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Larry Berg y Rob Newsom, investigadores del Laboratorio Nacional estadounidense del Pacífico Noroeste (PNNL), están usando los citados equipamientos meteorológicos para medir los vientos hasta poco más de 100 metros hacia arriba, la altura promedio en la que operan los rotores de las turbinas, para tener un mejor conocimiento de cómo se comportan allí.
La velocidad de los vientos se suele monitorizar a alturas mucho menores, de tan sólo 10 metros, en las redes de estaciones meteorológicas. Las compañías que trabajan con energía eólica sí lo miden a mayores alturas, pero no acostumbran a compartir esa información con nadie. Los resultados que el PNNL obtenga con sus investigaciones sobre el tema sí estarán disponibles en internet para todos.
Los datos recolectados durante este estudio se usarán para evaluar la eficacia predictiva de diversos modelos atmosféricos digitales cerca de parques eólicos en funcionamiento. Estos modelos digitales se emplean de forma rutinaria para proporcionar pronósticos meteorológicos de las horas en que habrá condiciones favorables del viento, con horas e incluso días de anticipación. Esta información puede ayudar a las centrales eólicas a operar más eficazmente y permitirles integrar bien a la red eléctrica la energía que producen.
Se sabe que estos modelos tienen errores relativamente grandes a la hora de prever la severidad de los vientos fuertes y cuándo se dejarán sentir, incluyendo las rachas durante tormentas. Esto es importante porque incluso errores relativamente pequeños en las predicciones de la velocidad del viento pueden llevar a grandes errores en la generación prevista de electricidad en los parques eólicos.
Cuando eso ocurre, el personal que controla la red tiene que acomodar la potencia de entrada, a menudo desviando o apagando otras fuentes de energía. En ciertas regiones, eso puede significar el desvío de las aguas del río por los canales de evacuación en lugar de enviar el agua a través de las turbinas generadoras de las centrales hidroeléctricas. A veces la información de que conviene hacer tales desvíos llega sólo unos pocos instantes antes de cuando deben ponerse en práctica. Eso suele ocurrir cuando la red se satura por culpa de un vendaval inesperado. Por el contrario, cuando el viento deja de soplar de improviso, la red puede experimentar una necesidad urgente de energía.
Si se lograse predecir con suficiente antelación y fiabilidad tales ráfagas de viento, el personal de control de las redes de suministro eléctrico podría preparar planes más adecuados de antemano.
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