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Redacción
Jueves, 09 de Mayo de 2019
Salud

Vivir en ambientes saludables previene los atracones de comidas azucaradas y alcohol

Unos investigadores han confirmado que las personas que viven en ambientes saludables tienen una menor probabilidad de consumir comidas azucaradas o alcohol en grandes cantidades concentradas en períodos breves.


El estudio es obra de un equipo de científicos de la Universidad de Almería (UAL) en España.


Los resultados de la investigación sugieren además que mitigar estos atracones previene posteriores adicciones.


La catedrática de Psicobiología de la Universidad de Almería, Inmaculada Cubero, responsable de la investigación, destaca la perspectiva preventiva del estudio: “Somos los primeros a nivel mundial que hemos optado por poner la mirada en las etapas iniciales de consumo antes de que se desarrolle la adicción”, precisa a la Fundación Descubre.


Los expertos intentan hacer un abordaje temprano de la adicción y prevenirla, a través de controlar los episodios previos de ingesta por atracón, a través de herramientas puramente psicológicas, como alternativa a las terapias farmacológicas. Buscan comprobar si un cambio positivo en el ambiente que rodea al ser humano reduce, evita o previene estos episodios, tanto de azúcar como de alcohol, sin tener que recurrir a los medicamentos.


Este enriquecimiento del entorno se realizaría desde diferentes puntos de vista: sensorial, motor o cognitivo. Pretenden así dotar de respuestas científicas, basadas en la comprensión del cerebro y la conducta, para que el psicólogo pueda ser contundente a la hora de desarrollar las terapias de intervención para prevenir la adicción.


La línea de investigación se centra en responder a la pregunta de por qué los humanos tenemos una tendencia a consumir comida por impulsos y de forma compulsiva, en concreto, de sustancias dulces o que lleven azúcares añadidos, así como drogas como el alcohol, y que podría derivar en una adicción. “Existe un síndrome de adicción a comida que se manifiesta en la incapacidad para controlar y regular su consumo y que puede desembocar en obesidad”, afirma Cubero. Este momento se considera una primera fase de alta vulnerabilidad, que si continúa de forma cronificada en el tiempo, existe un alto porcentaje de la población que acabarán desarrollando las adicciones propiamente dichas.

 

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Ejercicio físico. Foto: F. Descubre.

 

Los resultados de esta investigación se recogen en el artículo ‘Environmental Enrichment During Adulthood Reduces Sucrose Binge-Like Intake in a High Drinking in the Dark Phenotype (HD) in C57BL/6J Mice’, publicado en la revista Frontiers in Behavioral Neuroscience y en ‘Protective and therapeutic benefits of environmental enrichment on binge-like sucrose intake in C57BL/6J mice’, publicado en la revista Appetite.


Los investigadores han acometido las pruebas en distintas subpoblaciones de ratones, caracterizando la ingesta de sacarosa que replica, a escala animal, lo que les ocurre a las personas.


Entre los principales hallazgos se constató que, cuando los ratones adultos expuestos a un consumo de sacarosa en oscuridad a largo plazo, disfrutaron de condiciones de enriquecimiento ambiental, se observó una reducción inmediata de consumo de sacarosa. En estos lugares, los ratones podían realizar ejercicio físico, juegos y convivían en grupo. Según los científicos de la UAL, la exposición a estos espacios genera un efecto terapéutico y las conclusiones de este estudio son extrapolables a los seres humanos.


Según Inmaculada Cubero, comenzar a estudiar este fenómeno episódico puede ser la antesala de poder comprender por qué se desarrollan posteriormente las adicciones, tanto a alimentos dulces como a alcohol. El objetivo es poder abortar el consumo repetitivo de comidas y drogas y prevenir, más que curar, el fenómeno de la adicción a éstas.


El alcohol y las sustancias azucaradas producen unos fenómenos neuronales o nerviosos comunes. «Existen paralelismos que son absolutamente completos. Hay muchos sistemas y mecanismos cerebrales que se comparten para que finalmente una persona desarrolle una adicción a comida o a alcohol», asegura la doctora Cubero.


El momento más crítico es la adolescencia. “Cuando somos adultos jóvenes ahí es donde está el alto riesgo de ser expuesto a la posibilidad de, libremente, elegir los consumos excesivos”, apunta la catedrática de la UAL.


Este proyecto de la Universidad de Almería liderado por Inmaculada Cubero forma parte del Plan Nacional de Investigación, financiado por el Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades, Fondos FEDER y cuenta con la participación de la Consejería de Economía, Conocimiento, Empresas y Universidad de la Junta de Andalucía. (Fuente: F. Descubre / DICYT)

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