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Miércoles, 26 marzo 2014
Entomología

Introducen en una región a un insecto exótico para que luche contra otro invasor

¿Qué hacer cuando una especie invasiva se aposenta en una zona agrícola donde antes no se la conocía, destruye cultivos a un ritmo alarmante, y la opción de combatirla con insecticidas es poco viable? Una alternativa expeditiva aunque no exenta de riesgos es traer a un depredador natural de la misma región de la que es oriunda la especie invasora. ¿Será el depredador capaz de adaptarse lo bastante bien al nuevo entorno como para sobrevivir, multiplicarse y combatir con éxito a la especie que era su presa típica en la región de origen de ambos? ¿Atacará el depredador a especies autóctonas creando más problemas que los que resuelva?

Hay casos de éxito, como la guerra en Estados Unidos contra un dañino escarabajo invasivo para la que se reclutó a tres especies de avispas chinas y sobre la cual ya escribimos el año pasado un artículo (http://noticiasdelaciencia.com/not/7644/) en NCYT de Amazings. Pero no siempre es prudente combatir a insectos foráneos trayendo a otros insectos foráneos; pueden desencadenarse desequilibrios ecológicos con consecuencias igual de nocivas o más que los daños directos perpetrados por la plaga a la que se pretende erradicar.

El nuevo caso del que ahora hablamos también ha acaecido en Estados Unidos. En agosto de 2008, el insecto Diaphorina citri, un psílido invasivo conocido por propagar una enfermedad vegetal llamada Huanglongbing y que afecta a diversas especies de plantas del género Citrus, siendo capaz de matarlas, fue detectado en el sur de California. Después de tratamientos iniciales con insecticidas que resultaron ser costosos e insostenibles, se tomó la decisión de intentar el control biológico de la plaga usando un insecto del que se sabía que atacaba a los psílidos. Sin embargo, dado que este depredador natural, concretamente una avispa parasitoide de la especie Tamarixia radiata procedente de Pakistán, ni es nativa de Norteamérica ni nunca había tenido poblaciones conocidas aquí, se tuvo que llevar a cabo un estudio de impacto ambiental antes de que el enemigo del insecto herbívoro invasor fuese soltado en grandes cantidades en los campos.

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El equipo de Mark Hoddle y Raju Pandey, de la Universidad de California en la ciudad estadounidense de Riverside, realizó un meticuloso estudio de seguridad y un seguimiento posterior del depredador en libertad, para evaluar el curso de esta guerra entre insectos. Los resultados de todo este trabajo de investigación se han presentado públicamente ahora.

Las hembras de la avispa Tamarixia radiata ponen huevos bajo las ninfas de los psílidos. Cuando los huevos eclosionan, las larvas de avispa se alimentan de las ninfas de los psílidos, matándolas, y emergen como adultos alrededor de 12 días más tarde. Las hembras adultas de Tamarixia radiata también se alimentan de otras ninfas de Diaphorina citri, matando numerosas ninfas en el proceso.

Una provisión de avispas Tamarixia radiata se importó de Pakistán. El primer paso fue poner en cuarentena a las avispas en instalaciones de la citada universidad y estudiarlas durante año y medio. Había que asegurarse de que el remedio no fuese peor que la enfermedad, o sea que el establecimiento de una población de avispas Tamarixia radiata no acarrease riesgos para personas, ganado, animales de compañía ni insectos locales beneficiosos.

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Los investigadores observaron cómo las avispas importadas reaccionaban ante siete especies de psílidos que no eran el blanco de ataque deseado, incluyendo las que están taxonómicamente relacionadas con la D. citri, así como a otras que son nativas de California y que suelen estar en plantas de otras especies, a poca distancia de los árboles cítricos. De las siete especies de psílidos que no eran el blanco de ataque deseado, solo una de ellas, concretamente una especie dañina para la agricultura, la Bactericera cockerelli, pasó a ser parasitada por las avispas, aunque eso ocurría en un bajo porcentaje, menor al 5 por ciento.

Los resultados sugirieron que había pocas probabilidades de que se produjera un impacto significativo en los insectos que no eran el blanco de ataque deseado, y también de que el establecimiento de T. radiata en el sur de California para combatir a los insectos D. citri plantea un riesgo medioambiental insignificante.

A raíz de todo eso, el Departamento de Agricultura de Estados Unidos (USDA) autorizó la liberación de las avispas parasitoides. En estos momentos, ya son más de 200.000 avispas las que han sido soltadas en campos agrícolas de cítricos desde entonces, y los lugares donde se las ha soltado, en el sur de California, son más de 400. El seguimiento realizado desde que las primeras avispas fueron soltadas confirma que todo marcha viento en popa. La Tamarixia se ha propagado por la región, ocupándose de los insectos Diaphorina citri en cualquier sitio, incluyendo jardines en viviendas y pequeños huertos. En algunos casos, las avispas Tamarixia han sido encontradas a distancias de entre 8 y 11 kilómetros del lugar de la liberación más cercana, y el análisis de ADN ha confirmado el origen pakistaní de esas avispas parasitoides examinadas.

En definitiva, la extensa investigación demuestra que la acción depredadora de la Tamarixia radiata es muy específica contra el blanco principal de ataque para el cual se la seleccionó.

Según Hoddle, estos resultados demuestran que los enemigos naturales, cuidadosamente seleccionados por expertos y que se utilizan en los programas de control biológico de plagas invasivas pueden ser muy seguros y no deberían causar daños ecológicos.

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