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Domingo, 25 de Septiembre de 2011
Astronáutica

Los Desert RATS en acción

A principios de este mes un equipo de científicos europeos ayudó a los Desert RATS a explorar la superficie de un asteroide. Es la primera vez que este programa de simulaciones realistas de la NASA cuenta con una fuerte participación europea.
 
El equipo de exploradores no viajó a un asteroide real, sino a un desierto cerca de Flagstaff, en Arizona, Estados Unidos. Desde el año 1999, científicos, astronautas e ingenieros de distintas universidades y centros de la NASA se dan cita una vez al año en este lugar para simular misiones tripuladas a la Luna y a Marte.

Los Desert RATS – un juego de palabras en inglés entre el acrónimo de ‘Estudios de Investigación y Tecnología en el Desierto’ y ‘Ratas del Desierto’ – han permitido probar en un entorno realista un gran número de vehículos, hábitats, trajes espaciales, instrumentos, robots, sistemas de comunicaciones, métodos de investigación y otros aspectos científicos, técnicos y operacionales de las futuras misiones de exploración tripulada.

Estas simulaciones realistas en entornos extremos ayudan a planificar mejor las futuras misiones de exploración espacial y a adquirir experiencia en el control de operaciones complejas.  
 
Este año la tripulación de astronautas y geólogos ‘aterrizó’ en un asteroide para explorar su superficie en una serie de actividades extravehiculares – a pie y con la ayuda de dos Vehículos de Exploración Espacial.

Durante las dos semanas que duró la simulación, la tripulación vivió en el interior de un Hábitat de Espacio Profundo, en el que también se simulaban las comunicaciones con su nave nodriza y con el centro de control de la misión en la Tierra.

Para simular la distancia que los separaba de nuestro planeta, se introdujo un retardo artificial en las comunicaciones de 100 segundos. La tripulación también se las tenía que arreglar con un ancho de banda bastante limitado.

Aunque todavía resulte imposible simular la reducida gravedad de un asteroide, los miembros de la expedición se tenían que comportar como si estuviesen sobre un pequeño cuerpo celeste.

Por ejemplo, tenían que anclarse al suelo cada vez que utilizaban sus martillos para tomar muestras geológicas, para evitar que el retroceso del golpe los lanzase de vuelta al espacio profundo.
 
En las anteriores ediciones de DRATS, William Carey, un especialista de la ESA en la planificación de estrategias para las futuras operaciones de exploración, era el único europeo de la expedición. Este año, por primera vez, contó con el apoyo de todo un equipo de científicos que supervisaban su misión desde Europa.

“Estas simulaciones se parecen mucho a un partido de cricket: una larga espera interrumpida de vez en cuando por momentos de intensa concentración”, comenta William, en referencia a los largos preparativos para la misión.

“Cuando comenzamos las actividades extravehiculares, nuestros corazones empezaron a latir más rápido”.

La tensión también se podía sentir en las dos ‘salas de control científico’, cada una con un equipo de científicos e ingenieros que controlaban uno de los vehículos y a su tripulación. Los científicos europeos siguieron la misión desde la sala de control ‘Erasmus’ en ESTEC, el centro tecnológico de la ESA en Noordwijk, Países Bajos, que normalmente se utiliza para controlar las operaciones científicas a bordo de la ISS.
 
El equipo de 11 científicos e ingenieros de Francia, Italia, Países Bajos, ESA y NASA se comunicaban con la tripulación de Arizona como si se tratase del centro de control de una misión real a un asteroide.

“Estos científicos fueron como otro cerebro y un nuevo par de ojos para la tripulación”, explica Sylvie Espinasse, coordinadora del proyecto para la ESA.

“Al recibir el audio y el vídeo de la tripulación en tiempo real, podíamos monitorizar su trabajo de campo, y comunicarnos con ellos teniendo en cuenta el retardo en las comunicaciones”.
 
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Durante los dos intensos días en los que se controló la misión desde ESTEC, el equipo europeo estudió todo lo que sucedía en la superficie del asteroide, observando qué hacía la tripulación, intentando maximizar el retorno científico de las muestras que recogían y ayudando a los exploradores a aprovechar al máximo el poco tiempo disponible para las actividades extravehiculares.

“Me divertí mucho con esta nueva forma de exploración”, confiesa Goro Komatsu, un geólogo de campo de la Escuela Internacional de Investigación de Ciencias Planetarias, en Italia.

Goro estaba muy emocionado cuando una tormenta obligó a suspender las actividades del segundo día de su misión: “¡Fue muy útil para aprender a enfrentarse a un imprevisto!”.

En una misión real a un asteroide, los exploradores tendrán que enfrentarse a las temibles tormentas solares, que interrumpirán las comunicaciones por radio y les obligarán a buscar refugio. (Fuente: ESA)

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