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Lunes, 10 marzo 2014
Astronomía

Un asteroide que está siendo despedazado por causas extrañas entre Marte y Júpiter

El asteroide o cometa P/2013 R3, del que en octubre pasado ya dimos la noticia de que se había dividido en cuatro fragmentos como mínimo (http://noticiasdelaciencia.com/not/8531/), se ha partido en al menos 10 bloques según se ha comprobado ahora.

Si bien se sabe de casos de núcleos frágiles de cometas deshaciéndose a medida que se acercaban al Sol, nada semejante a la fragmentación de P/2013 R3 había sido observado antes en el cinturón de asteroides.

P/2013 R3 fue observado inicialmente como un objeto de aspecto borroso y anómalo el 15 de septiembre de 2013 por los telescopios de la red de observación astronómica Catalina Sky Survey y el Pan-STARRS. Una observación posterior, el 1 de octubre, mediante el telescopio W.M. Keck situado en el Mauna Kea de Hawái, puso de manifiesto que P/2013 R3 constaba de tres cuerpos inmersos en una envoltura polvorienta cuyo diámetro es casi el de la Tierra. Una investigación realizada en aquellas fechas desde España por el equipo de Javier Licandro, del Instituto de Astrofísica de Canarias (IAC), junto con sus colegas del Instituto de Astrofísica de Andalucía (IAA) y del Gran Telescopio Canarias (GTC), con el que se hicieron las observaciones, reveló un mínimo de 4 fragmentos y permitió constatar mejor la extraña naturaleza de este objeto, al que se hace difícil llamar asteroide porque, al igual que un cometa, tiene cola.

El Telescopio Espacial Hubble de la NASA lo ha fotografiado, y ha revelado que hay realmente 10 objetos inmersos en la envoltura de polvo, y diversas colas de polvo como las de los cometas. Los cuatro fragmentos rocosos más grandes tienen un radio aproximado de hasta 200 metros.

[Img #18675]
Los datos del Hubble muestran que los fragmentos están alejándose los unos de los otros al relajado ritmo de una milla por hora (1,6 kilómetros por hora), más lento que el de un humano de paseo. El asteroide empezó a desmontarse a principios del pasado año, pero continúan emergiendo nuevos trozos en las imágenes más recientes.

El descubrimiento continuado de más fragmentos hace improbable que el asteroide se esté desintegrando debido a una colisión con otro asteroide, la cual sería instantánea y violenta en comparación a lo que se ha estado observando. Parte de los escombros de tal choque a alta velocidad tendrían que viajar mucho más deprisa que lo detectado.

[Img #18676]
También es improbable que el asteroide se esté desmembrando debido a la presión de hielos interiores calentándose y vaporizándose. El objeto es demasiado frío para que los hielos se sublimen de forma significativa, y se supone que ha mantenido su distancia al Sol de casi 480 millones de kilómetros durante la mayor parte de la historia del Sistema Solar.

El equipo de Jessica Agarwal, del Instituto Max Planck para la investigación del Sistema Solar en Alemania, y David Jewitt, de la Universidad de California en la ciudad estadounidense de Los Ángeles (UCLA), cree que la única explicación plausible para el enigmático despedazamiento del astro es que se está fragmentando debido a un efecto sutil de la luz solar que hace que la velocidad de rotación aumente poco a poco con el paso del tiempo. Con este fenómeno, llega un momento en que la velocidad de rotación es tan elevada que comienzan a desgajarse bloques del asteroide debido a la fuerza centrífuga. La posibilidad de que un cuerpo celeste pequeño, como un asteroide o un cometa, se fragmente por este fenómeno, conocido como el efecto YORP, ha sido muy debatida por los científicos desde hace varios años, pero, hasta ahora, nunca se había observado de manera lo bastante fiable.
 

Para que ello ocurra, P/2013 R3 ha de tener un interior endeble y fracturado, probablemente como resultado de numerosas colisiones antiguas con otros asteroides. De hecho, se cree que la mayor parte de los asteroides pequeños han sido duramente dañados de esta forma, con el resultado de que su interior se convierte en un montón de rocas sueltas apiladas. El propio P/2013 R3 es probablemente el producto de colisiones que hicieron añicos a un cuerpo más grande en algún momento de los últimos 1.000 millones de años.

El efecto YORP se llama así por las iniciales de los apellidos de sus cuatro descubridores (Yarkovsky, O'Keefe, Radzievskii y Paddack). Este efecto ocurre cuando la luz del Sol es absorbida por un cuerpo y después reemitida como calor. Cuando la forma del cuerpo emisor no es perfectamente regular, se emite más calor de unas regiones que de otras. Esto crea un pequeño desequilibrio que conduce a una alteración creciente en la velocidad de rotación.

Los escombros del asteroide, con un peso total de 200.000 toneladas, serán en el futuro una prolífica fuente de meteoroides. Muchos acabarán cayendo al Sol, pero algunos de los pedazos puede que alcancen la Tierra, en cuya atmósfera se incinerarán apareciendo como meteoros en el cielo.

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