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Miércoles, 19 marzo 2014
Arqueología

Los neandertales del norte de España competían con los osos por las cuevas

En 1996 arqueólogos de la Universidad del País Vasco (UPV-EHU) y la Sociedad de Ciencias Aranzadi, en España, comenzaron a excavar tres cuevas del valle del Deba y del Urola (Gipuzkoa): Lezetxiki, Lezetxiki II y Astigarragako Kobea. Sus trabajos, que continúan en la actualidad, han sacado a la luz la actividad de las cuevas durante el final del Pleistoceno Medio y principios del Pleistoceno Superior.

“En estas cavidades se dio un fenómeno particular hace entre 130.000 y 120.000 años, ya que las ocupaciones de humanos y osos de las cavernas (Ursus spelaeus) se alternaron. Esta era una época prácticamente desconocida en la cornisa cantábrica hasta hace pocos años”, declara a Sinc Aritza Villaluenga Martinez, investigador que lidera el estudio que publica la revista Journal of taphonomy.

Las tres cuevas se encuentran en el corredor geográfico que comunica de modo más directo y sencillo el extremo suroeste de Europa y el interior de la Península Ibérica. Al remontar el valle del Deba (Gipuzkoa) se alcanza la cabecera del valle del Ebro y la meseta castellana. Atapuerca se encuentra a 120 km en línea recta. “La presencia de útiles en cuarcita en Lezetxiki y Lezetxiki II –añade Villaluenga– atestiguan estos contactos, ya que este material sólo aparece en el valle del Ebro”.

Varios grupos humanos frecuentaron estas cavidades de un clima templado, parecido al actual. Asimismo, en Lezetxiki II se descubrieron los restos más recientes en Europa de Macaca sylvanus (mono de Gibraltar) y ratón de los abedules (Sicista betulina). Ambas especies vivían en bosques caducifolios.

Los neandertales que vivían en esta región cazaban caballos y bóvidos, pero también debían competir en este espacio con otros carnívoros como leones de las cavernas o leopardos.

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“Sin embargo, la especie más abundante en estas tres cuevas es el oso de las cavernas. Hemos hallado esqueletos enteros de este animal, que podía medir hasta 3 metros de altura y pesar cerca de 600 kg. Sabemos por los restos óseos que algunas cuevas estaban ocupadas por grandes machos, mientras que la de Astigarragako Kobea la usaban las hembras para dar a luz y criar a los oseznos durante los primeros meses”, argumenta el científico.

No existen testimonios directos de la interacción entre humanos y osos, pero los científicos han hallado en los mismos niveles arqueológicos útiles líticos y restos óseos aportados por los humanos, junto a multitud de restos de este y otros animales (1287 restos en Astigarragako Kobea, 1085 en Lezetxiki II y 6125 en Lezetxiki).

En definitiva, los investigadores revelan una nueva realidad desconocida hasta ahora y que continúa como objeto de estudio –cada año en el mes de julio se realiza una campaña de excavación en la cueva de Lezetxiki–.

“Hasta el momento apenas existían testimonios directos, aparte de conjuntos líticos al aire libre o algunos niveles arqueológicos (Cueva del Castillo, Puente Viesgo, Cantabria) de la presencia humana durante el Paleolítico Inferior en cuevas del norte de la península ibérica”, concluye Villaluenga.

En otro estudio publicado en la misma revista, Villaluenga ha comparado la información de los restos de fauna y los útiles líticos humanos de otras dos cuevas de Gipuzkoa (Labeko Koba y Ekain) de hace entre 36.000 y 32.000, transición entre el Musteriense y el Paleolítico Superior.   

El estudio tafonómico –presencia de marcas de corte o de dientes de carnívoros–, tipológico y tecnológico de los útiles líticos en diferentes niveles de estrato mostraron un complejo uso de estas cuevas.

“Los restos óseos (3.399 en Labeko Koba y 3.222 en Ekain) y la tafonomía indican que aquí los humanos también debieron competir con carnívoros, hay presencia de hiena de las cavernas en ambas cuevas, de cánidos y de osos de las cavernas”, apunta el científico.

Los dos primeros (hienas y lobos) ocupaban las cuevas como lugares de refugio, a las que traían restos de los animales cazados o incluso consumían los restos de osos muertos en las cuevas durante la hibernación.

Por otra parte, Labeko Koba era una trampa natural y los humanos entraban en esta cueva para aprovechar la carne de los animales que habían caído en su interior.

“En ambas cavidades descubrimos uno de los pocos niveles arqueológicos adscritos al Chatelperroniense. Este periodo cultural solo se ha identificado en el suroeste de Francia y la cornisa cantábrica, y es objeto de debate, ya que pudo coincidir con los últimos neandertales justo antes de su extinción”, asegura Villaluenga.

Esta información, comparada con los estudios de los útiles líticos –principalmente puntas de sílex–, muestra una presencia humana corta pero repetida en el tiempo.

Según los científicos, las cuevas no eran lugares de residencia humana durante el Chatelperroniense. “Se trataba –añade Villaluenga– de refugios temporales (Ekain) y una cavidad en la que aprovechar la presencia de animales atrapados de modo natural (Labeko Koba)”. Sí lo estuvieron en periodos posteriores, Labeko Koba durante el Auriñaciense y Ekain durante el Magdaleniense.

Este trabajo aumenta el conocimiento de un periodo de transición entre los últimos neandertales y los primeros humanos modernos, en el que también existía competencia con otros carnívoros por el espacio en el que refugiarse.

La excavación de Labeko Koba está dirigada por Álvaro Arrizabalaga, profesor de la Universidad del País Vasco-Euskal Herriko Unibertsitatea (UPV-EHU). El estudio tecnológico y tipológico de los útiles líticos de Ekain fue realizado por Joseba Ríos-Garaizar (CENIEH) y Aritza Villaluenga, adscrito al Instituto Monrepos, (Neuwied Alemania) y Sociedad de Ciencias Aranzadi (Donostia- San Sebastián) analizó los restos de fauna de Labeko Koba y Ekain. (Fuente: SINC)

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