para entonces, se suponía ya posible el uso del vehículo Atlas-Centaur.

El golpe de gracia descargado sobre la Mariner-B sería confirmado meses después con la aprobación definitiva del proyecto. Durante el segundo semestre de 1963, mientras tanto, los trabajos encaminados hacia la obtención de un par de naves para la misión Mariner-Mars 64 continuaron adelante. Un prototipo de prueba había sido ya construido y sometido a toda clase de verificaciones. El 19 de diciembre, el Mariner-Mars 66 era formalmente aprobado, al tiempo que se cancelaban para siempre los trabajos en la sonda Mariner-B.

Pero las Mariner-Mars 66 tampoco tendrían un mayor recorrido. El presupuesto de la NASA para 1965 fue de pronto recortado de forma sustancial, debido al programa Apolo. El 28 de julio, también éstas eran formalmente canceladas, transfiriéndose todos sus objetivos hacia una propuesta Advanced Mariner 1969, las Mariner marcianas que volarían en la siguiente ventana disponible (1969).

La cancelación de la Mariner-Mars 66, a su vez, propició una modificación de las tareas a llevar a cabo por las Mariner-Mars 64, debido a que ninguna otra nave podría completar sus trabajos o corroborar sus observaciones hasta, al menos, 1969.

El 11 de septiembre de 1964 llegaban a Cabo Cañaveral las dos sondas que se utilizarían para la misión. Se construyeron tres, pero una permanecería como reserva. Durante un par de meses, los dos vehículos fueron preparados de forma intensiva y chequeados para verificar su perfecto funcionamiento.

El plan establecía un viaje de 8 meses para una sonda que debiera sobrevolar Marte. Una favorable combinación de circunstancias relacionadas con la mecánica celeste que rige el movimiento y las posiciones de los planetas permitiría llevar hasta las cercanías de Marte unos 60 Kg más que hacia Venus dos años antes. El aumento de carga útil se traduciría en una mayor cantidad de instrumentos a bordo y, por ende, en una mayor complicación técnica.

Como se ha dicho, en su versión definitiva, el módulo básico recibió el nombre de Mariner-C, representando un retroceso respecto a diseños precedentes (Mariner-A y B). Además de Mariner-M (Mariner-Mars), también se la denominó, brevemente, Mariner-D (cuando se consideró en 1963 la posibilidad de utilizar una Mariner-C equipada con una cápsula de reentrada a bordo de un Atlas-Centaur).

Los dos componentes de la expedición americana Mariner-Mars 64 tenían características idénticas. Sus objetivos eran sobrevolar la superficie de Marte y fotografiar su atmósfera. Los instrumentos, accionados con antelación, medirían el medio ambiente espacial alrededor del planeta y estudiarían la interacción de Marte con éste.

Sin embargo, y dado el carácter notorio de tales misiones, las Mariner deberían asimismo proporcionar mucha y valiosa información sobre el hecho no trivial de enviar una nave automática a tan enorme distancia de la Tierra. Era particularmente importante todo aquello que tuviera que ver con la navegación, las comunicaciones y la operación del instrumental de las sondas.

[Img #18125]La estructura principal de las Mariner-Mars 64 era bastante sencilla: estaba formada por una base octagonal fabricada en magnesio de 127 cm de diámetro por 46 de alto, y cuatro paneles solares que abiertos proporcionaban una envergadura de casi 7 metros. Los cuatro paneles estaban sujetos a la parte superior de la base de magnesio, y extendían también varias prolongaciones para medir continuamente la presión solar. Proporcionaban 310 vatios de potencia eléctrica en la órbita de Marte, gracias a una superficie colectora total de 6,3 metros cuadrados. Sobre la sonda, descansaba una antena parabólica de alta ganancia, y unida a ella, en el extremo de un mástil de aluminio, otra de baja ganancia. Vista lateralmente, la sonda ofrecía una altura total de casi 3 metros, incluidos todos los apéndices.

La nave poseía baterías de plata-zinc (1.200 vatios/hora) que se recargaban de forma convencional mediante la corriente suministrada por los cuatro paneles solares. Estos estaban formados por un total de 28.224 células solares y medían 176 por 90 cm. Un sistema de posicionamiento que tenía las toberas situadas en los extremos de los paneles ofrecía una gran maniobrabilidad. El sistema propulsivo utilizaba 12 toberas de gas nitrógeno, colocadas de forma que fueran redundantes. En total, la sonda pesaba 261 Kg.

Para facilitar la navegación, las Mariner usaban tres giroscopios, un sensor dirigido hacia la estrella Canopus, un sensor terrestre, otro que detectaba la presencia de Marte, y cuatro sensores solares. Para las comunicaciones, se empleaba un transmisor que emitía y recibía en banda S con una potencia de menos de 10 vatios. Un pequeño artefacto grabador, semejante a un magnetófono, permitía almacenar información que después podía ser retransmitida secuencialmente hacia la Tierra. El sistema propulsivo de control de trayectoria estaba formado por un motor que utilizaba hidracina y proporcionaba 225 newtons de empuje. Podía ser reencendido en varias ocasiones.

La carga útil de la sonda estaba compuesta por numeroso instrumental, entre el cual destacaban el detector de polvo interplanetario, un pequeño telescopio de rayos cósmicos, una sonda de plasma, un magnetómetro, una cámara de ionización, etcétera. De todos ellos, el más espectacular era, sin duda, el sistema de TV, que permitiría obtener imágenes de la superficie marciana con una definición mucho mejor que la conseguida jamás mediante telescopios terrestres. El sistema consistía en una plataforma óptica que transformaba las imágenes reales en información almacenable a través de un tubo de vidicón. El proceso empleaba 24 segundos en grabar una fotografía y más de 8 horas en devolverla completa de regreso a la Tierra. A este exasperante ritmo, no se podrían tomar más de una veintena de imágenes durante el "flyby". La técnica electrónica ofrecía aún ciertas limitaciones. Cada experimento estaba controlado y era responsabilidad de un centro o universidad americanos, siendo el JPL el responsable general de toda la misión. Fue el JPL quién construyó las sondas y sus ingenieros quienes combinaron sus más de 130.000 piezas individuales.

Las Mariner-Mars 64 significaron un salto cualitativo apreciable respecto a las Mariner-R que viajaron a Venus. Su vuelo lejos del Sol obligó a doblar la superficie colectora para equilibrar las necesidades energéticas y el reducido nivel de radiación lumínica solar existente en las regiones exteriores. Los múltiples sensores emplazados a bordo de la sonda mantendrían siempre a la Mariner con los paneles en dirección al Sol.

El proyecto Mariner-Mars 64, como ya se ha explicado, consistía en dos naves gemelas. La dirección del JPL había creado para ellas un plan de vuelo complementario. En el caso supuesto de que alguna de las dos sondas no pudiese realizar su trabajo, la otra podría paliar en cierta forma lo ocurrido. En líneas generales, las dos naves debían ser lanzadas hacia Marte durante la ventana de noviembre de 1964. Con capacidades idénticas, las dos sondas podrían tomar cada una un total de 21 fotografías de la superficie marciana. La distancia de sobrevuelo quedaría definida por la exactitud de las maniobras de corrección de trayectoria, aunque se esperaba sobrevolar el planeta a unos 10.000 Km de la superficie. Tras una corta sesión fotográfica, cada una de las Mariner continuaría su camino, completando su órbita inicial alrededor del Sol.

La Mariner-3 debía ser la primera de las dos sondas que partirían en 1964 hacia Marte. Y así fue. Su Atlas-Agena D despegó desde Cabo Cañaveral a las 19:22 UTC del 5 de noviembre. Los primeros instantes de la misión se desarrollaron de forma normal. Después, la nave abandonó su órbita de aparcamiento terrestre. Sin embargo, aproximadamente una hora después del despegue, los controladores empezaron a dar señales de preocupación. Los instrumentos de a bordo daban señales de vida como se suponía que debía ocurrir, pero todo parecía indicar que la crucial operación de apertura de los paneles solares no había llegado a producirse. Los sensores indicaban que las baterías no recibían energía eléctrica y que éstas pronto se agotarían. Un examen concienzudo de la situación confirmó pronto lo evidente: el carenado que había protegido a la sonda durante el vertiginoso ascenso a través de la atmósfera, no se había separado ni había sido eyectado como estaba previsto.

Todos los esfuerzos encaminados a desencadenar la separación de la cofia fueron inútiles. Muy pronto, el contacto con la sonda se cortó de forma definitiva: las baterías se habían agotado completamente y los instrumentos permanecían silenciosos para siempre. La Mariner 3, ciega, muda y sorda, inició una ruta sin sentido hacia el espacio exterior.

Cargada con el peso muerto de su cofia, la Mariner-3 aumentaría silenciosamente su distancia respecto a la Tierra, pero jamás llegaría a Marte. La sonda debía haber abandonado nuestro planeta exactamente a 41.228 km/h. No lo consiguió por un pequeño margen, de modo que se quedaría en una órbita alrededor del Sol.

¿Qué había ocurrido? Ante el inminente lanzamiento de la Mariner-4 (la ventana se cerraba a finales del mes de noviembre), resultaba fundamental comprender lo sucedido. El despegue de la Mariner-4 estaba previsto para el día 25. Quedaban pues apenas unos 20 días para solucionar el problema, aunque éste parecía estar centrado en el carenado o cofia de fibra de vidrio. Un equipo de ingenieros y técnicos pertenecientes al JPL, al Lewis Research Center y a la empresa Lockheed (responsable de la etapa Agena) inició una desesperada carrera contra reloj, modificando en tiempo récord el problemático carenado y preparándolo para el vuelo de la Mariner-4.

El 19 de noviembre, el Lewis Research Center supervisó los últimos retoques al nuevo diseño, realizado por Lockheed en un tiempo casi milagroso. El carenado se fabricó ahora en metal, sustituyendo de esta forma la más ligera pero insegura fibra de vidrio.

Al día siguiente, el futuro del programa Mariner volvía a oscurecerse. La NASA se veía obligada a cancelar la misión Advanced Mariner 69 por problemas presupuestarios. Concebida para reemplazar a su vez a la Mariner-Mars 66, parecía el paso previo adecuado antes de emprender el definitivo camino hacia los planetas mediante las Voyager, previstas para 1971. Pero la sangría económica del programa Apolo, con un mandato para alcanzar la Luna antes de 1970, devoró casi todo el dinero disponible.

[Img #18127]Ante esta situación, la misión de la Mariner-4 alcanzaría una mayor importancia. Por fortuna, todo fue bien esta vez. La sonda partió desde Cabo Cañaveral el 28 de noviembre de 1964, en un vuelo que aparentemente rozó la perfección. Su Atlas-Agena D la inyectó en una trayectoria de escape adecuada en dirección a Marte. En esta ocasión, además, los cuatro paneles solares de la Mariner se abrieron en el momento programado, proporcionando a tiempo la tan necesaria infusión de energía eléctrica.

Los momentos iniciales del viaje resultaron a pesar de todo un tanto tensos. Hubo algunos problemas relacionados con el sistema de orientación y guiado de la sonda. Recordemos que la plataforma poseía varios tipos de sensores que permitían mantener en la dirección adecuada a toda la nave, posibilitando tanto las comunicaciones con la Tierra como una orientación óptima para que los paneles solares funcionaran de manera correcta. No sería hasta un par de días después del lanzamiento que uno de los sensores, el que debía mantener una visión constante de la estrella Canopus, pudo localizar a esta brillante e importante estrella de referencia. Después, todo se desarrolló de forma normal. En el momento preciso (5 de diciembre), su motor realizó la esperada corrección de ruta, colocándola en la trayectoria de aproximación prevista.

Los instrumentos de la Mariner-4 no permanecieron ociosos durante tan largo viaje. Todos ellos funcionaron correctamente, a excepción de la cámara, que sólo sería usada en las proximidades del planeta. La sonda tomó continuadas mediciones de la radiación solar, campos magnéticos interplanetarios, etcétera. También se observaron rayos cósmicos mediante el telescopio que había preparado la Universidad de Chicago, se estudió el polvo interplanetario, y se detectaron un total de 235 micrometeoritos.

Siete meses y medio después del despegue (228 días de viaje), la Mariner-4 alcanzaba su punto más cercano con respecto a la superficie de Marte. Había recorrido un total de 523 millones de kilómetros, siguiendo una amplia trayectoria de transferencia desde la Tierra. Era el 14 de julio de 1965. Oficialmente, la distancia más cercana establecida entre sonda y planeta resultó ser de apenas 9.844 Km, un verdadero prodigio de exactitud si tenemos en cuenta los meses de tiempo transcurridos y los millones de kilómetros de viaje.

Antes de llevarse a cabo el momento de máxima cercanía (unos 40 minutos antes del sobrevuelo propiamente dicho), el experimento fundamental, la cámara, había empezado a funcionar. El tubo vidicón del sistema televisivo que equipaba a la Mariner-4 actuó durante casi media hora. En el corto período de tiempo que transcurrió desde el inicio de las actividades fotográficas, se tomaron un total de 21 imágenes, además de una mera fracción de la 22ª. Todas ellas fueron almacenadas en el grabador de a bordo, permitiendo su retransmisión hacia la Tierra unas horas después, una vez orientada correctamente la antena de comunicaciones.

Todas las fotografías fueron transmitidas hacia las estaciones receptoras del JPL, donde fueron decodificadas y preparadas para su divulgación y análisis. La cinta magnética instalada a bordo de la sonda y utilizada para almacenar tan valiosa información visual medía unos 100 metros de longitud. En este espacio pudo contener 21 imágenes y media compuestas cada una por unos 40.000 puntos equiparables a diferentes niveles de luz, que darían la impresión de una fotografía convencional en blanco y negro.

[Img #18128]Por fin, el Hombre tenía ante sus ojos la verdadera imagen de Marte: un oscuro planeta, cubierto de cráteres y sin rastro de actividad inteligente. Un aspecto bastante distinto al esperado. Se necesitarían varios meses para analizar con detenimiento cada una de las imágenes recibidas.

La NASA advirtió previamente al público sobre la imposibilidad de discernir sobre la superficie marciana objetos o actividades que denotasen presencia de vida, inteligente o no, con la sola participación de los instrumentos de la Mariner-4. Las fotografías fueron tomadas desde entre 10.000 y 13.000 Km de distancia, arrojando una escasa resolución. Además, la cobertura total se había limitado, necesariamente, a menos del 1% de la superficie del planeta.

Por otro lado, las fotografías sí demostraron claramente la existencia de cráteres, algo que no había podido intuirse ni en la más clara de las imágenes telescópicas tomadas desde la Tierra. A consecuencia de la trayectoria seguida por la Mariner-4, la visión de Marte disponible nos remitía más a una Luna gigantesca que a un planeta de tipo terrestre. Fue una gran decepción para mucha gente. La presencia de cráteres demostraba en cierta manera que la atmósfera de Marte es demasiado tenue como para producir un alto grado de erosión que borre las cicatrices y las roturas del suelo como ha ocurrido aquí, en la Tierra. Asimismo, la aridez del espectáculo hacía presagiar la escasez de un elemento altamente deseado, el agua. Con ello, parecía difícil continuar adelante con las antiguas teorías que tenían que ver con canales o cauces fluviales.

Durante el sobrevuelo, los sensores de la Mariner-4 midieron con insistencia las características básicas de la atmósfera de Marte. Ya en la última porción del "flyby", la sonda viajó brevemente a través de dicha atmósfera, permitiendo obtener una estimación proporcional de su densidad y composición. La trayectoria seguida la llevaría a resultar ocultada por Marte, vista desde la Tierra, lo que posibilitó la realización de un experimento de radio-ocultación. A partir de este experimento se calcularon presiones del orden de entre un 1 y un 3% de la existente en la Tierra, y temperaturas tan altas y tan bajas como las situadas entre los 80 ºC positivos y los 80 ºC negativos. Por otro lado, la atmósfera parecía estar formada en su mayor parte por nitrógeno (60-95%), carbono (5-30%) y oxígeno (menos de un 0,1%). Todo ello contrastaría grandemente con posteriores mediciones efectuadas por otras sondas espaciales, incluidas las soviéticas.

La baja densidad de la atmósfera y la ionosfera, la fuerte presencia de dióxido de carbono y el rango de temperaturas, serían características que afectarían de forma decisiva en la preparación de las próximas misiones. Mejores instrumentos de análisis tendrían que ser desarrollados para poder verificar todo aquello. Las futuras misiones que preveían la inclusión de sondas de aterrizaje deberían ser ahora equipadas con retrocohetes para compensar la debilidad de la atmósfera y la inhabilidad de los paracaídas convencionales para frenar la reentrada de una de tales naves.

Los otros experimentos emplazados a bordo de la Mariner funcionaron en general a buen ritmo. Sólo la sonda de plasma solar dejó de funcionar apenas 8 días después de iniciar sus actividades. Entre otras cosas, se demostró la inexistencia de un campo magnético apreciable, un fenómeno que ya había sido observado en la propia Luna. Durante muchos meses más, sin embargo, la sonda continuó aportando datos de su entorno. Completando su trayectoria orbital alrededor del Sol, la Mariner demostró con creces la posibilidad real de mantener un contacto continuado con la Tierra, incluso desde distancias jamás alcanzadas con anterioridad.

Mientras tanto, las imágenes retransmitidas por la Mariner-4 fueron las más escrutadas de la historia de la Astronáutica. Aunque las primeras seis fotografías no aportaban detalles significativos (fueron tomadas desde muy lejos), la séptima sorprendió a todo el mundo mostrando cráteres parecidos a los lunares, con diámetros de hasta más de 100 Km. Otras imágenes testificaron la inexistencia de mares semejantes a los de la Luna cubiertos de vegetación (como algunas observaciones telescópicas parecían querer confirmar). Los famosos canales tampoco aparecieron por ninguna parte.

De entre las zonas observadas por la Mariner, destacaron las áreas del Trivium Charontis, el Mare Sirenum, Phaethotis, y el Mare Cimmerium. Algunos de los cráteres descubiertos recibieron nombres en los meses siguientes después de su catalogación.

Tras superar su objetivo, las estaciones de seguimiento contactarían con la sonda una vez al mes. La última comunicación "útil" fue la efectuada el 1 de octubre de 1965. En estas comunicaciones periódicas no se recibía información alguna, sólo se verificaba el estado de la sonda y su buen comportamiento lejos de la Tierra.

Un año y medio después del lanzamiento, los instrumentos básicos de la Mariner funcionaban aún correctamente. En febrero de 1966, las señales de radio tardaban casi 40 minutos en ir y volver desde la Tierra a la sonda y viceversa, una comunicación efectuada desde una distancia récord. En mayo de 1966, la Mariner había realizado casi un giro completo alrededor del Sol. Por otro lado, la sonda se encontraba entonces al otro lado de nuestra estrella madre, siendo la primera vez que una señal de radio llegaba a la Tierra a través de la corona solar.

Para demostrar la supuesta habilidad de la sonda para responder a órdenes enviadas desde la Tierra mucho después de sobrepasada su teórica vida útil, se llevó a cabo un interesante experimento en octubre de 1967, 2 años y medio después de su lanzamiento: el JPL, mediante una de sus más potentes antenas de seguimiento, ordenó a la Mariner-4 el encendido del retrocohete durante unos 70 segundos y la puesta en marcha del sistema de retransmisión de fotografías. En esos momentos, la nave se hallaba a unos 90 millones de kilómetros de la Tierra. El éxito de la prueba y la recepción de las imágenes de Marte aún almacenadas a bordo de la sonda, confirmaron la posibilidad de realizar misiones de mucha mayor duración que la implicada en un viaje a Venus o a Marte, abriendo así el camino hacia la exploración de los planetas exteriores del Sistema Solar.

El 20 de diciembre de 1967, se realizaba el último e histórico contacto con la Mariner-4, una de las más exitosas y afamadas sondas de la historia de la exploración del espacio.

Se planteó durante algún tiempo el lanzamiento de la tercera sonda Mariner-C hacia Marte, pero esta opción fue finalmente desestimada. Sin embargo, el vehículo almacenado no fue desechado.

[Img #18129]Teniendo en cuenta las restricciones presupuestarias, en el seno de una reunión celebrada el 22 de diciembre de 1965, la NASA decidió aprobar un modesto sustituto de la cancelada Advanced Mariner-Mars 69, la que se llamaría Mariner-Mars 69. Tres días después, en una reunión similar, se aprobaba un retorno a Venus con una sonda que se denominaría Mariner-Venus 1967. El vehículo a utilizar por esta última sería el ejemplar de reserva de las Mariner-Mars 64, modificado convenientemente. Su actividad científica se vería limitada a un sencillo sobrevuelo de Venus, lo que permitiría confirmar los resultados registrados por la Mariner-2 e incrementar los bancos de datos a utilizar durante la construcción de las futuras Voyager.

Los ingenieros cambiaron algunos aspectos de la sonda, alejándola de su antiguo papel como vehículo que habría tenido que sobrevolar Marte. La mayoría de experimentos instalados a bordo podían ser reutilizados sin dificultades en el viaje a Venus. Los cambios más sustanciales, estructuralmente hablando, se limitaron a la necesidad de aumentar la protección térmica de la nave, así como a una adaptación de los sistemas de producción eléctrica, los cuales deberían trabajar en circunstancias muy diferentes por la mayor cercanía del Sol durante esta misión. Se redujo el tamaño de los paneles solares hasta los 4 metros cuadrados (y con ello el peso de la sonda, que alcanzó los 245 Kg), ya que una menor superficie colectora bastaría para producir la potencia eléctrica que los instrumentos precisarían en esta ocasión. La nave transportaría 17.640 células solares, distribuidas en dos "alas" de 112 por 90 cm cada una. Los paneles podían generar 370 W en la órbita de la Tierra, pero aumentaban su producción hasta los 550 en las cercanías de Venus. Teniendo en cuenta también el sentido de la marcha (en dirección a nuestra estrella), la superficie colectora de los paneles fue invertida, para que las células estuviesen siempre orientadas hacia el Sol.

La sonda no estaría sin embargo equipada con cámaras de televisión dado el relativo bajo rendimiento que podrían tener ante la opacidad de la capa nubosa de Venus. El sistema de control mantuvo la configuración usada en la Mariner-4, aunque se añadieron un par de sensores adaptados a la luminosidad relativa del planeta Venus.

La Mariner-E, o Mariner Mars 67, debía sobrevolar Venus a unos 3.218 Km del planeta, lo que le permitiría obtener datos sobre la atmósfera, la radiación circundante, campos magnéticos, etcétera. La sonda, asimismo, estudiaría el medio ambiente interplanetario durante la travesía, así que estaba convenientemente pertrechada para ello. Los instrumentos que utilizaría serían un fotómetro ultravioleta, un magnetómetro, una sonda de plasma y un detector de radiación. Utilizando la frecuencia de transmisión y recepción, los técnicos podrían realizar experimentos adicionales, gracias a la ocultación de la nave tras el limbo del planeta durante una porción del encuentro, el efecto Doppler producido por el movimiento constante de la sonda y el estudio de la mecánica celeste que emanaría del control de la trayectoria de la sonda durante su largo viaje.

La nave estaría 127 días en tránsito hacia Venus. Su viaje transcurriría prácticamente en paralelo al de su homóloga soviética, la Venera-4.

La también llamada Mariner-E fue puesta a punto y modificada para la ocasión en un tiempo récord, lo que permitió aprovechar sin problemas la ventana de lanzamiento prevista. La sonda utilizaría como lanzador a un Atlas SLV 3/Agena-D. Despegó el 14 de junio de 1967.

Alcanzada la velocidad de escape necesaria, los paneles solares de la sonda fueron extendidos y aseguradas las comunicaciones con la red de seguimiento terrestre. La Red de Espacio Profundo, compuesta por las estaciones enclavadas en España, Australia y Sudáfrica, más la situada en los Estados Unidos, siguieron al detalle cada una de las fases del viaje. Controlando y analizando continuamente la posición de la Mariner-5, el Jet Propulsion Laboratory constató que la actual trayectoria de la nave la situaría a unos 60.000 Km de distancia del planeta. Era necesaria pues la habitual corrección de curso. Una orden retransmitida desde el JPL permitió el breve encendido del motor de la Mariner el 19 de junio. La información recibida procedente de los sensores de la sonda permitió entonces confirmar que el cambio de velocidad había sido acertado y que el sobrevuelo de Venus se efectuaría a menos de 4.000 Km del planeta.

[Img #18130]Hacia el 26 de junio, y ante el constante aumento de la distancia con respecto a la Tierra, la Mariner-5 conectó varios amplificadores de señal que serían usados a partir de entonces para las comunicaciones. Se había pospuesto su uso hasta entonces dado el consumo energético que suponían. Durante un minuto y medio, el contacto con la nave quedó interrumpido hasta que los amplificadores alcanzaron su potencia nominal. Durante el viaje, los instrumentos de la Mariner escrutaron con detenimiento el espacio interplanetario y observaron el Sol. Los sensores de radiación detectaron a principios de agosto un dramático aumento de la misma, producido por dos protuberancias solares consecutivas. Observaciones ópticas realizadas desde la Tierra confirmaron el acontecimiento.

Después de más de 349 millones de kilómetros y 127 días de espera, la sonda llegó por fin a Venus, sobrevolándolo a unos 3.990 Km de distancia. Era el 19 de octubre de 1967. En un corto espacio de tiempo, los instrumentos captaron toda la información posible y analizaron el entorno. Gracias a su comportamiento automático, se midieron los campos magnéticos de la zona, la estructura de la atmósfera venusiana o la interacción del viento solar con el planeta. Analizando las coordenadas de la trayectoria seguida por la Mariner durante el encuentro, los astrónomos pudieron precisar parámetros tan básicos como la masa del planeta, su densidad, etcétera. Aunque los sensores no tomaron su información directamente sino que lo hicieron desde algunos miles de kilómetros de distancia, diversos modelos matemáticos permitieron calcular la temperatura reinante sobre la superficie de Venus y establecerla en unos 267 grados centígrados. Por otro lado, confirmando los estudios efectuados por la Venera-4, que acababa de sobrevolar y penetrar en la atmósfera del planeta, se consideró casi nulo el campo magnético de Venus y se definió la forma y densidad de la corona de hidrógeno que lo rodea. También fue detectada una fina capa ionosférica electrificada, situada en la parte superior de la atmósfera, la cual actuaba reflejando el viento solar que llegaba hasta el planeta.

Aunque algunas lecturas no coincidieron con las obtenidas por la cosmonave soviética, los resultados sirvieron para efectuar mutuas correcciones y para dilucidar en parte el verdadero final de la Venera-4. La presión presente sobre la superficie de Venus quedó establecida en unas 75 ó 100 veces la existente en la Tierra, con lo cual, si tenemos en cuenta el último valor medido por la cápsula de descenso de la Venera, ésta debió colapsar mucho antes de alcanzar la cota más baja o impactó en un promontorio de enormes proporciones (de más de 25 Km de altura).

Una vez sobrepasada la vertical del planeta, la Mariner puedo reorientarse adecuadamente y retransmitir toda la información grabada en la memoria de su sistema de almacenamiento provisional. El trabajo para la Mariner-5 quedaría ahora reducido al mínimo y se limitaría a una vigilancia intermitente de las condiciones imperantes en el medio espacial cercano al Sol.

Con la Mariner-4 aún en funcionamiento, evolucionando en una órbita más alejada de nuestra estrella que la de la Mariner-5, los científicos pudieron obtener mediciones simultáneas del viento solar desde diferentes puntos de vista. Esta última aún tuvo la oportunidad de vivir un acontecimiento histórico después de su aventura en la región de Venus: el 4 de enero de 1968, su trayectoria la llevó hasta menos de 60 millones de kilómetros de distancia respecto al Sol, convirtiéndose en el ingenio humano que más cerca había estado de nuestra estrella.

La misión de la Mariner-5 fue declarada oficialmente finalizada en diciembre de 1967. Había corroborado la mayoritaria presencia de dióxido de carbono en el interior de la atmósfera de Venus y había reducido en diez veces la distancia al planeta alcanzada durante el viaje de la Mariner-2.

Nombres

Lanzamiento

Hora (UTC)

Cohete

Polígono

Identificación

Mariner-3 (Mariner C-2)

5 de noviembre de 1964

19:22:05

Atlas-289D-Agena-D (AA11)

Cabo Cañaveral LC13

1964-73A

Mariner-4 (Mariner C-3)

28 de noviembre de 1964

14:22:01

Atlas-288D-Agena-D (AA12)

Cabo Cañaveral LC12

1964-77A

Mariner-5 (Mariner 67-2) (Mariner-E)

14 de junio de 1967

06:01:00

Atlas SLV-3 Agena-D (AA23)

Cabo Cañaveral LC12

1967-60A



[swf object]
[swf object]






Noticias relacionadas

Copyright © 1996-2017 Amazings® / NCYT® | (Noticiasdelaciencia.com / Amazings.com). Todos los derechos reservados.
Depósito Legal B-47398-2009, ISSN 2013-6714 - Amazings y NCYT son marcas registradas. Noticiasdelaciencia.com y Amazings.com son las webs oficiales de Amazings.
Todos los textos y gráficos son propiedad de sus autores. Prohibida la reproducción total o parcial por cualquier medio sin consentimiento previo por escrito.
Excepto cuando se indique lo contrario, la traducción, la adaptación y la elaboración de texto adicional de este artículo han sido realizadas por el equipo de Amazings® / NCYT®.

Amazings® / NCYT® • Términos de usoPolítica de PrivacidadMapa del sitio
© 2017 • Todos los derechos reservados - Depósito Legal B-47398-2009, ISSN 2013-6714 - Amazings y NCYT son marcas registradas. Noticiasdelaciencia.com y Amazings.com son las webs oficiales de Amazings.
Powered by FolioePress