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Jueves, 6 marzo 2014
Neurología

Fumar puede causar cambios físicos en el cerebro de fumadores adolescentes

Es bien sabido que el tabaquismo causa numerosos problemas de salud, pero ahora un nuevo estudio acerca de los efectos del hábito de fumar en adolescentes, revela que el tabaco puede causar cambios físicos en su cerebro, el cual, a esa edad, aún está desarrollándose, lo cual lo hace más vulnerable ante ciertas influencias bioquímicas perniciosas.

La investigación llevada a cabo por el equipo de las investigadoras Edythe London y Angelica Morales, de la Universidad de California en la ciudad estadounidense de Los Ángeles (UCLA) revela además que esos cambios nocivos pueden ocurrir en aquellos que han estado fumando durante relativamente poco tiempo. Por último, el estudio sugiere que los cambios neurobiológicos que pueden resultar de fumar durante este período crítico podrían explicar por qué los adultos que empezaron a fumar a corta edad tienden a permanecer más enganchados a los cigarrillos.

London, Morales y sus colegas encontraron diferencias entre la ínsula de los fumadores más jóvenes y la de los no fumadores. La ínsula es una parte de la corteza cerebral que está implicada en la vigilancia de los estados internos y en la toma de decisiones. Los investigadores se centraron en la ínsula porque se sabe que ejerce un papel crucial en el mantenimiento de la dependencia del tabaco, disponiendo de la mayor densidad de receptores de acetilcolina nicotínica dentro de la corteza cerebral humana.

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Los investigadores tomaron el historial de consumo de tabaco, evaluaron las ansias de fumar y el grado de dependencia, y examinaron la ínsula valiéndose de imágenes obtenidas mediante resonancia magnética estructural de alta resolución en 42 participantes que oscilaban entre los 16 y los 22 años de edad. De éstos, 24 eran no fumadores y 12 sí lo eran. Los que fumaban empezaron alrededor de los 15 años y consumían menos de 7 cigarrillos al día en el momento del estudio.

Midiendo el grosor cortical de la ínsula en ambos grupos, los investigadores encontraron que la cantidad de tiempo de exposición a los cigarrillos (cuánto tiempo llevaban fumando de forma habitual) estaba relacionada negativamente con el grosor del lado derecho de la ínsula. Es decir, cuanto más había fumado una persona, más delgada era esa parte de la ínsula. La relación también era palpable para el nivel de dependencia de los cigarrillos de los participantes y su ansia de fumar.

En resumen, los resultados de la investigación sugieren que los participantes con mayor exposición al tabaco tenían una dependencia de la nicotina más severa, más ansias de fumar y menos grosor en su ínsula que aquellos menos expuestos.

En el estudio también han trabajado Dara Ghahremani, Milky Kohno y Gerhard Hellemann, de la UCLA.

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