Neurología
Sondeando las fronteras de la inconsciencia
Martin Monti, profesor de psicología y neurocirugía de la Universidad de California en Los Ángeles (UCLA), y sus colegas, usaron resonancia magnética funcional por imágenes (fMRI) para estudiar cómo el flujo de información en el cerebro de 12 voluntarios sanos cambiaba a medida que perdían la conciencia bajo los efectos de la sustancia anestésica conocida como propofol.
Los participantes tenían edades de entre 18 y 31 años, y se dividían entre hombres y mujeres a partes iguales. La investigación se llevó a cabo en el Hospital de Lieja en Bélgica.
Los psicólogos analizaron las “propiedades de red” de los cerebros de los sujetos, utilizando una rama de las matemáticas que a menudo se utiliza para estudiar patrones de tráfico aéreo, información en internet y otras cuestiones que a simple vista no parecen tener nada en común con la neurología.
Los nuevos análisis corroboran que, cuando perdemos conciencia, la comunicación entre las distintas áreas del cerebro se torna extremadamente ineficiente, como si cada área del cerebro pasara de repente a estar situada a una distancia enorme de las demás, haciendo muy difícil el viaje de la información de un lugar a otro.Los resultados de la nueva investigación también respaldan la idea de que la consciencia no "vive" en un lugar particular de nuestro cerebro, sino más bien "surge" del modo en el que miles de millones de neuronas se comunican entre sí.
Cuando los pacientes entran en coma o en un estado vegetativo es muy probable, en opinión de Monti, que la manera en que sus cerebros dejan de funcionar debidamente sea parecida a la vista por los científicos en los voluntarios sanos bajo anestesia, aunque las causas sean muy distintas en unos u otros casos.
Monti fue parte de un equipo de neurólogos, estadounidenses e israelíes, que usaron resonancia magnética funcional por imágenes (fMRI) en el ex primer ministro Ariel Sharon en enero de 2013, a fin de evaluar sus respuestas cerebrales.
Sorprendentemente, Sharon, de quien se creía que se hallaba en estado vegetativo desde que sufrió una hemorragia cerebral en 2006, resultó tener una actividad cerebral significativa, tal como constataron Monti y sus colegas.
El ex primer ministro fue escaneado para evaluar el alcance y la calidad de su procesamiento cerebral, utilizando nuevos métodos desarrollados por Monti y sus colegas. Los científicos descubrieron señales sutiles pero inequívocas de consciencia.
Los científicos mostraron a Sharon fotos de su familia, le hicieron escuchar la voz de su hijo, y utilizaron estimulación táctil para medir el grado en que su cerebro respondía a los estímulos externos.
Los científicos realizaron un experimento en el que se le pidió a Sharon que hiciera tres tareas mentales, a fin de evaluar si entendía lo que se le encargaba y era capaz de llevarlo a cabo, dilucidando así cuál es su nivel de consciencia. Le pidieron que imaginara que estaba golpeando una pelota de tenis y también que estaba caminando por las habitaciones de su casa. También le mostraron una fotografía de un rostro superpuesta a una foto de una casa, pidiéndole que se concentrase primero en la cara y luego en la vivienda.
En este experimento de las tres tareas mentales, los científicos también detectaron señales de un cierto nivel de consciencia, aunque resulta difícil interpretar qué implica ello para el propio Sharon.
La información proveniente del mundo exterior está llegando a las regiones adecuadas del cerebro de Sharon. Sin embargo, no está tan claro hasta qué punto Sharon percibe esa información de una manera plenamente consciente. Las señales indicativas de que el ex-primer ministro israelí estaba realizando las tareas mentales que le encargaron los científicos eran débiles. Monti cree que Sharon puede estar consciente, aunque su lucidez probablemente sea baja y no tenga forma de saber o entender lo que le está ocurriendo.
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