Astronáutica
Todo a punto para el despegue del Endeavour STS-134
Todo está a punto
para el lanzamiento de la última misión espacial del transbordador Endeavour.
El despegue, previsto para las 12:56 UTC del 16 de mayo, significará el envío a
la estación espacial internacional de seis astronautas y una importante carga
científica.
Los astronautas
llegaron a Florida el 12 de mayo, procedentes de Houston. Aterrizaron con sus
aviones a reacción en la pista principal de la Shuttle Landing Facility, y
luego hicieron una declaración ante la prensa, mostrando su alegría por el
retorno, tras los anteriores retrasos.
El comandante Kelly
y el piloto Johnson practicarían más tarde el aterrizaje con un avión que
simula los mandos del transbordador, mientras sus compañeros efectuaban otros
preparativos para el lanzamiento. Con un pronóstico meteorológico favorable en
un 70 por ciento para el momento de la partida, en la rampa de despegue
continuaban también las preparaciones.
El viernes 13 de
mayo se inició la cuenta atrás, sin que el personal estuviera ocupándose de
ningún problema técnico. Se llenaron los tanques de las células de combustible
del Endeavour, entre otras operaciones. El sábado, la dirección del programa
dio la luz verde para el despegue, después de revisar cómo estaba avanzando
todo.
El domingo, los
técnicos retiraron la estructura de servicio (RSS) que protege al vehículo,
apartándola. Por la tarde, los especialistas configuraron el instrumental de la
cabina para el lanzamiento. También se activaron las células de combustible que
producirían la electricidad para los sistemas.
Finalmente, se dio
la orden de proceder con el llenado del tanque externo. Las bombas
transferirían a su interior miles de litros de hidrógeno y oxígeno líquidos.
Con el reloj de la cuenta atrás parado en T-3 horas, se empezó a preparar la
sala para los astronautas y la llegada del equipo que haría revisión final.
Otro personal revisó el exterior del vehículo en busca de posibles acumulaciones
de hielo. Todo quedó a punto para el lanzamiento en el momento esperado.
El sistema que falló
durante el anterior intento pasó sin dificultades las pruebas oportunas, tras
el cambio de la unidad implicada.
El último vuelo del Endeavour será celebrado como se merece. Este trasbordador, bautizado en honor al primer barco del explorador británico James Cook, entró en servicio hace casi 19 años reemplazando al Challenger, destruido tras un fatídico accidente.
Esta misión marca también
el preludio del fin del programa del Trasbordador Espacial, que abarca ya tres
décadas y 133 misiones. Durante este vuelo, el STS-134, la tripulación
realizará cuatro paseos espaciales – los cuatro últimos de la historia del
Trasbordador. Tres de los seis miembros de la tripulación ya habían servido a
bordo del Endeavour en anteriores misiones.
En esta ocasión, la
tripulación dejará el OBSS (el sistema de sensores utilizado para inspeccionar
el escudo térmico del Trasbordador tras el lanzamiento) de forma permanente en
la Estación, en la que será utilizado para inspeccionar aquellas zonas a las que
no llega el brazo robótico de la ISS, el Canadarm-2, tales como los paneles
solares exteriores. Con el OBSS, el Canadarm-2 duplicará su longitud alcanzando
los 30m.
El Endeavour también ‘bailará’ un último vals con la Estación: la nave realizará una serie de maniobras alrededor de la ISS para probar un nuevo tipo de sensores que podría facilitar el atraque de futuras naves al complejo orbital. Estas maniobras se efectuarán durante las fases de aproximación, atraque, desatraque y sobrevuelo.
Esta particular
coreografía alrededor del complejo orbital imitará una serie de trayectorias de
aproximación, hasta una distancia de 180 m de la Estación. El objetivo será
comprobar el funcionamiento de los Sensores Orión de Navegación Relativa, que
podrían equipar las futuras naves tripuladas estadounidenses.
Pero la misión es especialmente importante por la carga útil que transporta el vehículo. El AMS-02 embarca en la última misión del Trasbordador Espacial Endeavour para explorar los lejanos y desconocidos confines del Universo, donde espera encontrar respuestas a algunas de las cuestiones más antiguas de la física de partículas y de la cosmología y quizás también descubrir algún fenómeno inesperado.
Durante las últimas
décadas se han realizado varios descubrimientos fundamentales en el campo de la
astrofísica, tales como los púlsares, la radiación de fondo en microondas o las
explosiones de rayos gamma.
Sin embargo, los rayos cósmicos chocan contra un muro delgado a la vez que impenetrable – la atmósfera terrestre - que absorbe y altera las partículas cargadas, haciendo imposible su estudio preciso desde tierra. Por otra parte, para determinar su carga eléctrica es necesario analizar qué trayectorias seguirían en el seno de un campo magnético. Ahora, con un detector magnético en órbita, los astrónomos y los físicos de partículas aguardan impacientes los primeros resultados.
El Espectrómetro
Magnético Alfa (AMS) estudiará los rayos cósmicos de alta energía, lo que
ayudará a los científicos a comprender por qué predomina la materia sobre la
antimateria en el Universo visible. El AMS buscará restos de antimateria en las
fronteras del Universo observable.
La materia convencional visible, como la que forma las estrellas, los planetas y las galaxias, constituye menos del 5% de la masa del Universo. Las teorías actuales y las observaciones indirectas sugieren que el 95% restante es ‘materia oscura’ y ‘energía oscura’, aunque se sabe muy poco sobre estos dos conceptos.
Las teorías actuales
sugieren que el 23% de la masa del Universo es materia oscura. Nunca se ha
podido detectar con métodos directos, pero se pueden apreciar sus efectos en
las perturbaciones gravitatorias que causa sobre otros objetos. Su origen y
estructura continúan siendo un misterio. La materia oscura podría estar
constituida por ‘neutralinos’, una hipotética partícula elemental que, si
existe, podrá ser detectada indirectamente gracias al AMS-02.
El experimento del profesor Ting permite buscar estas partículas con una sensibilidad entre mil y un millón de veces superior a la de cualquier otro instrumento, lo que abre las puertas de un mundo completamente desconocido en el que podría ser posible detectar el esquivo neutralino, u otras partículas elementales cuya existencia ni siquiera se sospecha. El AMS-02 también podría ayudar a detectar una extraña forma de materia predicha por los científicos: una partícula elemental muy pesada conocida como ‘strangelet’.
La hipotética
energía oscura, cuya fuerza gravitatoria de repulsión sería la responsable de
la expansión acelerada del Universo, es todavía más misteriosa. Aunque el
AMS-02 no está diseñado para estudiarla, sus observaciones permitirán
comprender mejor la composición del Universo, por lo que se espera que también
puedan arrojar algo de luz sobre este enigma.
Si el AMS-02 logra
detectar núcleos de antimateria, revolucionará los modelos actuales del
Universo. Al comienzo del tiempo y del espacio, existía un equilibro entre la
cantidad de materia y de antimateria que había en el Universo. Sin embargo, el
cosmos, tal y como lo conocemos hoy en día, está formado únicamente por
materia; no se sabe porqué no existe antimateria, anti-estrellas o
anti-galaxias.
La participación
española en el AMS-02 ha sido coordinada por el Centro de Investigaciones
Energéticas, Medioambientales y Tecnológicas (CIEMAT), a través del director de
su Departamento de Investigación Básica, Manuel Aguilar, y ha contado con la
participación del Instituto de Astrofísica de Canarias (IAC), dos instituciones
dependientes del Ministerio de Ciencia e Innovación. La segunda de ellas es un
consorcio público que preside la Ministra de Ciencia e Innovación, constituido
por la Administración General del Estado, la Comunidad Autónoma de Canarias, la
Universidad de La Laguna y el Consejo Superior de Investigaciones Científicas.
La contribución de
España al proyecto AMS se evalúa económicamente en 11,4 millones de euros,
aproximadamente el 4 % del total de los costes materiales de la construcción
del instrumento, en el que participan 16 países.
La otra carga
importante será el Express Logistics Carrier (ELC-3). Roberto Vittori y tres
compañeros de tripulación instalarán el ELC-3, una plataforma que permite colocar
experimentos y almacenar repuestos en el exterior de la Estación, y el cual
viajará cargado de elementos de reserva que permitirán mantener operativo el
complejo orbital tras la retirada del Trasbordador Espacial estadounidense.
El ELC-3 transportará dos antenas de comunicación, un tanque de oxígeno, un depósito de amoníaco para los sistemas de refrigeración de la Estación y un nuevo componente para el brazo robótico Dextre. La tripulación de la misión STS-134 realizará cuatro paseos espaciales para instalar los nuevos componentes – los cuatro últimos de la historia del Trasbordador.
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